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"Con cien dólares y un folleto que encontró en la calle que hablaba de un pueblo llamado Hauntend Forest, una corazonada le indicó que ese sería su nuevo destino."
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Libro II de la serie amores verdad...
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Mamá me pidió que le hiciera el favor de venir a buscar a los chicos a la escuela, en un segundo, pasé de ser ayudarla en la cocina siendo plomero a chófer, pero no puedo quejarme, si mi mamá me dice que me tiré de un puente, lo haré con gusto, aunque no duraré mucho de chófer, solo serán los unos días, Alem cumplió años hace unos meses, papá le regalará un auto, así como hizo conmigo después de obtener mi licencia de conducir, pero primero lo está probando para luego dárselo, me apoyo en la capota del auto esperando que salga.
Hoy hace un calor terrible, extraños los días lluviosos o aquellos días dónde hacía mucho frío, cruzo mis brazos mirando con indiferencia a las chicas que pasan al frente de mí lanzándome miradas coquetas y besos, reviso la hora en mi reloj, antes de levantar la cabeza y ver a Adhela saliendo con un séquito de chicos siguiéndole el paso, ella parece que no se da cuenta de las miradas de ellos, respiro hondo, a papá no le gustará nada de esto.
Alguien cruza delante de ella casi chocándola, veo como su rostro cambia en cuestión de segundos, Adhela es tan letal que asusta, cierra los ojos respirando antes de seguir caminando, Alem se abre paso entre sus séquitos de seguidores, rodeándola con su brazo mientras les lanza una mirada asesina a los chicos, ella siempre será la bebé de la casa, aunque puede defenderse muy bien, hay un instinto protector que nace de nosotros hacia ella.
—Muevan esos pies que tengo cosas que hacer.
Me doy la vuelta para subirme al auto, aunque me detengo cuando el olor tan característico que desprende el cuerpo de Eveline llega a mis fosas nasales, aspiro el aire sonriendo, luego frunzo el ceño, ella en ningún momento me dijo que estaría aquí o no lo recuerdo, le lanzo una mirada a Alem, quedamos que él me iba a informar de cualquier movimiento que supiera de mi chica, pero él ni siquiera me mira, Eliana le está reclamando por algo.
Esa chica es tan molesta.
Todos nos damos cuenta de que está enamorada de Alem, aunque él no o quizás lo hace adrede para no tener que rechazarla porque sabe que nunca le corresponderá, no de la manera en la que Eliana quiere, Alem es muy dulce, así como mamá, pero con el físico de papá, aunque yo tengo la personalidad de mi papá y me parezco mucho a mi tía Daphne y Adhela es idéntica a mamá, aunque no sé sabe de quién saco ese carácter.
Mi mirada se queda fija en la hilera de autos que están en el pequeño tapón, veo a Eveline riéndose y hablando con alguien, desde aquí no logro ver quién es, pero si olerlos, nefilims, hijos de ángeles caídos con humanas, híbridos por nacimiento, fuertes por sangre y engatusadores por naturaleza, el auto avanza, deteniéndose en dónde estamos, ella comparte miradas con Adhela para luego sonreír cuando se saludan.
Aunque solo dura unos segundos, porque alguien llama su atención, saca su teléfono escribiendo algo y volver a mirar a Adhela, luego sus ojos chocan con los míos, no sé qué ve en ellos, pero la sonrisa que antes había en su rostro decae, los celos me están carcomiendo por dentro, haciendo que mi cerebro maquine ideas a cien mil por horas, se encoje de hombros, dirigiéndome una última mirada antes de que el auto salga del estacionamiento.