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"Con cien dólares y un folleto que encontró en la calle que hablaba de un pueblo llamado Hauntend Forest, una corazonada le indicó que ese sería su nuevo destino."
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Libro II de la serie amores verdad...
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—¿Por qué caminas así?
—¿Así como?
—Cómo si tuviste un maratón de sexo este fin de semana y todavía te duele todo.
Mis mejillas se sonrojan, ni siquiera tengo que responderle porque los ojos de Lindsay de abre con fuerza, antes de que hablé, me muevo a la mesa que tengo que atender, sé que todavía sigue observándome así que trato de mantenerme erguida, aunque es un poco difícil, han pasado varios días desde que volvimos, pero todavía puedo sentirlo dentro de mí, igual que el calor de sus manos recorriendo mi cuerpo o sus dulces caricias.
Me sonrojo sacudiendo mi cabeza para alejar esos recuerdos, la cafetería esta abarrotada, parece que todo el pueblo vino hoy por su dosis de comida dulce, todos estamos ayudando aquí tomando órdenes y también en la cocina, es caótico y súper cansoso, pero el cheque que vamos a cobrar lo compensa todo, bueno cheque no, porque Martha siempre me lo da en efectivo.
Ella sabe el miedo constante que vivo con respecto a lo que sucedió, no quiero atraer al viejo hasta aquí, no sé de lo que él sería capaz y yo tampoco, porque pude haberlo matado, pero él pudo haberme hecho algo peor, mi piel se eriza, alejo esos malos pensamientos de mí, aunque sé a ciencia cierta de que él me denunció a la policía, no sé si me buscan por intento de asesinato o por incumplimiento de contrato.
Ojalá nunca me encuentren.
Me muevo rápidamente por el pasillo llevando el pedido a la cocina mientras agarro la bandeja para llevar los postres a otra mesa, suena la campanita que avisa que llegaron nuevos clientes, veo a Liliana entrando de la mano con Hansen, sus ojos vuelan hacia mí, él frunce el ceño mirando algo en mi cuello, la marca de Sébastien, voltea la mirada cuando se da cuenta que lo estoy viendo, detrás de ellos entra Eliana con unas amigas.
Tienen suerte porque una mesa se desocupa en ese momento, veo que todas están ocupadas atendiendo otros clientes, así que me toca atenderlos a ellos, dejo los muffins en la mesa con los chocolates calientes, para dirigirme hacia la mesa dónde están, Liliana es la primera en verme, sonriéndome antes de que sus ojos se fijen en la marca, no debería de sonrojarme, pero lo hago, ya que todos saben lo que eso significa, aparte de tener el aroma de él ligado al mío.
—Así que ya te marcó, con razón ha tenido una enorme sonrisa en estos días.
Es lo primero que dice Liliana al abrir su boca, trago con fuerza sonrojándome más, pero quién me sorprende es Eliana con sus preguntas indiscretas.
—¿Y qué tal? ¿Dolió?
Abro la boca, pero la cierro de golpe, no sé cómo responder a eso.
—Esas cosas son privadas, no creo que tú quieras decirle a un desconocido algo tan importante.
—Tienes razón Hansen.
La conversación murió ahí con la intervención de Hansen, Eliana le dio la razón y fue la primera en pedir, luego le siguieron las chicas y por último la parejita, asiento tomando la orden para irme a la cocina, cruzando miradas con Lindsay sé que ella sabe lo que paso, por su enorme olfato, pero también sé que ella quiere que yo le cuente, no por presión, más bien porque yo deseé compartir algo tan personal con ella.