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Thais

—Nuestra cita nos espera —dice Aang mientras entramos al hospital.

Nuestra cita.

No suena extraño que diga eso. La forma en que se inserta en esto hace que mi estómago se agite de emoción.

Esta es nuestra primera cita con el médico como padres siendo golpeados por la realidad de que sí existe un ser maravilloso dentro de mí. Ya ha pasado un mes y medio desde que le di a Aang la noticia y está involucrado en todo.

Aang manejó el límite de velocidad exacto en el camino aquí, sí, decidió que manejar él era lo mejor, lo que me volvió un poco loca, ya que quería que condujeran con normalidad, y no solo eso: ha duplicado nuestra seguridad. Luego no me dejó salir del auto a menos que abriera la puerta, lo cual también era molesto, aunque un poco lindo.

Insistió en ayudarme a bajar y cargar mi bolso.

Tengo muchas ganas de recordarle constantemente que apenas estoy embarazada y que está siendo extremadamente paranoico, pero cada vez que abro la boca para decir algo, no puedo pronunciar las palabras. Creo que es porque estoy aliviada de que quiera ser parte de esto conmigo.

Me emociona que está tan contento por mi embarazo, jamás habíamos hablado de tener hijos. De hecho, siempre creí que Aang no es el típico hombre que se casa y tiene familia.

Y el hecho de que nos comprometemos una semana antes del embarazo e hicimos nuestros votos en aquel yate, me hace estar segura que no se va a casar conmigo solo porque voy a tener a su bebé.

Sí, hace que mi estómago se agite con seguridad.

—Puedo sentarme unos minutos hasta que me llamen. No tengo prisa.

Me lanza una mirada que dice que eso no es probable. —Oh, no. Mi mujer no va a esperar.

—Aang.

Él resopla, luego, antes de que me dé cuenta, está cruzando la habitación.

—¡Aang! —Le susurro-grito y él me ignora. —¡Aang Lucien Briand! —siseo.

Esta vez se da la vuelta, sus ojos chispeando por el uso de su segundo nombre antes de levantar la mano como si estuviera tratando de calmarme.

Se pasea hasta la recepción con la suficiente arrogancia, del tipo que no es tanto como para que parezca idiota. Apoya sus antebrazos, los antebrazos que sé que se ven increíbles, sobre el mostrador y se inclina hacia la joven enfermera sentada allí y dice su nombre.

Ella vuelve hacia la computadora, sus dedos vuelan sobre el teclado, su mouse hace clic rápidamente.

Y luego... le sonríe. —El médico te verá ahora, señor Briand.

¿En realidad? Guau este hombre es un peligro para las mujeres.

—Muchas gracias —le dice educado.

Él le envía la misma sonrisa que derrite las bragas, y apostaría cien dólares a que la silla de la chica está mojada en este momento.

Mala suerte por ella, porque ese hombre es mío.

Aang me hace señas para unirme a él.

Levanto mis cejas hacia él. —Eres incorregible, usar tu apellido para no tomar turno es un delito, ¿lo sabías?

—No tengo idea de lo que estás hablando —dice, manteniendo la puerta abierta para mí. —Ahora vamos a ver a nuestro bebé.

Nuestro bebe.

Abyss [Libro #3]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora