Namjoon
La niña jugaba con sus muñecas y yo repasaba en mi mente lo mucho que nos ha costado llegar hasta este momento. Cómo creció tan rápido, cómo pasó de ser la niña de ocho años risueña a ser una señorita de dieciocho. Dejo que la numerología me envuelva, que las fechas se marquen en mi mente a pesar de que me duela. Ocho hermanos, siete niños cuidando de una niña de ocho. Diez años desde el accidente que acabó con la vida de nuestros padres adoptivos. Los mismos diez años lidiando con las capacidades diferentes de la niña. Un millón de sacrificios, mil obstáculos. Cero apoyo.
MiRan me ve pensativo, pero su mirada se desvía hacia otro lado. No es muy consciente de cómo nuestros padres murieron, apenas y llegó a conocerlos. Ella iba en el asiento trasero sin el cinturón y quedó gravemente herida y en coma. Puedo mentir y decir que para los chicos fue más fácil, que éramos grandes ya, pero la verdad es que igual que ahora, somos inmaduros y cobardes. SeokJin y yo, como los mayores, tuvimos que asumir gran parte de las responsabilidades. No recuerdo haber visto tíos, primos o abuelos. Estuvimos solos y tuvimos que crecer rápido, buscando fortaleza en nosotros mismos para apoyarnos.
Otra vez pensé en los diez años que pasaron desde el 27 de marzo en que MiRan llegó a nuestra familia. Sabemos que nació un día de junio (13, para ser exactos), mas lo ideal fue obviar su pasado y crear para ella una nueva vida, una vida que iniciaba ese día que cruzó a saltitos el umbral de su nuevo hogar.
Hoy llegó temprano de su escuela especial —es para niños con habilidades diferentes— y no ha hecho sino colorear, tomar leche con chocolate y jugar a lanzar sus peluches al aire para probar si vuelan, esto último idea de Taehyung. Tengo mis dudas acerca de la salud de mi hermano, quizá sea él quien tenga retraso mental y no ella.
«Me temo que MiRan no podrá progresar, su cerebro resultó irremediablemente afectado» recordé lo que dijo el neurólogo. Yo nunca pensé, ni siquiera en ese momento, en dejarla sola. Desde el primer día que la ví supe que viviría para cuidarla, es mi princesa. ¿Los chicos? Ellos tienen su peculiar forma de quererla. Esto me hizo reír y angustiarme a partes iguales, teniendo en cuenta cómo le siguen la corriente en sus juegos infantiles y cómo han empezado a dejar ir los ojos a zonas de su cuerpo que antes pasaban desapercibidas. La forma en que la acarician o de hablarle. Definitivamente me angustia pensar en cómo voy a guiarlos a todos si yo mismo me siento perdido la mayor parte del tiempo.
—¿Daddy Nam?
La niña se levantó del piso con el ceño fruncido. Estaba aburrida.
—¿Sí?
—¿JK tarda mucho en llegar?
—No, cielo, debe estar en camino.
Como sí lo hubiesen llamado, unas llaves sonaron en la puerta. Reconocí el sonido al instante, ¿quién más lleva una docena de llaves consigo?
—¡Llegué! ¿Dónde está la princesa de esta casa?
Gritó Jungkook desde la entrada mientras colgaba su chaqueta de cuero en el perchero. Otro que también había crecido rápido. Supongo que no somos niños ya, cada uno tenía su vida pero decidimos seguir en esta casa por ella.
—¡JK, JK, JK!
Ya era usual que ella saltara en brazos de Jungkook y que él jugase con su cabello. La forma en que ella sin pensarlo dos veces anudaba sus piernas alrededor de la cintura de nuestro hermano menor (con más de veinte años) era casi cómica.
—¡Hobi!
