¿Eres Un Dragón? - 2

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El bullicio se extendía por todo el campamento. Voces nerviosas, pasos apresurados, órdenes cortas y confusas… todo se mezclaba en un caos palpable. Guerreros corrían en distintas direcciones, los lobos aullaban impacientes y la atmósfera de celebración se había transformado en un torbellino de inquietud.

Toonka apareció entre la multitud, aún tambaleante por la bebida y con un gesto de perplejidad en el rostro.
—¿Qué pasó? —preguntó, mirando a todos lados como si la respuesta pudiera surgir de la confusión misma.

Uno de los suyos, jadeante, señaló hacia la distancia, pero fue Harol quien dio la respuesta con voz tranquila y una sonrisa inquebrantable.
—El joven maestro-nim se ha marchado.

—¿¡Se fue!? —exclamó Toonka, alzando la voz como si aquello fuera lo más inaudito del mundo. La sorpresa en su rostro se transformó en una mueca de decepción; sus hombros cayeron y soltó un gruñido, rodando los ojos con un aire infantil de frustración.

Harol lo observó con calma por un instante, como si aquel arranque no fuera más que un detalle sin importancia, antes de desviar la vista hacia el grupo que se preparaba para partir. Sus ojos se posaron en Rosalyn, la maga, que aunque mostraba confusión, mantenía su porte firme. Ya estaba lista, sus manos rodeadas de una sutil corriente de maná, como si anticipara lo peor.

—Parece que todos se disponen a marcharse… —comentó Harol con su eterna sonrisa, una serenidad inquietante que no encajaba con el clima tenso que se respiraba.

Rosalyn lo miró de reojo, con la misma sospecha que ya crecía en su pecho.
—Eso parece —respondió, seca, sin apartar su mirada de él.

El intercambio de palabras no pasó desapercibido. Harol, con sus ojos entrecerrados, no se contentó con dejarlo ahí.
—Pero… ¿no se suponía que su destino era la residencia del conde, el hogar del joven maestro? —preguntó con voz suave, como quien lanza una piedra al agua y espera ver las ondas que genera.

Rosalyn se tensó. Esa mención inesperada despertó en ella un instinto de alerta. Y no fue la única, los lobos detuvieron su andar y lo miraron con recelo, los ojos brillando como si hubieran detectado un depredador entre ellos. Incluso Choi Han, que hasta entonces había permanecido en silencio, desvió la mirada hacia Harol, su expresión impenetrable pero cargada de un filo invisible.

El aire se volvió pesado.

Choi Han caminó hasta ponerse al lado de Rosalyn. La energía oscura que lo envolvía, esa presión sofocante que parecía anunciar tormenta, se intensificó, obligando a varios guerreros cercanos a apartarse con un escalofrío. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, habló con voz clara, fuerte, para que todos escucharan.
—Noona, vamos.

Y sin esperar respuesta, echó a correr hacia el puerto, los lobos siguiéndolo con velocidad y disciplina, como una manada dispuesta a cazar.

Rosalyn, que había contenido la respiración sin darse cuenta, esbozó una leve sonrisa, casi de alivio. Beacrox pasó junto a ella, su expresión dura e implacable, asegurándose de que ninguno de los suyos quedara atrás. Llevaba consigo a Mueller, el pequeño híbrido que apenas podía sostenerse en pie, arrastrado como un prisionero tembloroso.

Antes de marcharse, Rosalyn no pudo evitar mirar de nuevo a Harol. Él se mantenía erguido, con esa sonrisa inmutable, serena y amable… pero demasiado calculada, demasiado peligrosa. La maga le devolvió una sonrisa fría, un gesto más de advertencia que de cortesía, antes de invocar su magia y desaparecer en un destello.

Harol los siguió con la mirada hasta que las luces mágicas se desvanecieron en el horizonte. Solo entonces dejó escapar un suspiro, su sonrisa intacta, como si todo se desarrollara tal como lo había esperado.

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