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"Con cien dólares y un folleto que encontró en la calle que hablaba de un pueblo llamado Hauntend Forest, una corazonada le indicó que ese sería su nuevo destino."
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Libro II de la serie amores verdad...
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Hoy es mi cumpleaños, mis dulces diecinueve, que no tienen nada de dulces, suelto un largo suspiro cuando llego a la entrada del cementerio, hace tres años me quedé completamente sola, hace tres años perdí a la luz de mi vida, hace tres años mamá murió, específicamente el día en que nací, el cielo esta nublado, la tierra esta humedad, parece que llovió, cuando tengo un mal día siempre vengo aquí, hablar con ella, aunque no me escucha, me hace sentir bien cuando me desahogo.
¿Cuándo dejara de doler?
—Hola mamá, otra vez estoy aquí, me haces tanta falta, pero mi consuelo es saber que dónde estás el dolor no existe —me siento en la grama y deposito las flores —, te traje flores, no son tus favoritas, es que no me alcanza el dinero para comprártelas, pero algún día las traeré, sé que sí, estoy bien, bueno eso creo, estoy muy cerca de pagar la deuda y por fin podré dejar de hacer doble turno hasta el amanecer y quizás pueda volver a la escuela.
» Aunque no sé si me acepten, pero no me preocuparé por eso en este momento, ¿Sabes mamá? A veces me siento una mala persona cuando veo a las personas sonreír, feliz, enamorada y conviviendo con sus familias o seres queridos, un horrible sentimiento me invade, siento envidia, rencor y terminó llorando, anhelando algo que nunca tendré. ¿Puedes hablar con alguien ahí arriba y decirle que me venga a buscar para estar contigo?
Al final de cuentas, nadie me extrañaría.
La brisa fría golpea mi cuerpo y me estremezco, reviso la hora en mi teléfono y me doy cuenta que voy tarde al trabajo, me despido de mamá y comienzo a correr, los pies me duelen, pero no tengo ni un centavo ni tampoco gastaría el poco dinero que guardo para tomar un taxi y llegar más rápido, me cobrarían un riñón, trabajo de noche en un pequeño bar de mala muerte y en las tardes en una cafetería, espero que las propinas sean buenas, no quiero llegar a casa con las manos vacías.
¿Casa? ¿A ese cuchitril le llamas casa?
Vivo en una caja de zapatos, es el lugar dónde vivía con mamá, no puedo mudarme, porque el dinero no me alcanza, mamá dejo una deuda, se atrasó con unos pagos, los dueños de la casa tuvieron un poco de empatía por mi situación y dejo que me quedará con la condición de que pagará la renta a tiempo, me dio un plazo justo para reunir el dineral que le debemos, el tiempo se está acabando, solo me quedan tres semanas y todavía me falta para completarlo.
Llego a la puerta trasera del lugar y me encuentro con una de mis compañeras, aquí hacemos de todo, somos parte del servicio de limpieza, también somos meseras y servimos licor en la barra cuando hay mucha clientela, nos sobreexplotan por una paga miserable, pero era el único lugar donde me dejaba trabajar siendo menor de edad, voy a mi casillero, busco una liga para agarrarme mi largo cabello en un moño alto.
—Muévete Eveline —levanto la mirada y me encuentro con Hunter, nuestro jefe —. Hay muchas personas en el bar, ponte a trabajar que no te pago para que pierdas el tiempo peinándote.