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Observé la librería varios minutos mientras una vocecita en mi cabeza me decía que no era muy correcto lo que estaba a punto de hacer. Solo que en verdad quería hacerlo, deseaba asegurarme de que la señorita Lena estuviera bien y eso, no tenía nada malo.

Suspiré y terminé mi café de una vez, me repetí las mismas palabras para darme ánimos y caminé hacia el lugar, ingresé lo más tranquila que pude.

-Bienvenida a... -escuché decir desde mi derecha.

Rápidamente me giré para ver a la mujer a un lado, tras un mostrador.

- ¡Usted! -dijo ella y me sonrió.

Observé casi sorprendida su sonrisa, en esta ocasión su cabello no estaba suelto sino amarrado en una elegante trenza que caía sobre su hombro.

-Hola -contesté luego de un segundo y le devolví la sonrisa, me detuve cerca de ella.

- ¿Hay algún problema? -preguntó Lena enseguida.

Negué con mi cabeza.

-No, ninguno -aseguré-, solo deseaba saber si estaba todo bien por aquí.

Ella alzó una ceja un segundo antes de volver a sonreír, me mató. La vi cerrar el libro que había estado leyendo y quitarse sus gafas.

-Sí, aquí siempre está tranquilo, a pesar de lo que sucedió ayer esta calle es muy despejada.- Asentí y observé alrededor, no había nadie en el lugar.

-Espero no interrumpir nada -comenté, al oírla reír la miré enseguida.

-Nada que no pueda dejar para después-. Apuntó el libro en el mostrador.

Nos quedamos en silencio unos segundos. Me sentí levemente nerviosa al sentir su mirada sobre mí.

- ¿Cómo están sus manos? -ella las observó.

-Bien, se curaran rápidamente, solo fueron unas raspaduras.

Sin pensar en lo que hacía tomé ambas manos y observé las suaves líneas rosas en ella, arrugué mí frente al ver su piel lesionada. Luego, al percatarme de lo que había hecho la solté enseguida y observé su rostro.

-Lo siento -dije enseguida.

Ella solo entrecerró los ojos y luego se encogió de hombros. Volví a mirar alrededor sin saber que decir, debí haber planeado algo más que un ¿se encuentra bien?

- ¿Y cómo va el negocio?

Ella suspiró.

-Bien, se mantiene-. Me moví por el lugar, observando los títulos de los libros, tenía la extraña sensación de que no me perdía de vista-. No es para volverse rico pero alcanza para pagar todas las cuentas.

Asentí y me detuve para observar el título de un libro. Arrugué mi frente.

-Le interesan las novelas eróticas -comentó ella desde mi derecha.

La miré sorprendida enseguida ya que ni siquiera la había oído acercarse. Al ver que ella observaba el mismo libro me limpié la garganta.

-El nombre es... -no supe cómo describirlo.

-Explicito -ayudó ella, asintió enseguida.

-Si -murmuré. Luego suspiré y observé el reloj en mi muñeca, ya era hora de que regresara a trabajar.

-Por cierto -dijo ella, la miré.

Lena regresó tras el mostrador y volvió a ponerse sus gafas, la observé.

-No le agradecí por su ayuda.

Negué con mi cabeza.

-No es necesario...

-Gracias -me interrumpió, sonreí.

-De nada -caminé hasta la puerta y me detuve para decirle

-si pasa algo no dude en llamarme.

-Lo haré -aseguró Lena-tengo su número.

Arrugué mi frente.

-¿Tiene mi número?

Ella sonrió suavemente.

-¿No es el mismo que todo el mundo conoce?

Al caer en cuenta sonreí y negué levemente divertida.

-Cierto -abrí la puerta-. Un gusto volver a verla señorita Lena.

-El gusto es mío señora... -ella me observó esperando.

-Kara Danvers.

Lena asintió.

-Señora Danvers.

La observé fijamente unos segundos antes de salir.

Ya afuera suspiré. Ya había hablado con ella, esperaba que con esto Lena Luthor saliera de mi cabeza. La mujer estaba bien, más que bien, y lo había comprobado, no tenía por qué seguir tan interesada.

Your's; Supercorp Donde viven las historias. Descúbrelo ahora