Mikaela vive tranquila en la hermosa new York, a sus 26 años ha hecho muchas locuras, espera ansiosa su salto a la fama junto a su orquesta de música, la cual no ha tenido mucho éxito, eso la lleva a trabajar de mesera medio turno, pero...¿que pasa...
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Al pasar el rato Alex decidió regresar a casa, le dije que lo mejor sería que regresará mañana, pero mi hermana es terca, además que cuando la acompañe a la puerta parecía estar perfecta, así que la deje tranquila
Al regresar Max y Robert estaban en la cocina, al parecer les había atacado el hambre
—¿Ya se fue tu hermana? —pregunto Robert mientras me acerca a la cocina
—sí, ya se fue, al parecer no iba tan tomada.
Mire a Max de inmediato, él estaba en su teléfono, pero lo dejo al notar mi mirada sobre él, sonrió con inocencia
—¿Todo bien, cuñada?
—nada de cuñada Max, estabas coqueteando con mi hermana descaradamente—dije cruzándome de brazos
—lo sé, es que es guapa, así que hice el intento y ella no me rechazó el coqueteo—dijo encogiéndose de hombros con tranquilidad
—Robert dile algo—exigí jalando la manga de Robert—es mi hermana, apóyame.
—pero es adulta y es soltera, perfecta para mí—añadió Max
—¡Robert!
—Robert—repitió Max
El nombrado solo suspiro y miro a Max primero
—entiende que se preocupa por su hermana.
—¡Ja! —exclame en victoria
—y tu entiende que tú hermana es mayor, puede hacer lo que quiera.
—¡Ja! —soltó Max señalándome
—pero...pero no es justo, ¡Robert!
Me cruce de brazos como una niña pequeña, Max se acercó a lo que sea que cocinaban, Robert me miraba con una ceja arqueada
—¿Estás haciendo berrinche? —pregunto con algo de burla
—¿Istis hiciendi birrinchi? —le imite
—Mikaela, ¿Por qué haces berrinche?
—porque no apoyaste mi punto.
—si lo hice, así como dejé en claro que tú hermana es mayor.
—pero...
Antes de poder decir algo más, Robert me tomo de cintura y me levanto, para luego sentarme en la isla de la cocina, me mantuve de brazos cruzados molesta, Robert puso ambos brazos a mis lados
—Mikaela, tu hermana es mayor, además Max no es tan malo, está un poco loco, pero lo normal—dijo Robert mirandome fijamente a los ojos
—ya lo sé, pero Steven...
—Steven también es un adulto, además que no puede gobernar en el corazón de tu hermana—declaro enseguida—uno mismo decide a quien amar y cuando hacerlo.