- VIII -

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El auditorio de la escuela se encontraba a medio llenar; por más de los esfuerzos de Lorgia por tener quienes le animaran como una porra no habían sido del todo exitosos, sin embargo la cantidad de alumnos en el recinto eran mayores a lo visto en ocasiones anteriores; en eso Lorgia no había fallado.

La media luz en las filas para los asientos de los asistentes contrastaba a la fuerte iluminación para los que se encontraban en el escenario.

Con la frente en alto, Remy y Lorgia dirigían su atención al estrado; deseando saber quién avanzaría a la siguiente ronda del Concurso de Literatura; quien sería el vencedor y quién sería el perdedor.

El temor y la incertidumbre estuvieron presentes en la mente de Remy; aquel día iba vestido con una camisa azul clara y pantalón gris formal, claro en contra de su voluntad, pero Michelle insistió que debía darle seriedad aún en contra de sus hábitos de vestido. Usualmente Remy vestiría sus jeans, tenis, playera de color oscuro y no pondría mucho interés en su cabello negro; pero hoy era un día especial.

Estar de pie frente a los jueces era un suceso agonizante; cada uno de ellos dedico unas palabras a modo de crítica o análisis para ambos concursantes; todas cripticas buscando no arruinar el anuncio del director con el ganador.

Mientras escuchaban, Lorgia desvió por un instante la mirada hacía Remy, una mirada indiferente pero penetrante misma que él inmediatamente sintió y así mirándose mutuamente, se cruzaron las armas de estos adversarios; si bien no odiados a muerte, sí divididos por la forma de pensar de cada uno; mientras que uno había vagado por el país de la desesperación y había estado recluido en su soledad viviendo un drama en su vida; la otra vivía en la senda del éxito caminando por el país de la fecundidad académica y social.

A unos metros de Remy, la rubia también lanzaba una mirada a Lorgia; ella se había ataviado de un vestido hasta el cuello de color lavanda y una chaqueta blanca; no iba a dejar que su novio fuera menos presentable que ella en este importante hito de su vida. Mirando a los fríos ojos aceitunados de Lorgia que se miraba cual escultura tallada en mármol, cruzaron enemistad aparentemente jurada.

Sus ideales eran diferentes, mucho; y eso sería la divergencia entre ganar o perder, solo eso.

La cara de ambos tomó una expresión distinta cuando el director agradeció al tercer y último juez; era el momento esperado; de anunciarse el ganador del concurso de literatura... La agonía, la esperanza y la adrenalina saltaron a las venas de cada uno, al escuchar esa frase; pues sabían que ahí se decidiría el camino del esfuerzo de cada uno.

"Y EL GANADOR ES..."

Dos días antes...

En un trozo de papel de libreta de espiral lo había escrito. Un lugar y una hora. Una cita. El papel lo dobló una y otra vez hasta hacerlo diminuto. Y así de mano en mano pasó hasta llegar a ella. La chica orgullosa y pomposamente llamada "la mejor" de la escuela, Lorgia.

Recibe el trozo de papel doblado sin siquiera mirar quien se lo tendió. Lo desdobla hasta hacer visible el mensaje, solo baja la mirada unos instantes para leer y vuelve a poner su vista al frente para continuar poniendo atención a la clase.

Termina la clase. Todos toman sus cosas para salir de salón, el cual suena mudo y con accidental eco cuando cierra su bolsa negra con un elegante broche metálico, concentrada en eso último, alza la cabeza, con elegancia y con la mano izquierda descubre su rostro del mechón de cabello castaño claro que le obstruía la vista momentáneamente; sus ojos gélidos se concentran en buscar quien sigue en el aula. Ha sido la última clase del día. Monta sobre su hombro izquierdo su bolsa, con un ademan delicado y su barbilla se eleva para ponerse en marcha, Lorgia con esa mirada nota que tiene a Michelle esperando a un lado de la puerta poder verla a los ojos, ambas saben de qué se trata, solo ellas. Ambas parten a casa.

Promesas RotasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora