22: La búsqueda del tesoro.

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Angelina

En el ascensor me había cruzado con Samuel, Ema y Yesi. Era una combinación algo extraña. Me confundió un poco ver a mi ex mejor amiga tan inhibida y molesta por la presencia de nuestro jefe, pero la verdad era un alivio que no se insinuara al hombre de mis sueños. Sabía que Samuel nunca le prestaría atención, pero no me gustaría verla coqueteando con él.

—Hoy estás más preciosa de lo usual.—Comentó Yesi.

—Oh, ¿en serio? Muchas gracias.

—Parece que te pusiste linda para impresionar a un hombre. ¿Acaso ha llegado alguien nuevo a tu vida? Se nota que te hace muy feliz.

Samuel la escuchó, lo que me hizo sonrojar de la vergüenza y sonreír de la misma manera.

—Si, algo así.—Le conté nerviosa. El castaño me miraba con una sonrisa embobada en su cara.

Éramos pésimos disimulando. Por suerte Yesi era muy distraída para notarlo, pero Ema se encontraba boquiabierta, algo indignada, mientras nos miraba.

—¿"algo así"?—Cuestionó.

—Lo conozco hace mucho.

—Que lindo.—Suspiró.—Ojalá sea un buen chico. Encontrar uno que no sea machista ni infiel es muy difícil.

—Es muy bueno. No, mejor dicho, el mejor hombre que he conocido. Soy muy afortunada.

—Te equivocas.—Comentó Samuel, mirándome mientras sonreía con los ojos.—Sos una mujer increíble, Lina. Él es el afortunado.

Me sonrojé aún más.

Tuve que contener mis ganas de abrazarlo y besarlo en este mismo instante.

Cuando se abrieron las puertas del ascensor, cada uno fue a su lugar de trabajo. En realidad, Samuel era el único que tenía su oficina del otro lado; si bien Yesi también tenía una propia por tener un puesto más alto, su oficina quedaba al lado de la sala principal.

Cuarenta minutos después de la hora de entrada, Hank finalmente apareció. Se veía agitado y algo desalineado.

—Buen día, Hank. ¿Estás bien?

—Buen día, Angie. Si, todo bien. Creo que otra vez caí en una broma.

—¿Por qué? ¿Qué pasó?—Le pregunté curiosa. A Samuel le encantará saber que Hank sí había ido al punto de encuentro y que por ese motivo llegó tarde.

Cuando nuestra víctima de bromas terminó de relatarme la historia entera, me hice una nota mental para contarle después al castaño los detalles.

(...)

Casi a la hora de salida, me había llegado un mensaje de Samuel.

"Samuel: ¿Te falta mucho para terminar?"

"No. ¿Tuviste un día pesado? No te he visto en toda la tarde"

"Algo así Avísame cuando termines y no te vayas."

Algo confundida, le hice caso. Mientras iba terminando, empecé a pensar en que estaba por comenzar su sorpresa y la verdad es que me daba muchísima curiosidad. Me costó concentrarme en los últimos minutos.

Me quedé en mi escritorio viendo cómo todos se iban. Hace un par de minutos Samuel me pidió que lo esperara acá.

Al rato llegó.

—Sé que te gustan las travesuras, Lina, así que preparé algo para que te diviertas un rato.—Comentó, sacando una nota de su bolsillo. Confundida, la tomé.—Recordé que una vez me contaste que la pasaste bien ayudando a Hank con una búsqueda, así que esta vez hice una exclusivamente para vos y más elaborada.

bromas y amores dulcesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora