Desconocido - 2

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—¡Dragón rojo!

La voz emocionada de Raon resonó cerca de su oído.

—¿Qué? —respondió Cale con desinterés, sus ojos clavados en el puerto del Reino Whipper, cada vez más cercano.

—¡Ya estamos llegando! —exclamó el pequeño dragón negro, agitando sus alas con entusiasmo.

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Cale ensanchó su sonrisa, recordando lo sucedido la noche anterior. El olor del mar, salado y penetrante, impregnaba el aire con fuerza. La brisa nocturna traía consigo la frescura del océano, y sobre la cubierta, un pequeño y hermoso dragón negro volaba en círculos alrededor de él.

—¡Dragón rojo! ¡Esta noche es brillante! —exclamó Raon con alegría, sus ojos resplandeciendo como dos gemas mientras contemplaba el mar iluminado por la luna y las estrellas.

Cale le acarició suavemente la cabeza, en silencioso acuerdo.

Fue entonces cuando Rosalyn se acercó con pasos cautelosos. Había pasado gran parte del tiempo en la aldea subterránea, y nunca había tenido demasiada oportunidad de acercarse a Cale. Los lobos adultos y ancianos lo protegían con celo, e incluso Choi Han "a quien siempre había visto como alguien amable" rara vez se apartaba de su lado. Apenas habían intercambiado unas pocas palabras, lo que solo aumentaba su curiosidad. Después de todo, Rosalyn no había olvidado la fuerza abrumadora de la magia que Cale mostró durante el incidente en la plaza terrorista. Esa visión aún la perseguía, y la había dejado con más preguntas que respuestas.

—Joven maestro Cale… —dijo finalmente, con una sonrisa respetuosa.

Cale levantó la vista hacia ella. Sus ojos se encontraron y él, con una serenidad casi natural, le devolvió la sonrisa. Rosalyn avanzó unos pasos más, posando la mirada en el pequeño dragón que jugueteaba a pocos metros.

—Cuando vayamos al Reino Whipper, ¿estará bien? —preguntó con una mezcla de interés y preocupación, apretando con disimulo la varita que llevaba consigo.

Cale arqueó una ceja.
—Señorita Rosalyn, ¿acaso planea pelear?

Ella soltó una breve risa y, como para quitarle hierro a la situación, escondió la varita para sacar en su lugar un simple palo, agitándolo juguetonamente en el aire.
—Solo si es necesario —respondió con una chispa de orgullo en la voz.

Cale no pudo evitar sonreír.
—Es extraordinaria, señorita Rosalyn.

El halago hizo que Rosalyn sonriera más ampliamente, y se acercó un poco más, animada por esa apertura.
—Joven maestro Cale, ¿no tiene usted un laboratorio?

—¿Laboratorio? —repitió él, sorprendido.

—Sí… —insistió ella, con los ojos brillando de emoción y expectativa.

Cale bajó la vista a sus propias manos, pensativo.
—Los magos tienen laboratorios… —murmuró en su interior—. Pero para mí… la magia es natural. Tan natural como respirar, comer o dormir.

Un repentino “plaff, plaff” de alas lo sacó de sus pensamientos. Rosalyn levantó la vista, confundida, mientras Cale se acercaba a la cubierta donde Raon volaba inquieto.

El joven lord le lanzó a Rosalyn una última sonrisa, casi traviesa.
—Señorita Rosalyn, me temo que tendremos que hablar en otro momento.

Ella parpadeó, desconcertada, pero terminó por asentir.
—Humm… entiendo, joven maestro - nim. —Se dio la vuelta con elegancia, aunque no pudo ocultar un destello de frustración en sus ojos antes de alejarse.

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