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"Con cien dólares y un folleto que encontró en la calle que hablaba de un pueblo llamado Hauntend Forest, una corazonada le indicó que ese sería su nuevo destino."
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Libro II de la serie amores verdad...
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¿Suya?
Ese idiota que se cree, suelto un gruñido cuando nuestra conversación se repite sin parar en mi cerebro, ya han pasado cuatro días de ese suceso y todavía sigo dándole vuelta a todo lo que dijo, hago mi ritual de respiración para calmar mi rabia, es que me dieron ganas de darle otra patada en las bolas para que deje de decir estupideces, pero fui más inteligente, lo ignoré y aplique la ley del hielo, si a Hansen lo está volviendo loco, a él que se hace llamar mi dueño, lo destruirá.
Hoy es fin de semana, el mismo fin de semana que prometí salir, desde que me levanté me ataco la ansiedad, nunca he convivido con más personas de mi edad tengo miedo de hacer el ridículo, pero tengo que aprender a vivir con eso, si la cague bien y si no tan bien, a mamá le gustaría que me divierta y a Martha también, Lindsay me dijo que hoy hay una fogata, muchos se meterán a bañar, porque el frío no le causa nada, pero que me aconseja que no lo haga.
Tampoco lo iba hacer, no tengo la autoestima que se requiere para nadar en ropa interior delante de desconocidos, así que rebusco en mi armario algo para ponerme, cuando llegue a este pueblo, Martha me compro ropa, muy bonita, pero también muy cara, todavía no sé cómo le pagaré eso, el amor y la gratitud que siento hacia ella no es lo mismo que mil dólares, aunque sé que para ella con que me sienta feliz es suficiente, ella es un verdadero ángel.
Me encuentro con un pantalón negro ajustado y busco una blusa corta rosada que sé que le pega, lo confirmo cuando me miro en el espejo con la ropa puesta, me agarro el cabello en un moño alto, busco unas sandalias bajitas para ponérmelas, mi teléfono suena, le echo un ojo, veo que es un mensaje de Lindsay, eso quiere decir que ya salió o que posiblemente este llegando, me apresuro a ponérmela para pintarme los labios con el gloss.
—Evie te busca Lindsay.
Martha grita desde la puerta, me muevo por mi habitación buscando mi bolsa, agarro un puñado de monedas, la llave de la casa y un paquete de galletas, me apresuro a llegar a la puerta, Martha me dice que me cuide y que disfrute la salida, las chicas cantan una canción cuando me subo al auto, otra vez Glenda está bebiendo y vuelve a brindarme, esta vez lo acepto, el alcohol me cae como una piedra en la boca del estómago, toso varias veces.
—Sabe demasiado a alcohol.
—Te acostumbrarás o quizás te guste la cerveza, supongo que la has probado.
—No, es mi primera vez probando cualquier tipo de alcohol.
—Hemos profanado a una virgen.
—¿Se nota mucho que soy virgen?
—No corazón, si se notará todos sabrían que lo soy, pero a nadie le debe de importar si eres o no, si alguien llega a hacerte bullying por eso, avísame, le romperé la boca.
—¿Tú por qué eres virgen?
—Me estoy guardando para mi alma gemela.
—Glenda es una romántica empedernida, aunque parezca ruda, yo la perdí hace mucho, no fue nada memorable, quizás si hubiese estado enamorada de esa persona tendría un buen recuerdo de ese momento, por eso me alegra que ustedes la van a perder por amor, no por otras razones.