☾ | Capítulo 02

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—Eveline, la mesa numero dos está vacía, podrías atenderlos, por favor mi niña

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—Eveline, la mesa numero dos está vacía, podrías atenderlos, por favor mi niña.

La señora Martha, es un ángel, no sé qué sería de mí sin ella, tengo dos meses viviendo en este pueblo, la primera semana fue un horror porque no tenía dinero, ni para rentar una habitación, ni para comer, pero ella apareció en mi vida, me llevo a su casa, me dio de comer y me acobijo, también me dio trabajo en su cafetería, me rento una habitación en su casa, ya que vive sola, aunque no quería coger el dinero, pero no me gusta abusar.

Los moteles del pueblo son súper exorbitantes, ella me conto que ha habido un aumento en todo porque los turistas vienen mucho y desvaluaron muchas cosas, por esa misma razón la cafetería es muy concurrida, aunque trabajamos más de cinco personas, no nos damos abasto y a su vez es bueno, porque la paga es generosa, me he comprado muchas cosas para mí, aunque me gustaría estudiar, pero no tengo los papeles para inscribirme.

Y me da miedo que el señor o la familia de este de conmigo para meterme presa, un escalofrío sacude mi cuerpo, he tratado de borrar ese suceso de mi mente, pero es inevitable recordarlo, trago con fuerza caminando a la mesa, hago una mueca cuando veo quienes son, pongo los ojos en blanco, preparándome mentalmente para las miradas y los comentarios de mal gusto del grupito de idiotas, ellos sonríen cuando me ven llegar.

—Buenas tardes, bienvenidos a sweet and cookies, ¿qué desean ordenar?

—A ti bañada en chocolate.

Por esta razón odio a los hombres.

—No asustes a Eveline, deja de ser tan hormonal, queremos lo mismo de siempre, gracias.

Bueno, puede que Hansen sea la excepción, me gusta mucho su sonrisa, hace que me ponga nerviosa y una manada de elefantes revoloteen mi estómago, me sonrojo cuando me mira fijamente, así que me apresuro a salir de aquí y dirigirme a la cocina, me aprendí lo que le gusta, porque siempre viene aquí, es un cliente fiel, aunque cada vez que lo veo siempre esta con su grupito de idiotas, no sé cómo él puede ser amigo de esos chicos.

Le paso la orden al cocinero, me dice que vuelva en diez minutos, todas las mesas están llenas, así que le pregunto a Martha que cual falta para ser atendida y me dirijo a ella, es una familia de tres, tomo sus pedidos para volver a la cocina, ya ahí me espera la bandeja con los batidos y las donas de la mesa dos, he adquirido un equilibrio en estas últimas semanas, antes tenía que hacer dos viajes para traer todo, ahora con una sola bandeja lo hago.

Despejan la mesa cuando me ven caminar, voy poniendo las batidas junto con las donas en cada lado, el idiota de Noel se ríe cuando nuestras manos chocan, respiro hondo antes de que mi instinto asesino salga y termine partiéndole la cabeza de un solo golpe con la bandeja, Hansen se da cuenta de por dónde van mis pensamientos quitándome la bandeja, terminando de hacer mi trabajo, me regala una linda sonrisa que ilumina su cara.

—Gracias Eveline.

—Solo hago mi trabajo.

Atiendo a más personas, los minutos pasan tan lentos, me duelen los pies, quiero llegar a mi habitación y dormirme hasta mañana, voy limpiando las mesas mientras los clientes se van, veo a los amigos de Hansen saliendo, me acerco a dónde él está para recoger la cuenta y pasársela a Martha, ella me dice que le haga el favor de sacar la basura, que si lo hago me prepara un frappuccino de caramelo, así que me apresuro para hacerlo.

Dulce Luna ✓ | 2ºHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora