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"Con cien dólares y un folleto que encontró en la calle que hablaba de un pueblo llamado Hauntend Forest, una corazonada le indicó que ese sería su nuevo destino."
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Libro II de la serie amores verdad...
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Maratón2/2
Pov. Sébastien
Sabía que algo andaba mal cuando le mande varios mensajes y no hubo respuestas, intente tranquilizarme diciéndome que quizás estaba bailando y no tenía tiempo para responderme, pero algo dentro de mí me gritaba que no, que tenía que ir a comprobar que ella estuviera bien, aunque también me decía a mí mismo que hacerlo quizás me haría ver como alguien toxico, que no la deja salir sola sin mí, si hubiese hecho caso desde el primer momento, nada de esto hubiera pasado.
Lo supe al instante de poner un pie en el lugar, todos mis sentidos se activaron, el miedo que ella estaba sintiendo, lo podía sentir yo en carne viva, cuando visualice a Liliana en la pista de baile, le pregunte por Evie y me dijo que hace media hora se había ido al baño, media hora, eso es demasiado tiempo, en media hora pueden matar a alguien y desaparecer el cuerpo, no estaba preparado para la situación que encontré en uno de esos pasillos.
En el momento en que la vi ensangrentada, tirada en el suelo, luchando por su vida mientras que ese maldito intentaba violarla, vi todo rojo, solo pensaba en aniquilarlo, despellejarlo y matarlo, con cada golpe que le di, drenaba mi sed de sangre, todavía sigo queriendo matarlo, solo porque ella me detuvo es que él respira, pero no será por mucho tiempo, le hable a papá justo en el momento en que mi dulzura se desmayó.
Ahora me muevo de manera impaciente afuera de mi habitación mientras el doctor de la manada hace su trabajo, juró que luche para que me dejarán entrar, pero no me lo permitieron, mamá está a mi lado tratando de tranquilizarme, pero no puedo, no hasta que la vea respirar con mis propios ojos, no hasta que la tenga en mis brazos sintiendo su corazón latir al compás del mío, la desesperación me está carcomiendo vivo, no puedo más.
—¿Todavía falta mucho?
—Tardará lo que tenga que tardar —mamá me observa mientras acaricia mi brazo con delicadeza —. Ella está bien, está en las mejores manos, se recuperará muy rápido, ya lo verás.
—Gracias mamá.
—Siempre mi lobito hermoso.
Papá aparece en mi campo de visión, asiente hacia mi dirección, confirmándome que tienen al malnacido en el calabozo, está noche nos turnaremos todos para torturarlo hasta su último aliento, no somos personas que van por ahí asesinando a nadie, pero cuando se meten con nuestra familia, nos convertimos en sanguinarios, no hay quienes nos detengan, todavía tengo un nudo grandísimo en la garganta y el estómago hecho mierda.
Mi mente se llena de imágenes, Eveline tirada en el suelo, llena de sangre con la camisa rota, Eveline medio muerta, Eveline sollozando, la cabeza me va a explotar, juro que si el médico no sale en los próximos cinco minutos romperé esa puerta, son las cuatro de la mañana, mis padres están en pijamas, los chicos están somnolientos esperando pacientemente información, suelto un largo suspiro cuando el doctor sale de la habitación.