MiRan pasó a abrazar a Hoseok, juntando sus pelvis y casi que entrelazándose, como si se hubiesen separado por mucho tiempo. Me encontré analizando cada uno de los gestos que compartían, algo me hacía sentirlo distinto. Con una tensión en el aire que solo yo parecía notar. Así, también me levanté a saludar a los recién llegados.
—¿Cómo te portaste hoy, dulzura?
Le preguntó Hoseok mientras buscaba algo de comer en el refrigerador.
—¡Bien! Qué te diga Nam, soy un ángel.
Repuso orgullosa alzando la barbilla. La tenemos muy consentida.
—Me alegro mucho, mi ángel.
Percibí cierto tono que no me gustó en el apodo que usó para dirigirse a ella pero lo dejé estar. Todos la tratamos con mucho cariño. Incluso en el caso de los tres mosqueteros —Jimin, Taehyung y Jungkook— que suelen hacerle bromas algo pesadas, pero son lindos con ella a su manera. Dentro de poco, ya habían llegado los demás y estábamos como cada noche alrededor de la mesa en medio de un gran escándalo por todos hablar a la vez.
—¡Maldita sssea! ¡Foderr! ¡Puda!
Cantó la niña. Alarmado no me contuve de gritar.
—¡Kim MiRan! ¿Qué dices?
Las risas de Jungkook y Jimin me respondieron.
—¿Cuando van a entender que no pueden enseñarle groserías? Ya maduren.
Después noté como Jin y Yoongi discutían con Hoseok sobre algún tema que los tenía absortos hasta que estallaron en risas de pronto. Seguí la dirección en que miraba Jin y enfoqué a MiRan jugando con su comida y la risa cual limpia vidrios de Jin se cortó al verla sacar con los dedos los fideos del plato para metérselos a la boca.
—¡No seas animal! ¡Usa el tenedor, por Dios!
La regañó con el mismo entusiasmo que le ocasionó su propio chiste malo. Ella bajó la cabeza al plato e hizo pucheros intentando no llorar, porque así es ella. Yo la había visto más no dije algo porque sin excepción nos estábamos comportando como cerdos sin modales, ¿cómo le podría corregir yo en esa posición?
—Seokjin.
Sentencié enojado. Empujé con fuerza la silla hacia atrás y me levanté, me acerqué a él porque MiRan estaba sentada a su lado jugando con sus dedos bajo la mesa.
—¿Terminaste de comer, cariño?
Ella asintió tímidamente.
—Bien, vamos a dormir.
—Niña —carraspeó—, pequeña, lo siento...
La ubiqué cabizbaja a mi espalda para subir a su habitación.
—Te disculpas luego, bestia.
Jin suele ser impulsivo y es agotador tener que repetirle casi a diario que no la haga sentirse inferior. Es una niña genial. ¿Por qué no ve más en ella? La mayor parte del tiempo no puede ni llamarla por su nombre.
—Daddy, ¿debería pedirle disculpas a Jin?
Esperaba que dijera algo más, pero solo se removió entre el cálido edredón y la cama.
—No, cariño, él fue quién te trató mal.
Tomé asiento en el filo de la cama y le hice piojito para que se sintiera más cómoda.
—Pero, pero, yo comí como una maleducada.
Incluso memoriza sus palabras después de tantos reclamos.
—Todos lo hicimos aunque debimos dar el ejemplo, ya deja de pensar eso. Eres una muy buena chica, venga, a dormir.
—Sí, Nam.
Le di un beso de buenas noches y bajé para encontrarme con seis pares de ojos resignados, volvía la discusión eterna con ellos sobre respetarla. Estos ineptos no sabían que debían cuidarla hasta de ellos mismos.
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Sí, Oppa [Resubiendo]
FanfictionRecordemos que el hubiese no existe y lo correcto en esta familia, tampoco. -Tienes mi permiso, ahora haz lo que te digo, cariño. La inocencia en sus ojos los ponía aún más enfermos, nada importaba, su atención estaba fija en la chica que empezaba...
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