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Thais

Cuando salgo del baño después de vestirme con mi nuevo y súper sexy traje de baño de una pieza, sonrío, esperando ver la reacción de Aang. Es hermoso, con pequeñas aberturas del material justo en los lugares correctos, a través de las costillas y en el centro de mis pechos. Es revelador sin parecer vulgar.

Cualquiera lo suficientemente cerca podrá ver el nombre de nuestro hijo escrito en mi piel.

Me encanta.

Con la mano en el pomo de la puerta, me detengo, parpadeando ante la vista del trasero desnudo de Aang mientras se sube su traje de baño. Ni siquiera puedo llamarlo así.

Se gira y casi me trago la lengua.

La imagen me provoca una extraña sensación de calor en la boca del estómago. Pestañeo, incapaz de moverme debido a la sorpresa.

Aquella vertiginosa necesidad en mi cuerpo es algo completamente nuevo y a la vez familiar. Mis compañeros sexuales no habían sido... nada. Cuerpos sin rostro, sin nombre. Ninguno había afectado a mis emociones, mucho menos me habían proporcionado placer en el primer año.

Cuando confesé mi promiscuidad sin sentido a mi psiquiatra, esperaba que esta me censurara, pero la mujer se había limitado a asentir con la cabeza.

—Te estabas castigando a ti misma por lo qué pasó —me había dicho. —El castigo tiene que doler. Y dolía cuando tenías sexo, ¿no es así? No lo disfrutabas porque creías que merecías el dolor. Creíste que el dolor físico eliminaría el psicológico. Sin embargo, no pasó. Te sentiste más vacía, ¿verdad?

La psiquiatra estaba en lo cierto, y gracias a su ayuda había encontrado el modo de salir de aquel abismo de dolor. Nunca me había sentido tan sola ni tan desapegada como me sentía, o había sentido, mientras mantenía relaciones sexuales. Comencé a darme cuenta de que el aborto no fue mi culpa y que era algo natural. Entonces, lo único que pude hacer fue unirme a GAMMA, era lo que se sentía correcto, era lo que me hacía sentir más cerca de él. También me uní a la sede que sabía que su amigo Terrence no iba, la sede que está en Varsovia.

El entrenamiento no tenía nada de básico, era extremadamente duro, pero no imposible, siempre lleve ventaja por sobre los demás que me rodeaban, a diferencia de ellos, yo no necesitaba romperme, para volver a armarme. Ya había pasado por todo eso. Aang había sido mi destructor y mi creador.

Un alquimista de cambio.

Un destructor creativo.

Al salir de ahí, ayuda a atrapar algunos miembros de la organización de mi hermana, no había nada de generoso en tomar y secuestras niños para convertirlos en arma,¡. No se atraparon a todos, pero lo suficiente para hacer justicia.

Hable del tema con Anjoly, David, Elliot y Morgane como me recomendaron. Lloré por la pérdida. Con su apoyo, la terapia y mis ganas de seguir adelante, pude afrontar muchas más cosas. Acepté la idea de volver a la universidad después de meses de terapia. Me habían diagnosticado depresión hiperactiva y mucha ansiedad, probablemente provocadas por mi necesidad de superación. Deje a un lado a los hombres y me concentré en lo que creía importante.

Sí, en el primer año que dejé a Aang tuve mucho ligues. Pero en ningún momento había experimentado nada parecido a aquella ola de calor en mi interior al ver a Aang.

Abyss [Libro #3]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora