Mikaela vive tranquila en la hermosa new York, a sus 26 años ha hecho muchas locuras, espera ansiosa su salto a la fama junto a su orquesta de música, la cual no ha tenido mucho éxito, eso la lleva a trabajar de mesera medio turno, pero...¿que pasa...
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Otra vez estaba en la casa de Robert con su ropa, Alex regreso a casa una vez estuvo más tranquila, luego Robert llevo a Andrea a la cama, yo si me serví una taza de sopa, pues tenía mucha hambre
Al rato Robert entro en la cocina, igual se sirvió sopa, luego se sentó en un taburete de la isla para comer
—hoy han pasado tantas cosas—dije tomando una cucharada de sopa
—eso parece, lágrimas de emoción, una rabia—dijo encogiendose de hombros—no preguntaré que paso, además de una pequeña fiebre.
—cierto, y apenas estamos iniciando la semana.
Terminamos de comer juntos, luego ambos fuimos al salón, la verdad es que me sentía cansada, era extraño, pues creo que no había hecho mucho hoy
Robert se sentó en el sillón y yo me senté junto a él, tome su brazo y lo puse alrededor de mis hombros, me acurruque contra él como una niña, él no se molestó en separarme, así que nos quedamos así unos minutos
—hoy Sam casi se jala de los caballos con una de la orquesta—dije ante el largo silencio entre nosotros
—¿De verdad?, ¿Por qué?
—pues la estúpida nos vio a ti y a mi besándonos en el auto—dije con cierta molestia—entonces cree, que nos representas porque me acuesto contigo.
Robert rio por lo bajo, yo también me permiti reírme de eso, ahora ya me daba igual lo que dijo Claudia
—se puso como loca, entonces Sam me defendió, creeme que todos le tienen miedo a Sam cuando se molesta.
—¿De verdad?, Creo que no recuerdo la última vez que ví a Sam enfadada—dijo Robert pensativo
Gire mi rostro para verlo, de perfil el rostro de Robert era perfecto, todo tan simétrico, sus ojos azules viendo al frente, sus labios...esos que he besado tantas veces, su ligera barba, su cabello rubio
—¿Que recuerdas de esa Sam enojada? —le pregunté hipnotizada en sus ojos
—pues...recuerdo que se molestó porque le tome treinta dólares, quería ir a beber con Max y unos amigos—dijo con una sonrisa de lado—ese día no se fijó, pero en cuanto lo hizo, me tomo mi camisa favorita y la corto con furia, luego mientras dormía pego los pedazos a mi puerta.
Me reí al imaginarme la cara de maldad de Sam, la cara de horror de Robert al ver su camisa, sé que Sam es un poco rencorosa, pero no sabía que tanto así
—creo que si le hubieras pedido el dinero, te lo habría prestado—dije burlándome un poco de él
—lo sé, ella me lo dijo cuando fui a reclamarle.
—pero no lo pensaste, es muy extraño eso viniendo de ti, Robert.
Estuvimos allí unos minutos más hablando de lo rencorosa que es Sam, le conté un par de anécdotas de Alex y yo, lo normal, ambos nos quedamos en silencio cuando tocaron a la puerta