20: Fiesta, parte 2.

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Samuel

Después de agradecerle a Hank por traernos y que se fuera, busqué mis llaves. Mientras abría la puerta, Lina se me tiró prácticamente encima. Por lo repentino que fue me tomó desprevenido, así que casi me caigo con ella encima mío.

—Ten cuidado.—Le dije, viendo cómo me abrazaba desde atrás mientras se reía.

—Perdón.

Sus manos se apoyaron sobre mi pecho y descendieron acariciando mi abdomen. Al ver que seguían bajando a una dirección demasiado sospechosa, agarré sus manos nervioso por sus toques tan repentinos.

—¿Tanto has tomado?—Cuestioné, mientras finalmente abrí la puerta. Algo sencillo de hacer se me había complicado por culpa de lo atrevida que estaba Lina.

—nah

La dejé pasar primero. No le saqué el ojo de encima hasta cerciorarme de que podía mantenerse de pie sin tambalearse.

Recorrió mi casa, curiosa, ya que era la primera vez que venía.

—Tu casa es muy linda y grande. El jardín también está bonito.

—Gracias.

Se deshizo de sus tacos, dejándolos tirados por ahí y me siguió; me estaba dirigiendo a mi habitación para darle una muda de ropa. Dudaba que pudiera dormir cómoda con lo que traía puesto.

—Esta es la bermuda más pequeña que tengo.—Le comenté, tendiéndole una remera de algodón gris y la bermuda en cuestión. Mientras le había sacado el ojo de encima, ella había terminado sentándose en mi cama.

—Puedes dormir en mi cama.—Le dije, agarrando también una muda para mí.—Te lo debo por lo de la otra vuelta.

—¿Por qué no duermes conmigo?—Sugirió con una sonrisa.

—Estás borracha.

—No importa. Me voy a portar bien y prometo no hacerte nada.

—¿No debería ser yo quien diga eso?—Pregunté risueño.

—Vos podés hacerme lo que quieras.

Casi me ahogo con mi propia saliva por su comentario tan sugerente. Cerré la puerta de mi habitación al salir. Agradecía no estar tan ebrio como ella para seguirle el juego.

Al cabo de unos minutos ya me había cambiado y me debatía si podía entrar a mi habitación para dejar la ropa que había estado usando.

Casi al mismo tiempo, Lina abrió la puerta desde adentro. Se veía muy tierna usando mi ropa, tanto que me quedé observándola como un estúpido hasta que ella habló.

—Samu, ¿tenés desmaquillante?

—No.—Sonreí con gracia por lo que me pedía, ¿por qué yo tendría algo así?

Aproveché para entrar a mi cuarto y dejar mi ropa.

—Si me duermo maquillada, mi piel va a quedar horrible y voy a parecer un payaso.

—¿Servirá el agua?

—Tal vez.

—Intentemos.

Antes que nada, le di mis pantuflas para que no caminara descalza por mi casa y no se ensuciara los pies.

Busqué algodón y fui hacia el baño. Lina me seguía como un perrito a todos lados. No podía dejar de pensar en lo tierna y hermosa que se veía usando mi ropa.

Sabía que no estaba tan fuera de sí como para no desmaquillarse por su cuenta, pero me encantaba consentirla y cuidarla, así que lo hice yo. Se había sentado en la tapa del inodoro, mientras yo estaba inclinado en su dirección y tomaba su rostro y pelo para que no estorbara mientras le sacaba el maquillaje.

Ella se veía maravillada con la delicadeza de mis acciones y tenía una expresión risueña. Tal vez el alcohol también influía.

—El labial no sale tan fácil.—Le comenté con diversión.—Tal vez sí vas a terminar como un payaso en la mañana.

—Si lo haces con un poco más de fuerza, va a salir.

—¿No te haría doler?—Cuestioné.

—Nop, hazlo.

Hice lo que me pedía con cuidado de no hacerle doler. Al cabo de un par de minutos, pude sacárselo. Sus labios habían quedado algo paspados y rojizos por haberlos maltratado un poco.

Me hice una nota mental para conseguir algún desmaquillante, en caso de que una situación así se repita. Tal vez le preguntaría mañana cuál usaba, para comprarle el mismo. Sería una lástima tener que dejarle tan maltratada su preciosa carita una segunda vez.

—Listo.

Parecía que el alcohol le había dejado de hacer tanto efecto, ya que se encontraba dormitando en su lugar. Supuse que finalmente se había cansado después de casi estar caminando por las paredes toda la noche.

No recibí una respuesta suya. Tiré el algodón en la basura moviéndome lo menos posible en mi lugar, ya que se había apoyado contra mi cuerpo.

La alcé en mis brazos con cuidado. Ella no tardó en acurrucarse contra mí, somnolienta.

La dejé en mi cama y la tapé con mis sábanas. Luego de acomodar su pelo me había dispuesto a irme, pero Lina me detuvo mientras me miraba adormilada.

—Samu, dormí conmigo. Quiero abrazarte toooda la noche.

Me costaba negarme si sonreía tan dulcemente.

—Me has pedido que te espere.

—Lo sé. Será un abracito de amigos.

Con lo cansada que se veía, dudaba que intentara tocarme como lo había hecho mientras abría mi puerta. Y la verdad, es que mi sillón era muy incómodo como para usarlo de cama. Pero principalmente, me moría de ganas de tenerla entre mis brazos ahora mismo.

—Está bien.

Me acosté a su lado. No llegué a terminar de taparme cuando Lina ya se encontraba abrazándome y acurrucándose contra mí.

Su cabeza había terminado sobre mi hombro, una de sus manos pasaba por mi abdomen y una pierna estaba sobre mí. Me abrazaba como si fuera una almohada y yo no tardé en abrazarla, eliminando el poco espacio que quedaba entre nosotros. Podía sentir su aroma y calorcito corporal, lo que me encantaba.

—Samu.—Me llamó minutos después. Creía que ya estaba dormida.

—¿Qué pasa?

—No soy tan buena como antes, así que una vez estemos juntos, no te dejaré irte de mi lado una segunda vez.

—Para mí está bien.

Se quedó dormida en mis brazos.

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