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"Con cien dólares y un folleto que encontró en la calle que hablaba de un pueblo llamado Hauntend Forest, una corazonada le indicó que ese sería su nuevo destino."
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Libro II de la serie amores verdad...
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Maestra pasando lista digan: Presente.
Ok, respira hondo, camino de lado a lado en la pequeña celda, hay una gran gama de personas aquí desde borrachos hasta personas con trajes y la única con disfraz aquí soy yo, eso me hace sentir más ridícula de la cuenta.
Me quitaron mi teléfono, mis pequeñas alas se me perdieron, supongo que cuando me desmaye y el policía me cargo las alas decidieron volar, me río de mi propio pensamiento, en mi celda hay dos mujeres, un poco más mayor que yo o bueno quizás más o quizás menos, no logro distinguir sus rasgos bien por el exceso de maquillaje.
—¿Por qué estás aquí linda?
La que tiene menos maquillaje me habla cuando ve que las estoy mirando.
—El señor que me arrendaba la casa intento abusar de mí, así que me defendí y hui, pero dio con mi paradero y aquí estoy.
—Nunca entenderé porque si nos defendemos, nos meten presa, es que, si mato a mi violador, en vez de brindarme ayuda y mandarme a terapia, me envían a la cárcel, las leyes son una mierda, las mujeres siempre tendremos la de perder.
La conversación se torna acalorada cuando uno de los borrachos arremete verbalmente a la chica diciéndole que nos violan porque nos lo buscamos, a partir de ahí todo se complica porque les dice prostitutas a las mujeres que están junto a él en la celda, pero ellas le caen arriba golpeándolo sin cesar, solamente se escuchan sus gritos, los vitoreo de las demás mujeres diciendo que lo golpeen más duro, llegan varios policías a desapartarlos.
Y nos ponen a todas las mujeres juntas, aunque no quieren incluir a la mujer trans, pero una de ellas amenaza con acribillar la comisaría si dejan a su amiga con esos hombres, el policía de mala gana la suelta llevándola a nuestra celda, si antes este lugar era pequeño, ahora con tantas personas juntas, parece una caja de zapatos, aunque los cuentos que hacen me mantienen despierta, ni siquiera sé qué hora es, pero debe de estar amaneciendo.
Cuando me desmayé, me despojaron de todas mis cosas, desperté aquí en la celda, al principio estaba confundida, porque no recordaba lo que pasó, pero cuando los recuerdos llegaron a mí como una avalancha, todo mi cuerpo tembló y comencé a llorar como una desquiciada, es que estar frente a la persona que una vez intento abusar de ti, es una sensación tan horrible, me hizo sentir sucia, desdichada, manchada, a pesar de que no completó su cometido.
Y luego un policía llego hasta mí sobresaltándome.
—Tienes derecho hacer una llamada.
Eso dijo antes de abrir la puerta de la celda, me llevó arrastra hasta el lugar dónde estaban los teléfonos mientras marcaba el único número que sabía de memoria, rogaba para que Martha atendiera, no sabía cuánto tiempo duré desmayada, no tenía conocimiento sobre eso, quizás una hora o más, pero ella tenía el sueño pesado y había una alta posibilidad de que no respondiera, pero lo hizo, le conté rápidamente lo que había sucedido.