capítulo catorce

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Namjoon respiró profundo antes de sumergirse en la situación que los había reunido de una manera tan solemne en el despacho de su difunto padre, que era resguardado por los mayores, nadie entraba allí jamás para guardar respeto a su memoria. A estas alturas, todo se había perdido, cada valor; pero querían preservar el mísero vínculo existente entre ellos.

—El panorama es este —inició Yoongi—, el único que podría salvarse del infierno es Namjoon.

—Creo que no estamos aquí para crucificar a nadie, no es la solución. ¿Será llevarla a un psicólogo?

Dijo Namjoon.

—Uh, no-oh.

Negó Yoongi. Su voz inundaba los oídos de sus hermanos, como si fuera tan obvio lo que decía que ni siquiera habría por qué decirlo en primer lugar.

—Por supuesto que estamos aquí para crucificarnos a todos. Hay que soltar maldiciones de una buena vez; no pienso soportar sus berrinches por el resto de la vida. Esta es lo oportunidad para sacar toda la mierda que sentimos y cerrar el capítulo.

—Estás demente. ¿Cómo en un grupo de ayuda? ¿"Mi nombre es Hoseok y llegué a segunda base con mi hermana"? Esto es perverso.

Musitó Hoseok revelando el caos que lo abrumaba con la mirada fija en los libros de contabilidad de su padre.

—Que estemos aquí lo vuelve tétrico y repulsivo.

—Ya es tarde para arrepentirte, hermano, también te la...

—Yoongi, que seas el más desvergonzado no es un halago. Modérate.

—¿Desvergonzado, Jin? Hablan como si fueran santos y MiRan se hubiese "abusado" solita.

—Tú fuiste el único que la penetró.

Acusó Jin en respuesta.

—¡Ah!

Gimió Hoseok, mientras cernía ambas manos sobre sus orejas y la anterior declaración ardiendo en su sistema.

—Este en serio quedó traumado. Deberías llevarlo al psicólogo, Joon

Se burló Yoongi y Namjoon lo miró con gesto severo.

—Bien, bien. Me controlo. ¿En serio ninguno va a insultarse ahora que pueden? ¿En serio? ¿No? Un montón de insultos reprimidos a la una, a las dos. ¡Vendidos a estos tres imbéciles! ¡Woah!

Saltó y aplaudió, aparentemente festejando. Esa era su manera de manejar la presión que, aunque no lo admitía, lo estaba agobiando.

—¿Terminaste?

Preguntó Hoseok hastiado y Yoongi asintió.

—Bien.

Se armó de valor con afán de sincerarse, necesitaba desahogarse o terminaría loco.

—Quiero pedirles perdón, a ustedes, y espero en su momento pedírselo a MiRan. Lo que hicimos es un verdadero asco y jamás se puede repetir. Esa niña es lo más puro que existe en el planeta y nosotros no somos quien para dañarla, así que dejaremos esto atrás y no volveremos a sacar el tema.

Sus hermanos no le respondieron así que se acomodó mejor en el sillón individual que ocupaba y prosiguió:

—¿Qué más podemos hacer? Con insultarnos ahora no cambiaremos nada. Hay que seguir adelante por ella.

—Ella te necesita.

Intervino Namjoon.

—Desde que no tienes valor para hablarle ella ha estado muy triste y no hace sino preguntar por ti. Deberían pasar más tiempo juntos. Como si nada hubiese pasado.

—E–ella, ¿ella no me odia?

—No sabe que la traicionamos y que somos una basura. Solo siente que su hermano favorito no quiere hablarle y es su culpa.

—Mañana paso a buscarla para salir.

Namjoon se quedó un segundo paralizado ante la reacción de Hoseok. Éste último siempre ha sido muy alegre, pero estos días ha estado decaído, y ahora, después de decir esto, su rostro lucía tan radiante que le causaba envidia al mismísimo sol. Sin embargo, se apuró a concentrarse en lo que tenía que decir.

—No había tenido oportunidad para decirles que, a partir de mañana, empezarán los trámites para incluirla en una escuela básica.

—¿Una escuela? ¿Con chicos?

Balbuceó Yoongi sin dar crédito a lo que escuchaba.

—¿En serio lo preguntas? Qué descarado eres, enano.





Sí, Oppa [Resubiendo]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora