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Tomé la mano de Lena y la empujé divertida hacia mi pecho. Luego de ver la película decidimos ir a comer cerca del cine. Estábamos esperando nuestro turno por una mesa cuando ella se tensó entre mis brazos.

-¿Qué pasa? -pregunte.

Seguí la dirección de su mirada y arrugue mi frente al ver a un hombre al otro lado de la calle, que también la observaba.

Este me miró y dio un paso hacia atrás. Tomó la capucha de su chaqueta y se la puso. Con eso lo reconocí enseguida, era el mismo hombre de la otra vez, el que me vigilaba.

Lena salió de entre mis brazos y dio un paso hacia el extraño, solo que este se alejó rápidamente.

Ella comenzó a seguirlo, y yo a ella, hasta que tuvimos que correr.

-Lena -la llamé, ella no se detuvo. Solo corrió tras él otro hombre.

Maldije y aumente la velocidad. Justo cuando el hombre bajaba las escaleras para llegar al metro yo la agarré de un brazo.

-Espera-. Ella siguió observando hacia la entrada al metro -Lena -la llamé y sacudí suavemente.

Ella me observó luego de un segundo.

-¿Qué haces?, ¿qué está pasando? -Lena miró alrededor.

-No aquí -soltó.

Asentí. Cuando por fin llegamos a mi departamento yo estaba más que tensa, mi estómago tenía un inmenso nudo que no quería desaparecer.

Ambas nos detuvimos en la sala. La vi caminar por el lugar de un lado a otro.

-¿Qué está pasando? -ella no me miró-. Lena-dije levemente molesta, esto no me gustaba nada.

Ella me observó luego de un segundo.

-¿Quién es él?, ¿de dónde lo conoces? -observó el piso antes de suspirar y dejarse caer en el sofá.

-Él es Sam-le oí decir, esperé y luego de un minuto ella agregó -es... fue el sumiso que tuve antes que tú.

Abrí mi boca sorprendida enseguida y me dejé caer a su lado.

-Ese hombre -murmuré y miré hacia el frente sin poder creerlo. Ese hombre fue su sumiso anterior.

Pero si el hombre era muy diferente a mi. Calvo, de tez Blanca, ojos claros, alto, robusto, el tipo parecía un modelo, y fue su sumiso anterior.

No lo podía creer.

-No entiendo -dije luego de unos segundos-. ¿Qué hace siguiéndonos, siguiéndome?

La miré.

-¿Te ha seguido?-. Ella arrugó su frente.

-Hace días lo vi de pie frente a este edificio, vigilándome, lo vi la otra vez en el restaurant y ahora. ¿Qué está haciendo Lena?, pensé que estaba bajo tratamiento psicológico.

-Lo está, se supone -ella pasó la mano por su cuello-, solo que no entiendo qué está pasando.

Ella se puso de pie y tomó su celular. La vi hablar por teléfono varios minutos, seria y molesta. Pidió explicaciones sobre porque el tal Sam estaba en la calle. Cuando soltó una maldición me puso de pie.

-¿Cómo es que no me informaron de esto? -gruñó-, se supone que todo lo referente a él se me debe informar, por algo estoy pagando su tratamiento -ella me miró-, ¿desde cuándo?, necesito hablar con su psiquiatra -arrugó su frente -no, ahora, llámelo y dígale que me llamé, es urgente.
-Colgó.

-¿Qué pasa?

-Al parecer tiene permiso para salir del centro algunas horas a la semana.

-Ya sabemos para que las está usando.

Ella solo negó con su cabeza y pasó ambas manos por su rostro una vez.

-Calma -la atraje hacia mí, la abracé y deposité un beso sobre su cabello, -estarás bien.

-No soy yo, quien me preocupa.

Acaricie su espalda.

-He recibido reportes de sus mejorías por meses, se supone que ya estaba bien, que si seguía así en un par de semanas podría irse del centro de cuidados y hacer lo que desee, jamás imaginé que fuera capaz de buscarme.

-¿Tienes miedo de él?-. Ella negó con su cabeza y me miró.

-Solo me siento culpable.

-Pero no puedes sentirte así por siempre, ya lo ayudaste, no puedes hacer más por él-. Ella asintió y cerró los ojos, apoyó su frente en mi pecho.

-Lo sé.

-Pero eso no quita que te preocupes.

-Sí, no lo hace.

La abracé unos segundos. Cuando su teléfono sonó Lena se alejó para contestar. La observé unos segundos antes de preparar café. Ella llegó a la cocina cinco minutos después.

-¿Qué te dijeron?

-Lo mismo, Sam tenía autorización para salir, ya no más -la miré-. Su psiquiatra me informó que se suponía él no debía acercarse a mí por ahora, no por lo menos hasta que lo autorizaran.

-¿Por qué?

Le serví café.

-Me dijo que había pensado en llamarme para concertar una cita, para hacer algún tipo de cierre a la relación que tuvimos.

-Como un examen final -ella arrugó su frente-, si él hubiera podido hablar contigo tranquilamente significaría que ya está bien.

Asintió y bebió café.

-Cierto, como un examen final.

La observé y llegue a su lado, me agaché para estar frente a frente.

-Cambiemos de tema, ya que ahora se quién es, estaré más al pendiente. Si vuelvo a verlo te informaré para que se lo digas a su psiquiatra.

-Gracias-. Sonreí.

-Entonces, ya que hemos aclarado ese tema debo decirte que aún no satisfaces mi curiosidad - me levanté y regresé a la silla.

-Sobre qué en específico.

-Sobre el club.

Ella rio suavemente.

-Sí que sabes cambiar de tema -me encogí de hombros -y eso está resuelto. Mañana en la noche vamos a ir.










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