¿Eres Un Dragón? - 1

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Raon lo miró con ojos brillantes, sus alas negras agitándose con expectación.
—¿Dragón rojo?

Cale levantó la mirada con un deje de fastidio.
—¿Qué?

El pequeño dragón negro ladeó la cabeza, su voz rebosaba de curiosidad inocente.
—Dicen que en ese lugar hay un dragón. ¿Es verdad?

Los gemelos On y Hong clavaron su atención en el pelirrojo, expectantes, mientras que Mueller, encogido en un rincón, bajó la cabeza con nerviosismo. El temblor de sus manos delataba que aquella conversación lo incomodaba.

Cale chasqueó la lengua.
—Los dragones no conceden deseos. —Su voz fue tan fría e indiferente que cortó el aire en seco.

Pero Raon no se dejó intimidar. Sus ojos redondos brillaron con determinación infantil.
—¡Vamos a ver si hay un dragón de verdad!

El pelirrojo lo miró con incredulidad.
—¿Un dragón...? ¿No somos suficiente tú y yo?

Raon infló el pecho con orgullo, pero su respuesta fue un golpe certero a la paciencia de Cale.
—Pero tú solo eres un poco fuerte.

Un suspiro profundo escapó de los labios de Cale. El joven maestro cerró los ojos con resignación, mientras el dragón negro lo observaba con insistencia, sabiendo que tarde o temprano cedería. On y Hong, con sus colas agitándose como látigos juguetones, lo miraban con ojos llenos de anticipación.

Finalmente, Cale alzó una ceja y dejó escapar un leve murmullo.
—Está bien.

La reacción fue inmediata.
—¡Sí, nya~! —exclamó On.
—¡Vamos, nya~! —chilló Hong, dando saltos de alegría.

Raon revoloteó en el aire, eufórico, mientras la sonrisa juguetona de Cale se dibujaba apenas en su rostro.

Pero Mueller, el pequeño híbrido que los acompañaba, no compartía la emoción. Temblaba con más fuerza, sus ojos clavados en Cale, recordando vívidamente esas pupilas afiladas que había visto antes, tan dracónicas como aterradoras. Cuando su mirada se desvió hacia Raon, el miedo en sus entrañas se intensificó.
—O… o… otro dragón… —susurró, con la voz quebrada.

Cale lo ignoró deliberadamente.
—Vamos a dormir. Partiremos mañana.

Raon se acomodó felizmente.
—¡Bien!

On y Hong asintieron, aún sonriendo.
—¡Sí, nya~!
—¡Entiendo, nya~!

Uno a uno, los pequeños fueron acomodándose en la cama, quedándose dormidos rápidamente. Fue entonces cuando Cale posó su mirada sobre Mueller, que seguía rígido, con el cuerpo tembloroso como una hoja en el viento.

—Tú.

Mueller casi dio un salto, volviendo el rostro con lentitud hacia el pelirrojo. Lo único que encontró fue una sonrisa serena, casi engañosamente amable.

—Ve y busca a Beacrox o a uno de los lobos adultos —ordenó Cale, señalando la salida con un simple gesto—. Diles que partiremos mañana.

El pequeño híbrido se inclinó noventa grados, con un respeto apresurado que rayaba en desesperación.
—¡Sí, señor!

Corrió hacia la salida sin mirar atrás, como si la presencia del joven maestro lo sofocara.

Cale observó en silencio a los niños, ya profundamente dormidos, y se sentó junto a ellos. La barrera que conjuró los envolvió como un manto invisible, segura y protectora. El pelirrojo dejó escapar un murmullo pensativo, casi para sí mismo.
—Mmm… pero ¿en dónde queda exactamente el Camino sin Retorno?

Su mirada se endureció. Sin hacer ruido, activó la invisibilidad y salió de la tienda. El eco lejano de risas y música lo alcanzó: la fiesta seguía en marcha, llena de alegría y desenfreno. Cale la observó apenas de reojo, sus ojos entrecerrados, midiendo cada detalle, cada sombra que se movía bajo las luces titilantes.

a hidden empireHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora