24: medialunas.

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Angelina

Había pasado todo el fin de semana con Samuel; era casi imposible despegarme de él. Desde anoche estuvo en mi casa, motivo por el cual llegamos juntos al trabajo. Al final, Samuel sí le compró la docena de medialunas a Hank y ¡estaban riquísimas! Me había convidado una en el desayuno.

—El jefe está muy extraño hoy. Cuando fui a entregarle un informe, hasta lo pillé tarareando una canción del buen humor que tenía.

—Supongo que alguien tuvo mucha diversión este fin de semana.—Insinuó Meredith.—Aunque... ahora que lo pienso, Angie también está de muy buen humor.

—¿Samuel con una de sus empleadas?—Cuestionó Ema, con desagrado.—Lo dudo.

—Yo creo que harían linda pareja.—Comentó Yesi, poniéndose de mi lado.

—Encima tienen la misma edad.—Agregó Meredith.

Sonreí como una tonta. Como realmente no había ningún motivo para ocultar nuestra relación ahora que habíamos formalizado, ¿qué problema había en contar los detalles? Ninguno, mientras no comprometiera a Samuel por su posición de jefe.

—Si.—Aclaré en un tono tranquilo.—Somos pareja.

Al comienzo no me tomaron en serio, pero luego se sorprendieron y me felicitaron.

—Era muy obvio.—Dijo Hank, con una medialuna en su mano.—Ese chico se desvive por Angie desde el primer día que empezó a trabajar acá.

—¿Fue amor a primera vista?—Yesi estaba muy entusiasmada con el tema, lo que me daba ilusión a mi también.

—No, no. Fuimos novios antes de que él viajara al extranjero. Perdimos el contacto y nos volvimos a reencontrar ahora.

—¡Qué romántico! Parece algo de película.

—Es cierto. ¡Es la mejor coincidencia que me ha pasado!

—¿Y van en serio?—Preguntó Ema.

—Si, muy en serio.—Mis palabras transmitían alegría y determinación.—Estoy segura de que es el indicado, el amor de mi vida. Si no funciona nuestra relación, dejo de creer en el amor. Quiero estar el resto de mi vida a su lado, formar una familia y envejecer juntitos.

—¿Cuánto tiempo llevan?

—Tres días.

—Bueno... ¿y cómo te pidió ser su novia?—Preguntó Hank, luego de un silencio de dos segundos.

Cuando les conté (excluyendo el hecho de que él era el causante de las bromas de Hank), quedaron aún más maravilladas con lo romántico y detallista que era mi novio.

—Me parece que va a haber una boda pronto.—Comentó risueña Yesi.—Quiero ser una dama de honor. ¡Yo los presenté luego de siete años!

—Te estás adelantando mucho, llevamos tres días saliendo. ¡Pero ojalá suceda!

Los seguí poniendo al día, hasta que terminó la hora del descanso. Cuando salí de la sala, me percaté de que Zack estaba apoyado por fuera de la misma y estaba cabizbajo. No tenía ni idea de cuánto tiempo llevaba ahí, pero parecía como si su mundo se hubiera destruído. No me miró cuando salí y tampoco me dirigió la palabra; estaba zumbido en sus pensamientos.

Me dió un poco de lástima, pero luego de pensarlo un poco, llegué a la conclusión de que se lo merecía. Aunque, si no me hubiera sido infiel; el resultado hubiera sido el mismo. No me imaginaba ningún escenario en donde no estuviera con Samuel y estuviera locamente enamorada de él, así que mi relación con Zack estaba condenada a terminar de alguna manera u otra.

El resto de la jornada comí más medialunas; la docena entera era mucho para una sola persona, así que Hank estaba repartiéndolas gustoso.

Toda la semana Samuel le dió una docena por día anónimamente, como disculpa por haber recibido una multa por su broma. Así que todos los días comí muy rico mientras trabajaba y me mensajeaba con mi novio. Éramos tan cursis como cualquier relación en sus primeros meses; hasta llegábamos a dar diabetes por los apodos tan ridículamente amorosos que nos dábamos.

bromas y amores dulcesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora