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"Con cien dólares y un folleto que encontró en la calle que hablaba de un pueblo llamado Hauntend Forest, una corazonada le indicó que ese sería su nuevo destino."
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Libro II de la serie amores verdad...
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Maestra pasando lista digan: presente.
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Creo que mis palabras lo tomaron por sorpresa porque me mira anonadado.
—¿Sabes cuantas veces me he masturbado pensando que eres tú quién me tocas? —sus pupilas se vuelven más oscuras que de costumbre —. Supongo que eso no lo sabías, gemía tú nombre cada vez que alcanzaba el orgasmo y me iba a dormir pensando en ti.
No sé de dónde diablos me está saliendo esa valentía para admitir esto en voz alta, pero no me voy a callar, menos ahora que sé que mis palabras le afectan tanto, mi corazón se detiene cuando de dos zanjadas llega a mí, su mano agarra mi cuello ladeando mi cabeza, trago con fuerza humedeciéndome los labios.
Parece que desperté a la bestia.
Me gusta.
—¿Eso hacías?
—Sí.
—Enséñame como te tocabas pensando en mí.
—¿Aquí?
—Sí dulzura, justamente aquí.
Mis ojos recorren el lugar para luego detenerme en él, creo que la valentía que sentía hace un momento se está evaporando, pero antes de que la cobardía toque la puerta, doy un paso atrás cuando él agarra una de las sillas sentándose justo al frente de mí, me quito el short con cuidado y lentitud.
No sé qué me hace estremecer más si la brisa fresca o los ojos de Sébastien devorándome entera.
Cuando el short cae al suelo, él me regala una sonrisa lobuna mientras se acomoda en la silla, trago con fuerza sacándome la blusa y quedándome justo en bikini, me gusta cómo me está mirando en este momento, me da tanta satisfacción ver como se está conteniendo para no lanzarse encima de mí y dejarme continuar lo que estoy haciendo.
Agarro los hilos del traje de baño, bajándomelo con cuidado, dejándome expuesta de la cintura baja abajo, escucho como él respira con fuerza mientras yo utilizo la silla para apoyarme, se lo lanzo y le cae en la cara, me humedezco más cuándo él se lleva la braga a la nariz y lo olfatea como si su vida dependiera de eso, tengo la piel de gallina cuando su atención regresa a mí.
—Tócate dulzura.
Jadeo cuando mis dedos fríos tocan mi clítoris, Sébastien tiene sus ojos fijos en mi coño húmedo mientras me froto despacio para encontrar la fricción perfecta, masajeo mis pliegues mirándolo directamente a los ojos, pero su vista se pierde en mi centro, pellizco mi clítoris gimiendo mientras que introduzco un dedo, una bruma intensa de placer me ataca cuando empiezo con el bombardeo, mis ojos se cierran de puro placer.
Estoy tan cerca y a la misma vez tan lejos, mi piel hormiguea, mi corazón va de prisa, siento mi garganta seca, trago con fuerza mientras paso mi lengua por mis labios para humedecerlo, presiono mi índice en mi clítoris mientras que introduzco otro dedo, solo se escucha el vaivén de mis dedos chapoteando con mi excitación, con mi otra mano me pellizco mis pezones, Sébastien respira hondo haciendo que mis ojos se abran para observarlo.