Furia - 2

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Cale permanecía inmóvil sobre la cubierta, con las piernas cruzadas sobre la escotilla de madera del barco. La respiración, entrecortada y superficial, contrastaba con la furia que emanaba de su interior. Su mana, normalmente controlado, danzaba en espirales caóticas, amenazando con desbordarse. Un par de cuernos oscuros y retorcidos, símbolos de un poder que prefería mantener oculto, se alzaban sobre su cabeza. La cola, escamosa y de un rojo intenso, golpeaba la escotilla con un ritmo impaciente, reflejo de la tormenta que se gestaba en su interior. Tras él, un grupo heterogéneo observaba con cautela: Choi Han, con su estoicismo habitual; Beacrox, con la mano instintivamente cerca de sus cuchillos; Lock, rodeado por la manada de lobos, cuyos pelajes se erizaban en señal de inquietud y Raon, el pequeño dragón negro, cuya mirada, normalmente llena de travesura, ahora reflejaba una seriedad inusual. La más afectada, sin embargo, era Rosalyn. La maga, generalmente imperturbable, no podía apartar la mirada de Cale, sintiendo la magnitud del poder que emanaba de él y temiendo las consecuencias de liberarlo.

Los lobos, con su agudo sentido, eran los más conscientes del esfuerzo que Cale estaba haciendo para contenerse. Podían oler la ira, el dolor y la determinación que lo consumían. Conocían la razón detrás de su furia. Choi Han, consciente del peligro inminente, se acercó con cautela.

—Cale-nim… —Su voz, normalmente firme, temblaba ligeramente—. Esto… esto podría ser demasiado peligroso. ¿Está seguro de que quiere involucrarse directamente? Nosotros… nosotros podemos encargarnos.

Cale permaneció en silencio, pero la cola dejó de golpear la escotilla por un instante, una sutil indicación de que estaba escuchando.

—Cale-nim, la organización… ellos son poderosos. No quiero que… —Choi Han vaciló, buscando las palabras correctas—. No quiero que se ponga en peligro.

El mana de Cale se elevó repentinamente, envolviendo a todos en una ola de energía opresiva. El aire se cargó de electricidad, y el barco crujió bajo la presión.

—Iré —dijo Cale, su voz un susurro gutural que resonó con una determinación inquebrantable. No era una pregunta, ni una declaración. Era una promesa.

Choi Han retrocedió instintivamente, reconociendo la fuerza implacable detrás de esas palabras. Sabía que era inútil intentar disuadirlo.

—Entiendo, Cale-nim.

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Apenas unas horas antes, Cale y su grupo habían llegado a la isla, encontrándose con Paseton, quien había llegado acompañado de Archi. La tensión era palpable desde el momento en que pusieron un pie en la costa.

—¿Joven maestro-nim…? —Paseton preguntó, su voz cargada de preocupación. Sus ojos, normalmente tranquilos, ahora reflejaban una profunda inquietud.

Cale ignoró su tono vacilante.

—¿No has escuchado? —Respondió con frialdad, su voz como hielo—. He dicho que me lleves a donde están luchando. No tengo tiempo para rodeos.

Su mirada, gélida y penetrante, se dirigió más allá de Paseton, hacia el horizonte. Podía sentir la batalla que se libraba no muy lejos, una vibración palpable en el aire, un eco de la destrucción que allí se encontraba.

—¡Hey, niño! ¿Qué demonios crees que estás haciendo? —Gritó Archi, su voz llena de incredulidad e indignación—. ¿Acaso planeas enfrentarte a ellos? ¡¿Sabes que la organización está involucrada?! ¡¿Estás loco?! ¿Buscas venganza? ¿Qué puede hacer alguien tan joven y débil? ¡¿Quieres morir?!

Archi no se contuvo, su frustración y miedo desbordándose en un torrente de palabras. Podía sentir la ira contenida de Cale, pero el peligro era demasiado grande. No era su momento. Tenía que protegerlo, incluso de sí mismo.

El mana de Cale estalló en una ráfaga devastadora, sacudiendo el entorno. Los árboles se inclinaron bajo la fuerza del viento invisible, y las olas se estrellaron contra la costa con una furia inusitada. Los cuernos en su cabeza se hicieron más prominentes, brillando con una luz oscura y amenazante. Su cola escamosa se agitó con una violencia incontrolable, levantando nubes de polvo y arena.

En ese instante, Raon se materializó junto a Cale, su presencia imponente y protectora. Sus ojos azules brillaron con una intensidad aterradora.

—Pequeña ballena, cuida tus palabras —advirtió Raon, su voz resonando con un poder ancestral. El aire tembló bajo su mirada, y Archi sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal.

El poder abrumador que emanaba de ambos dragones obligó a Archi a retroceder instintivamente. Sintió como si una fuerza invisible lo estuviera aplastando, recordándole su propia insignificancia.

—Ahhh… Joven maestro, por favor… entienda que es demasiado peligroso para usted —suplicó Paseton, su rostro reflejando una profunda angustia. Sus manos temblaban mientras intentaba razonar con Cale.

Cale los miró con una determinación inquebrantable. Sus ojos, normalmente llenos de astucia y calma, ahora ardían con una furia fría y calculada. Con paso firme, se acercó un poco más a ambos, reduciendo la distancia entre ellos.

—Me iré de inmediato si algo sucede. Me aseguraré de que mis aliados y yo estemos a salvo. No tienen que preocuparse —dijo Cale, su voz carente de emoción. Era una promesa, una garantía que aunque nadie creía, todos estaban seguros de que cale cumpliría su palabra.

Paseton lo observó, sabiendo que era inútil intentar detener a dos dragones y a su grupo. Comprendió que la decisión ya estaba tomada, y que nada de lo que dijera podría cambiar el curso de los acontecimientos. Con un suspiro de resignación, asintió.

—Bien —dijo Paseton, su voz derrotada—. Iré a avisarle a mi noona. Archi los guiará. Pero por favor, joven maestro, tenga cuidado.

Archi, visiblemente frustrado por la partida de Paseton, dirigió una mirada al grupo, evaluando la situación.

—No podré llevarlos a todos —dijo Archi, su voz reflejando la imposibilidad de transportar a un grupo tan numeroso.

Cale, sin inmutarse, respondió con una calma que contrastaba con la tensión del momento.

—No hay problema.

Una luz envolvió a Cale, teletransportándolo instantáneamente. Sabía que se encontraba cerca del territorio Ubarr y se materializó en la costa más cercana. Observó la multitud de barcos en construcción, destinados a convertirse en la base naval. Su mirada se detuvo en uno en particular, un barco adornado con el escudo de la tortuga dorada. Una sonrisa se dibujó en sus labios mientras se teletransportaba de regreso a su grupo, llevándose consigo el barco.

Al llegar, Cale depositó suavemente el barco en el mar.

—Suban —ordenó Cale—. Lo moveremos con magia.

La cola de Cale se balanceó de un lado a otro, reflejando su satisfacción. Su pecho se infló con orgullo ante la perspectiva de utilizar su poder.

—¡Genial! ¡Dragón rojo…! —exclamó Raon, su voz llena de entusiasmo.

—Pertenece a mi familia —corrigió Cale, su tono firme y orgulloso.

Choi Han fue el primero en avanzar, abordando el barco con su habitual determinación. Le siguieron Beacrox, Lock y la manada de lobos, cada uno moviéndose con una mezcla de cautela y anticipación. Rosalyn fue la última en subir, su mirada fija en Cale, consciente del poder que emanaba de él.

Cale subió a bordo y se sentó en la cubierta, indicándole a Archi que los guiara. El tiempo transcurrió lentamente, cada minuto pareciendo una eternidad. La impaciencia de Cale crecía con cada segundo que pasaba, su cola golpeando la cubierta con fuerza creciente, amenazando con romper la madera.

¡Plash!

En ese momento, Witrina emergió del mar, subiendo al barco con una gracia sorprendente. Sus ojos se posaron directamente en Cale, sintiendo la fluctuación de mana que emanaba de él. Con cautela, se acercó, consciente de la necesidad de moderar sus palabras.

—Joven maestro-nim… —dijo Witrina con cuidado, tratando de no exacerbar el estado de ánimo de Cale. Paseton le había advertido sobre su llegada y su estado inusual, pero nunca imaginó ver a un dragón tan joven como Cale tan enfurecido.

—¿Sucede algo, señorita Witrina? —preguntó Cale, su voz manteniendo un tono cortés, aunque tenso.

—He oído que desea participar… —Witrina vaciló, buscando las palabras adecuadas.

—¿Hay algún problema? —La cola de Cale se agitó una vez más, golpeando la cubierta con renovada fuerza, astillando la madera.

—Puede ser peligroso…

—Si no quiere que las ballenas también salgan heridas, será mejor que se apresure —respondió Cale, su voz cargada con amenaza.

Witrina, al darse cuenta de que era imposible persuadirlo, simplemente se inclinó en señal de entendimiento y regresó al mar. La espera, aunque breve, se sintió como una eternidad para Cale. Los minutos se estiraban como horas, y el temor por la seguridad de Ron lo consumía

¡Boom!

