Unos meses después
Angelina
Mi familia estaba contenta por mi relación con Samuel. Mi madre, como era de esperarse, lo adoraba y nos invitaba todas las semanas para visitarla. Si bien mi papá nunca me había traído problemas a la hora de estar en una relación y menos de decirme algo al respecto, podía ver en su cara el alivio y tranquilidad de que estuviera con Samuel. Mi hermano, por su lado, fue muy escéptico al comienzo. No le terminaba de convencer la idea de que en el pasado yo no había sido su primera opción, pero luego de entender que ambos éramos muy jóvenes en ese entonces como para priorizar lo nuestro, acabó felicitándome por mi noviazgo.
Ya no éramos unos adolescentes de diecinueve años. Éramos unos adultos responsables que teníamos objetivos establecidos y pensábamos en el futuro, visualizando al otro en él sin duda alguna.
La salud de la mamá de Samuel había mejorado de manera considerable. Incluso le habían dado el alta; motivo por el cuál últimamente la visitábamos muy seguido. A veces nuestras visitas coincidían con las de su hermana, quien hace poco había tenido un adorable hijo.
La madre de mi novio le dedicaba miraditas a él, insinuando sutilmente que quería verlo a él también formando una familia. Lo hacía de manera disimulada para que yo no me percatara, pero de igual manera me daba cuenta. Era algo divertido notar que nuestras madres eran iguales en ese aspecto.
Pronto iba a ser Navidad y por ende, ¡vacaciones! Como su madre ya gozaba de mejor salud, Samuel me había sugerido irnos a Inglaterra por unas semanas; todavía lo estábamos planeando. También faltaba poco para terminar el año. Estas fechas siempre me hacían reflexionar; ¿este año había valido la pena? ¿Lo disfruté? ¿Pasaron muchas cosas importantes?
Lo que me había sucedido este año había sido increíble. Sí, al comienzo pensé que sería otro hombre el que estuviera a mi lado en estos días festivos, pero era indudable lo enamorada que estaba ahora mismo de Samuel. Haberme reencontrado con él fue la coincidencia más hermosa de mi vida.
Anoche me había quedado a dormir en su casa, por lo cual desperté entre sus brazos. Todavía no había sonado la alarma para levantarnos y él seguía durmiendo, así que me encontraba disfrutando de la paz que me daba amanecer con él a mi lado. Recién empezó a removerse cuando sonó el despertador. Luego de apagarlo, acarició con delicadeza mi brazo mientras se inclinaba para darme un beso en la frente.
—Buenos días, Lina.—Su voz tan adormilada y ronca me hizo sonreír.
—Buen día.
Me senté en la cama, observando cómo estaba más dormido que despierto. Tenía los ojos semi cerrados, el pelo despeinado y el ceño algo fruncido.
Me incliné hacia él para darle un besito en la mejilla.—Voy a ir preparando el desayuno. ¿Qué quieres, café o té?
—Quiero comerte a vos.
—Pero si eso ya lo hiciste anoche, insaciable.—Comenté risueña, levantándome de la cama en busca de algo de ropa para ponerme. Encontré mi ropa interior con facilidad.—Te voy a hacer un café.
Me había puesto una remera suya y le usurpé sus pantuflas. Cuando salí del baño luego de asearme, mi novio se encontraba tapado hasta la cabeza con sus sábanas y hecho bolita. Era demasiado dormilón y le costaba arrancar el día. Muy pocas veces él se despertaba antes que yo. Lo dejé descansar un rato más, después de todo, era muy temprano todavía y sabía que tenía un día pesado en el trabajo.
Preparé algo para los dos. Luego de media hora, el dueño de casa se dignó a aparecer mientras se resfregaba los ojos.
—Me quedé dormido.
Su voz ya no estaba tan rasposa como antes.
—Te hice un cafecito, dormilón. Dejé un poco de agua caliente para que le agregues, por si se te enfriaba.
—Gracias Lina, sos la mejor.
Luego de agregarle un poco de agua caliente, se sentó en la punta de la mesa, al lado mío. Lo miraba de reojo mientras comía unas tostadas, divertida al ver cómo se quedaba mirando a la nada con su café en la mano. Aunque ya estaba levantado, todavía se le seguía "reiniciando el Windows".
Desayunamos en un silencio cómodo y con tranquilidad. Minutos después, mi pareja parecía capaz de volver a procesar información con lucidez.
—¿Haces algo esta noche?—Me preguntó.
—No.
—¿Querés ir a pasear al parque después del trabajo?
—Claro.—Sonreí.
Cuando terminamos de desayunar, nos arreglamos para ir al trabajo. Tuvo que prestarme una camisa suya, ya que la polera que había usado ayer estaba sucia. Me quedaba grande, pero luego de arremangar un poco las mangas y meterla por debajo de mi pantalón en un costado, se veía bien.
—Te ves muy tierna usando mi ropa. ¿Te lo había dicho?
—Gracias, cariñito.
Esbozó una sonrisa divertida al escucharme.
—Por nada, pastelito.
Nos dimos algunos besitos tiernos mientras tonteábamos, hasta que fue hora de irnos.
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bromas y amores dulces
RomanceDespués de siete años, Angie y Samuel se reencuentran inesperadamente y deciden hacerles bromas a sus compañeros de oficina para pasar el rato. Un primer amor, luego de tanto tiempo ¿será capaz de volver o quizás nunca había desaparecido?