Billos miraba a Cale en completo estado de shock. Su respiración se entrecortaba, el corazón le latía con fuerza en el pecho y sus pupilas se dilataban como si hubieran visto un fantasma. La incredulidad y el desconcierto se reflejaban en su rostro redondeado, sus labios temblaban mientras trataba de asimilar lo imposible. Lentamente se llevó las manos a los ojos, frotándolos con torpeza, como si aquello fuera una ilusión. Pero cuando los volvió a abrir, allí seguía el pelirrojo, sentado frente a él, con la serenidad de quien no teme ser descubierto.
—¿Es… en verdad el joven maestro-nim…? —murmuró Billos, con un hilo de voz que parecía desmoronarse.
Cale lo observó con calma y sonrió, tomando la taza de té frente a él como un noble distinguido. Cada gesto suyo, cada movimiento calculado, irradiaba una seguridad que aplastaba. Billos, todavía incrédulo, terminó por sentarse frente a él, incapaz de apartar la mirada. Entonces, Cale apoyó la taza sobre la mesa con elegancia, como lo haría un noble habituado a la etiqueta.
—¿Te gustó mi regalo? —preguntó Cale, con una sonrisa leve.
Billos lo miró aún más desconcertado. ¿De qué estaba hablando? Su mente rebuscó entre recuerdos hasta que un pensamiento emergió, aquella nota. Un mensaje desconocido, breve, con apenas un puñado de información sobre la guerra civil. Información tan precisa que, gracias a ella, había obtenido ganancias inmensas. Sus ojos agudos se estrecharon de golpe, comprendiendo demasiado tarde.
—¿Fue… el joven maestro-nim?
La sonrisa de Cale se ensanchó apenas un poco, suficiente para que Billos sintiera un escalofrío recorriéndole la espalda.
—Parece que te ha ido bien —replicó Cale, clavando sus ojos en los suyos con intensidad.
El aire de la sala se volvió pesado. Billos, que había estado paralizado por el asombro, recuperó lentamente la compostura. Se obligó a respirar, se obligó a pensar. Frente a él no estaba un simple joven noble. Estaba alguien que jugaba un ajedrez invisible y que, con un simple movimiento, podía cambiar el destino de muchos.
—¿Acaso no piensas dejar de ser un simple bastardo? —continuó Cale con calma. Su voz no sonaba como un insulto, sino como una sentencia que desnudaba la realidad de Billos.
El rostro de billos, dueño de la casa de té se contrajo. Su silencio era espeso, y sin embargo no lograba ocultar la herida en su orgullo.
Cale dejó que el silencio se extendiera un segundo más antes de soltar una sonrisa brillante, peligrosa.
—¿Piensas seguir siendo el perro de tu casa por el resto de tu vida?
Billos se quedó inmóvil. El corazón le golpeaba el pecho con violencia. Entonces, de pronto, comenzó a reír, primero con un murmullo ronco y luego con una carcajada contenida.
—Jajajaj… El joven maestro es bastante inteligente. Pero… ¿acaso piensa regresar a la Casa Henituse?
Los ojos de Cale brillaron. Su voz fue tan firme como su sonrisa.
—Billos, desde que regresé, nunca dejé la Casa Henituse.
Esa frase golpeó a Billos con la fuerza de un trueno. Y al mirar nuevamente esa sonrisa tan tranquila en el rostro del pelirrojo, se estremeció. Recordó con claridad la primera vez que aquel joven había entrado en su tienda. Recordó los rumores, los susurros sobre un protector invisible que resguardaba la Casa Henituse y su territorio. Recordó también lo que se decía de los profesores expulsados por obra del joven maestro. Los rumores, comprendió, eran ciertos. Todos lo eran.
Los ojos agudos de Billos se clavaron en esa sonrisa, en ese aire que no podía fingirse. Allí, frente a él, estaba alguien que tejía la red del futuro.
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a hidden empire
FantasíaUn mundo alternativo en donde og cale es secuestrado después de ir con su madre a la aldea harris. . . . . Fic de la novela trash of the count's family