—¡Qué hermoso! ¡Tan hermoso! ¡Hay que teñir todo el océano de este hermoso color!

El océano se había transformado en un lienzo carmesí, la sangre extendiéndose como una mancha grotesca. Nadie había anticipado que se enfrentarían a oponentes tan poderosos.

Las explosiones sacudían el campo de batalla, las ballenas luchando con valentía contra las sirenas en las profundidades. Sin embargo, la amenaza adicional en la superficie complicaba aún más la situación.

—¡Hyunmin! ¿No crees que es hermoso? ¡Jajaja, tan hermoso!

Ataques implacables de aura amarilla bombardeaban el área, sin cesar.

¡Bang!

En ese instante, dos ataques de aura fueron interceptados, uno oscuro y otro mágico. Rosalyn y Choi Han habían lanzado sus defensas.

Cale, de pie en la cubierta, observaba la escena con furia contenida, reprimiendo su propia magia.

—¡Vayan! —ordenó Cale.

Choi Han fue el primero en lanzarse al ataque, su espada envuelta en un aura negra amenazante. Lo siguieron Beacrox con su imponente espada, Lock, Rosalyn y la manada de lobos, todos corriendo hacia la batalla.

—¡Dragón rojo! ¡Vamos también! —exclamó Raon, ansioso por unirse a la lucha.

—No, nosotros vamos allá —respondió Cale, su mirada fija en una de las islas. Podía sentir claramente una intensa concentración de mana muerto emanando de ese lugar.

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—Tsk! ¿Acaso no deseas vivir? —preguntó Eruhaben, su voz llena de exasperación.

—Jojo, este anciano ya vivió lo suficiente —respondió Ron, con una sonrisa serena.

—Ese niño opina lo contrario —replicó Eruhaben, refiriéndose a Cale.

—El joven maestro siempre fue impulsivo —dijo Ron, su voz teñida de cariño.

Eruhaben estudió a Ron, con el ceño ligeramente fruncido. Había comenzado a hablar para mantener su conciencia, sabiendo el intenso dolor que debía estar experimentando, exacerbado por el veneno. Sin embargo, a pesar de todo, el hombre no había mostrado ni una sola mueca de dolor.

—Ciertamente, son dos niños muy peculiares —murmuró Eruhaben, alzando la mirada. Podía ver a los lobos y a los dos niños de la tribu gato observándolo fijamente, sin parpadear. Una niebla roja serpentina se extendía bajo los pies de Eruhaben.

—Nuestro joven amo ha pasado por mucho —afirmó Ron, su voz llena de admiración.

La mirada de Eruhaben volvió a Ron. A pesar de haberle dado solo unas pocas indicaciones, Ron estaba haciendo un gran esfuerzo. Podía sentir cómo el mana muerto se abría paso lentamente en su cuerpo. Innumerables venas negras, como telarañas, aparecían gradualmente en su piel.

—Joven amo, ya es bastante peculiar que un dragón conviva con otras razas, pero dos…

—Jojo, el joven maestro siempre fue un cachorro de buen corazón —interrumpió Ron, su sonrisa persistente.

—Hablas como si lo hubieras visto nacer —comentó Eruhaben, con una pizca de curiosidad.

Eruhaben observó cómo las venas negras terminaban de asentarse en el cuerpo de Ron. Era fascinante que, a pesar de estar sufriendo un dolor tan intenso, no mostrara ningún signo de debilidad.

—Bien, espero que ese dragón rojo regrese pronto —dijo Eruhaben, su voz llena de esperanza.

Ron sonrió. El dolor en su cuerpo había disminuido considerablemente, lo que significaba que se había convertido en un nigromante.

—Tengo confianza de que el joven maestro-nim regresará pronto —afirmó Ron, su voz llena de certeza.

Eruhaben suspiró. Por supuesto que regresaría pronto. La ira de un dragón era algo a lo que temer. Volvió su vista hacia el frente, recorriendo nuevamente el lugar con su mirada. Podía observar la gran mansión en el centro, las múltiples casas pequeñas y cómo habían comenzado a expandir el lugar.

—Parece una aldea mediana —dijo sin darse cuenta. Era curioso ver cómo en la guarida de un dragón se encontraban más seres. Recordó que mientras caminaba hasta este lugar, también había visto casas en las afueras, pocas, pero aun así existían. También había sentido una fuerte parecencia de agua no muy lejos.
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Fin del capítulo ^^
Aquí les dejo un capitulo mediano jaja, el siguiente sera uno más largo! Tengame paciencia ;-;

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⏰ Última actualización: Nov 30, 2025 ⏰

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