Angelina
Todo había estado muy tranquilo. Era obvio que no duraría tanto.
—¿Dónde te has quedado este fin de semana? Me tenías preocupadísimo. ¿Por qué no me respondiste? ¿Me estuviste ignorando?
—Te estuve ignorando a propósito.
—Dejame hablar contigo, Angie, por favor.
—No tenemos nada de qué hablar.
Ema se nos acercó con una sonrisa hipócrita. Abrazó a Zack.
—¿Quieres comer con nosotros?
—No.
—Que mala, Angie.—Comentó Ema.—Nos equivocamos, ¿y qué? Somos humanos. Sigamos siendo amigas.
—No.
—Nos pone tristes tu actitud.
Me levanté de mi lugar, incómoda. Miré hacia Zack, indignada al ver cómo se dejaba llevar por las cosas que decía Ema. Se veía super arrepentido y humillado con esta situación.
Ema, percatándose de la situación, sonrió aún más. ¿Cómo no me había dado cuenta antes de lo mala persona que era? No se había siquiera disculpado conmigo.
—Chicos.—Habló en un tono más alto, haciendo que miren hacia nosotros.—Les quiero dar unas buenas noticias.
Todos nos miraban confundidos, ya que Ema estaba tan pegada al chico que incluso sus pechos estaban sobre él. Era asqueroso y obsceno.
—Zack al fin terminó con Angie, así que ahora él será mi novio.
Ignorando todo a su alrededor, besó a Zack enfrente de todos. El ambiente se puso tenso de golpe. Habían algunos sorprendidos y otros que me miraban con lástima.
—¿Te falla, no? Me das asco, hombre.—Comentó Hank, mirando hacia Zack.—Solo un estúpido cambiaría a tremenda mujer por una cualquiera.
El chico en cuestión se soltó del agarré de Ema, quien seguía sonriente al ver todo el lío que se había mandado. Le agradaba ser el centro de atención.
Sin soportar más esta situación, sintiéndome humillada y avergonzada, me fui de la sala principal. ¿Cómo se supone que mirara a la cara a mis compañeros de trabajo luego de que presenciaran eso?
Mientras caminaba por el pasillo, con la mirada fija en el suelo, tenía un nudo en la garganta. ¡No había estado preparada mentalmente para algo así!
—Angie, espera.
Ignoré completamente a Zack, hasta que él dió un paso más largo que yo y se puso adelante mío, impidiendo mi paso.
—Angie, lo siento muchísimo. Dame una segunda oportunidad, por favor. Te amo muchísimo. Incluso desde la secundaria, siempre...
—¿¡Cómo podés decir que me amas cuando te has estado acostando todo este tiempo con mi mejor amiga!?
—Perdoname, por favor.
Solté una risa de la impotencia y la bronca que sentía, que era tanta que me molestaba el pecho.
—Nunca te voy a perdonar.
—Por favor, hazlo.
—¿Acaso no te das cuenta de lo que has hecho?—Exclamé irritada.—¡Ni siquiera hiciste algo recién para que esa enfermita no me humillara enfrente de todos! Ya dejame sola. No me hagas perder el tiempo.
Seguí caminando. El infiel me agarró de la muñeca, reteniéndome, a lo que al instante me solté de su agarre con brusquedad.
—¡No me vuelvas a tocar, Zackary!—Le grité, enojada. Mi reacción pareció ser suficiente para mantenerlo a raya, ya que no volvió a detenerme.—¡Si tan arrepentido estás, simplemente no lo hubieras hecho! Ya no hay vuelta atrás. No te daría una segunda oportunidad ni muerta.
Al parecer le quedó claro, al fin, ya que no siguió insistiendo. No podía sentir nada de lástima o empatía hacia él, por más que estaba llorando como si su vida hubiera acabado por perderme.
(...)
Al comienzo del día, no me había imaginado que terminaría pasando mi hora de descanso escondida en el estacionamiento. Pero era mucho mejor que tener que ver a mi ex novio y ex mejor amiga, junto con todas las miradas chismosas sobre mí.
Esto apestaba. Pediría un traslado de escritorio o renunciaría.
Estaba con la espalda contra una estructura del estacionamiento, sentada en el suelo y abrazando mis piernas. Me sentía muy miserable al estar lagrimeando en silencio en un lugar tan horrible e incómodo. Había sido demasiado pronto para confrontar a los dos juntos a la vez.
Me sobresalté al ver unos pies posarse enfrente mío. Rápidamente me limpié un par de lágrimas que se me habían escapado y subí la mirada. Me avergoncé al ver que se trataba de Samuel. Cuando me quise levantar de mi lugar, él me detuvo apoyando su mano en mi cabeza.
—Sigues escondiéndote cuando no te sientes bien de la misma manera en que lo hacías hace siete años.—Sonrió de lado en un intento por aliviar el ambiente, mientras se sentaba al lado mío, mirando en mi dirección.—No has cambiado nada, llorona.
—Si he cambiado.
—Ah, ¿sí? ¿Por qué te encontré en el primer intento, entonces?
—Tuviste suerte.—Le respondí, desviando la mirada apenada. No me gustaba que me vieran llorar.—¿Para qué me buscabas?
Muy pocas personas me habían visto llorando. Una de ellas era el castaño a mi lado, sí, pero eso había sido hace mucho tiempo.
—Vi lo que pasó y me pareció que necesitarías compañía.
—No me di cuenta de que estabas ahí.
—Justo estaba llegando.
—Lamento haber montado una escena así en el trabajo.—Me disculpé luego de carraspear mi garganta.
No me sentía bien pero tenía que mantener la compostura. Samuel era mi ex, mi jefe y ¡se me había confesado! Dudaba que le hiciera gracia verme mal por otro hombre y tener que consolarme.
El castaño no me respondió. Simplemente se quedó a mi lado por varios segundos, en silencio. Apoyó su mano en mi hombro con suavidad, intentando descifrar si con tal acción me podía dar un poco de consuelo. Lentamente me tomó entre sus brazos, buscando transmitirme calidez en un abrazo.
Llevé una de mis manos a su pecho, para no caerme ya que me había inclinado bastante hacia su lugar. Mi sien había quedado a la altura de sus clavículas, mientras sus manos estaban sobre mi hombro contrario al que estaba contra su cuerpo.
Mi respiración estaba chocando contra su traje debido a lo cerca que estábamos. También podía sentir su calorcito corporal y su respiración. Incluso un leve olor a perfume.
¿Por qué mi cuerpo reaccionaba a él como si no hubieran pasado siete años? Solo bastaron un par de segundos para que se me escapara un sollozo, desahogándome. Había empezado a llorar entre sus brazos, encontrando un lugar seguro en Samuel.
Toda la angustia que había sentido los últimos días, lo estaba sacando. La tristeza que me había inundado al ser traicionada por dos personas tan importantes para mí, junto con el estrés de haber pasado el fin de semana en un hotel, a solas y sin contarle a nadie lo sucedido.
Mi corazón dolía a la vez que no podía dejar de pensar en todas las cosas. Hace una semana y media, no me hubiera imaginado que terminaría en un estado tan lamentable entre los brazos de mi primer amor.
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bromas y amores dulces
RomanceDespués de siete años, Angie y Samuel se reencuentran inesperadamente y deciden hacerles bromas a sus compañeros de oficina para pasar el rato. Un primer amor, luego de tanto tiempo ¿será capaz de volver o quizás nunca había desaparecido?