Nuevo Comienzo - 3

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Cale había llegado al quinto piso, seguido de cerca por Ron y Beacrox. Su mente era un enredo de pensamientos, un laberinto complicado al que no encontraba salida. ¿Cómo iba a explicar lo ocurrido? Apenas entró en la habitación, Ron cerró la puerta tras ellos, y el silencio que cayó fue tan pesado que parecía oprimir el aire. Ambas miradas se posaron de inmediato en su espalda.

—...Joven maestro.

La voz amable de Ron rompió el silencio, pero Cale pudo sentir la atmósfera helada que lo envolvía. Se giró lentamente y un escalofrío recorrió su cuerpo al encontrarse con las expresiones frías de Ron y Beacrox.

—Aaah... supongo que tengo que dar una explicación.

Ambos lo observaban con ojos inquebrantables, sin pestañear, como si esperaran arrancarle la verdad a la fuerza. Cale, incómodo bajo aquella presión, se dejó caer en uno de los sofás. Con un gesto de la mano los invitó a sentarse, aunque su voz interior titubeaba.

¿Debería contarles todo? ¿Incluso lo de los experimentos? No... no, no todavía.

Negó para sí mismo, ahogando ese impulso. No era momento. Tenía que ser claro y directo, nada de rodeos.

Cuando Ron y Beacrox ocuparon asiento, sin apartar de él aquellas miradas firmes, Cale respiró hondo.

—Bien... fui secuestrado por esa organización y... convertido en un dragón.

El silencio se prolongó. Esperaba, casi con ansiedad, una reacción, un cambio en sus rostros. Pero nada, seguían tan imperturbables como antes.

¿No fui lo suficientemente claro?

Ron entrecerró los ojos, recordando las palabras de los lobos, aquel “dragon-nim” con que lo habían llamado, y la imagen de las pupilas de Cale tornándose reptilianas.

—¿Está diciendo... que es un dragón?

El tono fue bajo, pero cargado de peso.

—¡Oh! —Cale soltó un pequeño grito, sorprendido de que la idea no hubiera quedado clara. Quizá sería mejor mostrarlo directamente.

Sus pupilas redondeadas se afilaron como cuchillas, un humo rojizo brotó de su cuerpo hasta cubrirlo por completo. En cuestión de segundos, su silueta humana se disolvió, dando paso a un pequeño dragón de un rojo sangre intenso, apenas de un metro de largo, pero que irradiaba una presencia desbordante.

—Soy un gran dragón rojo.

Infló el pecho con orgullo, su instinto rugía dentro de él: en ese instante era el ser más imponente de la habitación. Las pupilas de Ron y Beacrox temblaron con un reflejo involuntario.

¿Qué tuvo que pasar para que el cachorro llegara a convertirse en esto...? pensó Ron en silencio, observando al dragón que sonreía con altivez. Decidió que la conversación debía terminar allí. Parecía que Cale también lo deseaba.

—Entiendo, joven maestro.

Beacrox tragó saliva. Aún no asimilaba del todo lo que veía, pero se tranquilizó al notar la serenidad de su padre.

Cale sonrió alegremente. El humo volvió a envolverlo hasta devolverle su forma humana.

—Ron, es tarde... ¿no deberían regresar a la finca?

El hombre mayor esbozó una sonrisa benigna, tan serena que hizo que Cale se estremeciera aún más que antes.

—Joven maestro, hemos renunciado a la finca Henituse.

—¿Eh? —la confusión nubló sus facciones—. ¿Renunciaron...?

—Así es, joven maestro-nim.

Cale frunció el ceño, el corazón le pesaba.

a hidden empireDonde viven las historias. Descúbrelo ahora