Desconocido - 3

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—Toonka, despierta...

La voz de Pelia, firme pero sin perder la suavidad, acompañó las ligeras sacudidas con los que intentaba devolver la consciencia al guerrero.

Los párpados de Toonka temblaron antes de abrirse con dificultad. Lo primero que vio fue el rostro serio de Pelia inclinada sobre él, y lo segundo, más inquietante aún, fue la sonrisa amplia y radiante de Cale, que lo observaba con una calma desconcertante.

—¡La pelea! —exclamó Toonka al incorporarse bruscamente, recordando la batalla inconclusa.

—Perdiste —respondió Cale, su voz cargada de una arrogancia tan natural que parecía no admitir réplica.

El ceño de Toonka se frunció apenas, mientras que Cale mantenía esa sonrisa como si estuviera disfrutando cada instante de la incomodidad del otro.

—Apresúrate, no me gusta esperar —añadió el pelirrojo, su tono tan frío como autoritario.

Toonka clavó los ojos en él, irritado, pero lo que realmente lo incomodaba era sentir la presión invisible que provenía del grupo que acompañaba a Cale. Choi Han, Beacrox, Rosalyn y los demás estaban de pie detrás de cale, observando con atención cada uno de sus gestos.

La sonrisa de Cale se amplió aún más cuando su mirada se desvió hacia Harol. El lo miraba con una fijeza que rozaba lo insolente. Esa atención constante lo molestaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

—Un ser tan insignificante, pero con una mirada tan fija… —susurró Cale con tono helado—. No sé si es valiente… o un idiota.

Sus palabras no fueron dirigidas a nadie en específico, pero bastaron para tensar el aire. Los lobos que lo acompañaban se estremecieron de inmediato, Choi Han y Beacrox intercambiaron miradas cargadas de desagrado, mientras Rosalyn, aunque inquieta, se limitó a observar con una prudencia calculada.

Cale volvió su atención a Toonka, que seguía en el suelo.

—¿No piensas levantarte? —preguntó, con una arrogancia tan marcada que parecía un desafío.

Pelia observó la escena con el ceño ligeramente fruncido. Quería replicar, defender a Toonka, pero... Había visto antes la fuerza que Cale era capaz de desplegar. Recordaba bien el estruendo de su patada anterior, aquella que había hecho temblar el suelo como si la tierra misma hubiese sentido temor.

Toonka, lejos de intimidarse, empezó a reír con un brillo salvaje en los ojos. Lentamente se levantó, hasta quedar frente a Cale.

—¿Peleamos? —preguntó, sonriendo con ferocidad. Sus instintos le gritaban que aquel pelirrojo que tenía enfrente no era un simple mago arrogante. Ese hombre era fuerte. Peligrosamente fuerte.

Cale chasqueó la lengua con fastidio.

—Tsk.

Con un movimiento apenas perceptible de sus dedos, una ráfaga de viento invisible levantó a Toonka del suelo con violencia. El guerrero apenas tuvo tiempo de sorprenderse antes de ser impulsado hacia arriba.

Un rugido de aire partió la atmósfera y, un instante después…

¡BOOOM!

El cuerpo de Toonka fue aplastado contra el suelo con brutalidad, estrellándose justo en el mismo cráter donde antes lo había lanzado Choi Han. La tierra retumbó, el polvo se levantó en una nube espesa y el agujero se profundizó aún más, como si la tierra no pudiera soportar la fuerza que Cale había liberado.

Los presentes se tensaron al máximo, conteniendo la respiración. Nadie se atrevió a dar un paso. El silencio que siguió al impacto era tan denso que parecía asfixiante.

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