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Thais

Varios días más tarde o tal vez muchos meses más tarde (no sé cuántos, dejé de contarlos al estar en su brazo).

—No he tenido sexo en casi tres meses —le digo a David a través del teléfono. —No me toca, solo me habla para preguntar si estoy bien o si quiero que se encargue de los niños. Me estoy volviendo loca por abstinencia.

Amandine frunce el ceño mientras escucha mi conversación con David sobre su padre. La arrullo para que vuelva a dormir, y siento un nudo en el pecho ante la idea de que él sigue enojado conmigo.

—No seas una exagerada —se ríe David.

—Lo dice el qué pasa todos los días en la empresa de su esposa y cree que nadie se da cuenta que se están comiendo en todos los rincones oscuros del lugar.

—Nos estamos recuperando de los meses en velas.

—Yo también quiero recuperar los míos.

—¿Has pensado que no te toca porque quizá teme lastimarte después de lo qué pasó? Si yo fuera él, también tendría miedo. Deberías intentar llevarlo a la cama en vez de guardar tu enojo y fingir que no te importa.

Se ha vuelto tan difícil no saltarme encima de él cuando lo tengo a mi alrededor, fingir que yo también estoy muy enfadada con él, fingir que no extraño su contacto cuando, en realidad, su presencia despierta un oscuro y carnal deseo en mi interior.

No ayuda que no me haya follado desde unas semanas antes del nacimiento de Fionn y Amandine. Se acostó conmigo durante el embarazo y me folló con los dedos, con el pene, con la boca, pero no me ha tocado desde que nacieron mis pequeños. Al menos no sexualmente. Ni siquiera cuando la ginecóloga nos dijo hace unos días que estoy bien para tener sexo.

Supongo que todavía está preocupado por mí.  Como madre primeriza de gemelos, tuve complicaciones después del parto, los chicos nacieron después de la fecha prevista. Perdí mucha sangre y estuve en cama más tiempo del debido. Aang se enojó cuando supo que sabía de los riesgos y le oculté la verdad, aunque tenía esperanza de que todo saldría bien. Pero incluso en su enojo, todavía me acaricia desde atrás todas las noches. Me dice que vuelva a dormir cuando Fionn o Amandine se despiertan en medio de la noche. Incluso me dice que me saque un poco de leche materna para no tener que levantarme cuando tienen hambre. Dice que necesito estar fuerte para poder verlos crecer y meterse en problemas y que no podrá hacerlo sin mí.

Nunca esperé ver ese lado de Aang: ser padre. Pero ellos son la razón de descubrir esas partes que aún no había descubierto.

Y por cierto, me encanta más.

—¿Sabes qué? Tienes razón, esta noche tengo sexo siga enojado conmigo o no —digo con firmeza. —Adiós, me tengo que ir a preparar.

Cuelgo y corro a mi habitación para darme una ducha, me doy cuenta que no me he afectado ahí abajo desde que nacieron los niños, lo hago. Me tomo un par de minutos para peinarme el cabello, me pongo el camisón que a Aang le encanta —el rosa es su número uno, pero este también está en segunda posición—. Es morado, apenas me cubre el trasero y resaltan mis senos, haciéndome irresistible para él. Echo perfume en lugares indicados y luego me miro al espejo, quedando satisfecha con el proceso. Vuelvo a la habitación de los niños; porque es el primer lugar al que le gusta venir al salir del trabajo.

—Mandy —le susurro a mi chiquita, traviesa—. Mamá tiene seducir a papá por lo qué haremos un trato, si prometes quedarte dormida hasta que tengamos sexo caliente y desenfrenado, te guardaré a ti y a Fionn dos biberones, y podrán ir a ver al primo Yannick, ¿de acuerdo? —le doy un beso y luego hago lo mismo con mi pequeño.

Abyss [Libro #3]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora