Mikaela vive tranquila en la hermosa new York, a sus 26 años ha hecho muchas locuras, espera ansiosa su salto a la fama junto a su orquesta de música, la cual no ha tenido mucho éxito, eso la lleva a trabajar de mesera medio turno, pero...¿que pasa...
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El sábado por la tarde estaba en casa de Alex, mi madre y mi hermana querían ayuda para cocinar, Andrea insistió en ir conmigo, así que ahora estábamos ambas con mi mamá y Alex
—¿Yo puedo ayudar en algo? —pregunto Andrea sentada en un taburete de la cocina
—ayudame en esto Andrea, es sencillo—dije acercándome a ella con una taza en manos
Tenía carne para hacerla bolitas, mi madre quería hacer un montón de cosas, le enseñe cuánto tomar y como hacerla redonda, luego la poníamos en un plato con harina
—espera, se va a ensuciar la ropa—dijo mi madre y salió de la cocina unos segundos
Alex y yo nos miramos extrañadas, cuando mi mamá regreso traía una camisa de Alex vieja, se la paso a Andrea por la cabeza y brazos, le quedaba grande, pero servía para que no se ensucie
Comenzamos a hacer las bolitas, estábamos completamente concentradas en nuestro trabajo, Andrea estaba muy concentrada en hacer muy bien las bolitas
Luego de hacer muchas, Alex nos cambio el plato para cocinar esas, mi hermana estaba completamente sudada por estar cerca del fuego de la cocina, yo igual sudaba solo que un poco menos
El día de las madres sería mañana, en la mañana había ido al centro comercial con Alex a comprar el regalo de mi madre, además de los regalos de mi suegra y de Larisa, le había pedido muchos consejos a Robert
Pero tenía grandes regalos, así que ahora podía estar tranquila cocinando
—Mikaela, deja que Andrea termine de hacer las bolitas, pica algunas papas por favor—dijo mi madre, que estaba usando la batidora eléctrica
Andrea estaba muy concentrada, además que estaba lejos de cualquier cosa filosa o caliente, busque las papas y regrese a su lado, aunque haga otra cosa me quedo a su lado
Robert ahora estaba en casa de su madre, supongo que también necesitan ayuda
Escuchamos golpes en la puerta, Alex fue la que salió corriendo a abrir, supongo que debe ser Max, así que nosotras seguimos haciendo nuestro trabajo
—Mikaela, es para ti.
Dijo Alex entrando a la cocina nuevamente, detrás de ella apareció Robert, al vernos allí llena de comida, abrió lo ojos con sorpresa
—¡Robert!, ¡Pero que gusto verte otra vez! —dijo mi madre soltando la batidora para ir a abrazarlo
—hola, Salma, es un gusto igual verla—dijo Robert correspondiendo el abrazo
Cuando mi madre finalmente lo soltó, se acercó a Andrea y le dio un beso en la frente, vio de reojo lo que estaba haciendo, al ver que no era nada peligroso se acercó a mí
—hola, cariño—dije a la vez que él se detenía junto a mi
—hola, amor mío—hablo dejando un cortó beso en mis labios