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Estaba duchándome cuando la sentí llegar cerca. Había pasado una noche inquieta y apenas había logrado dormir. Se suponía que ese día iba a conocer a la Lena de verdad.

Al verla detrás de mí, observándome fijamente me pregunté si había roto una regla al levantarme sin su permiso. ¿Lo tenía o no permitido? El fin de semana yo le pertenecía completamente, por eso mismo no podía hacer y deshacer a mi antojo. Casi sonreí al pensar así, la idea era divertida pero también perturbadora, y a la vez que excitante. No tener idea de lo que podía pasar me tenía ansiosa.

—No necesitas de mi permiso para ir al baño o algo por el estilo —soltó Lena, la miré sorprendida.

—¿Cómo sabes... —ella levantó la mano y me callé enseguida.

—Esto ha comenzado así que voy a decirte mis reglas, tú me dirás si las aceptas o no. —Me giré y cerré la llave de la ducha.

—Por todo este fin de semana me obedecerás —continuó y esperé—, permanecerás mirando el piso a menos que yo te permita verme directamente, no hablarás a menos que te pregunte algo o lo apruebe, no me tocarás si no te lo ordeno, no te correrás si yo no lo deseo.

Ella se calló y la miré, parecía estar observando mi rostro intensamente.

—Harás lo que yo te diga cuando lo diga, si dudas te castigaré —ella tomó entre sus dedos un mechón de su cabello como si nada—. Dime tu palabra de seguridad.

—Rojo.

Lena asintió.

—Si quieres que me detenga dila—. La expresión de su rostro se suavizó—. No me molestaré si lo haces Kara, eso me permitirá conocerte mejor.

—Lo sé y entiendo, te lo aseguro.

—Entonces comenzamos.

Sonreí al ver la suave sonrisa. —Si —murmuré —comencemos.

Vi a Lena acariciar su labio inferior con su lengua, mirándome de pies a cabeza como si nada. Cuando noté que sus ojos se detenían en mi miembro, esta comenzó a crecer hasta alcanzar toda su dureza. Lo tomé con una de sus manos para acariciarme.

—Detente —gruñó ella, me congelé y la observé a la cara. Luego recordé que se supone no podía hacerlo así que miré el piso, sin moverme.

Lena llegó a mi lado, tomó mi mano y la alejó de mi sexo. Ella acaricio la palma de mi mano con la punta de sus dedos.

—Te tocaste sin mi permiso —habló con calma, tocó mi dedo índice —y me miraste sin que te lo permitiera —luego mi dedo anular—. Has roto mis reglas dos veces, no lo olvides cuando te castigue por eso.

Me estremecí al oírla. Quise preguntar qué castigo me daría pero cerré la boca a tiempo.

—Termina tu ducha, te espero para desayunar—. Con eso me dejo sola.

Suspiré y cerré los ojos. Un fin de semana, me recordé, solo eso. Lo mío duraba lo mismo que el sexo, y un poco más. Ahora sabría qué tan sumisa era.

Cuando llegué al comedor me detuve un segundo y miré el piso.

—Siéntate y desayuna conmigo —lo hice —puedes mirarme y hablarme mientras comemos.

Lo hice y la observé unos segundos.

—¿Qué? —dijo Lena, me sirvió jugo y luego a sí misma.

—Tu familia tiene dinero—. Me sentí torpe al decirlo, eso bastante obvio.

—Sí, provengo de una familia con dinero, pero he hecho mi propio camino—. Se encogió de hombros.

—Háblame de tu familia.

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