Aang
Mi chófer se detiene delante del hotel y me abre la puerta.
En cuanto salgo, la gente empieza a sacarme fotos con los teléfonos. Un reportero se inclina hacia mí, poniéndome una grabadora delante de la cara.
―¿Qué será lo siguiente de Briand?
Llevo toda mi vida haciendo aquello, así que me tomo tanta atención con calma. No sonrío abiertamente, pero muestro una expresión cordial. Levanto la mano a modo de saludo y continúo caminando, deshaciéndome de ellos sin parecer un capullo engreído mientras lo hago.
Paso al interior y me abrocho la pechera del traje. Varios pares de ojos se clavaron en mí de inmediato, reconociéndome al instante. La mayoría de las personas que hay aquí son aspirantes a empresarios, y hay algunos veteranos. Estrecho la mano de varios hombres y continúo avanzando con una sola persona en mente.
La ponencia principal se celebra en el salón de actos, y yo me cuelo justo mientras están terminando la presentación.
—Como propietaria principal de una de las empresas de belleza y cosmética más grandes que existen, aquí en Francia. Demos la bienvenida en el escenario a la señora Briand, Thais Delgado Briand ―el hombre aplaude antes de alejarse del estrado, cediéndole todo el escenario.
El público se une a los aplausos con fervor.
Mis ojos se desplazan por la parte baja de las escaleras hasta que la encuentro con unos tacones de aguja de trece centímetros, sube las escaleras sin sujetarse al pasamanos para mantener el equilibrio. Los músculos de los gemelos se tensan con sus movimientos, y sus piernas esbeltas y tonificadas se ven largas y exquisitas. La falda de tubo que lleva se ajusta perfectamente a su cintura, acentuando las curvas femeninas de su cuerpo.
Cuando llega a la parte superior, camina hasta el estrado y apoya las manos en la superficie. Su postura es perfecta, con los hombros hacia atrás y la cabeza bien alta. No baja la vista ni una sola vez, manteniendo la mirada fija en la multitud que tiene delante, sin miedo.
Lleva una camisa de un intenso azul marino metida por dentro de la falda. Tiene todos los botones abrochados y la tela se extiende sobre la curva de sus pechos. Lleva el cabello, una cascada de mechones oscuros, ondulado y brillante. Solo un modesto maquillaje le adorna el rostro, justo lo suficiente para resaltar sus rasgos sin sobrecargarlos.
Mis ojos recorren su cuerpo y desconecto de todas y cada una de sus palabras. Habla de sus negocios, de las dificultades que tuvo para después de heredar la empresa de los Green cuando fue presentada como la hija perdida y de su viaje hasta convertirse en una capitalista con una marca importante no solo por el renombre de la empresa sino por sus esfuerzos como nueva dueña.
Pero a mis ojos les interesa más el hueco de su garganta, aquella piel suave que es perfecta para la lengua de un hombre. En su mano izquierda brilla su anillo de boda como única joya, ya que brilla por sí sola.
Si la hubiera visto por la calle, no habría sabido que es una empresaria de éxito; porque parece una súper modelo.
Pero domina el escenario como si fuera suyo, haciendo que el público se ría unas veces y que la tomen en serio otras. Sabe perfectamente cómo captar a la audiencia, cómo lograr que sientan exactamente lo que ella quiere que sientan.
Mi pequeña pece despreocupada.
Yo estoy sentado en la última fila, observando desde una distancia prudencial, pero mis ojos están absortos en la forma en que sus caderas se balancean de lado a lado. No arrastra los pies al caminar, sino que lleva aquellos tacones como si fueran sandalias planas.
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Abyss [Libro #3]
RomanceTERCER libro de la saga «Placeres Culposos». Una mirada. Un momento. Una chica. Ella fue todo lo que necesité para perder la concentración. Thais Delgado, mi primer pecado capital. Fue el placer más culposo que pudo llegar a mi vida. Nos sedujo...
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