Hace veinte años dos familias juraron lealtad con un trato que ni el mismo diablo podría disolver, ahora que el patriarca de la familia Ferreti ha muerto ha llegado el momento de hacerlo cumplir.
Santo Cappelleti no tendrá más opción como líder de...
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Gemma
El pequeño gato toma leche del plato de comida en que le he servido, está solo y no ha dejado de maullar llorando por un poco de comida, me he compadecido del pobre porque nadie más se preocupará por el.
—¿También te has quedado solo pequeño? —acaricio su lomo mientras el come con rapidez.
Me limpio las lágrimas que han caído por mis mejillas.
—No tienes a nadie en tu vida al igual que yo —digo en hipidos—. Sé cómo se siente estar completamente solo sin nadie a tu lado y el cómo duele.
Ahora que mi abuelo ha muerto he quedado completamente sola, él era todo para mí, mi mejor amigo, la persona que me crio y educo durante todos estos años, cuando quede huérfana a muy corta edad mi abuelo se responsabilizó de mí, me dio su amor y su cariño, éramos felices juntos en nuestra pequeña casa al lado de un rio pesquero, él no ganaba mucho con su trabajo como pescador pero nunca lo vi rechistar por alguna cosa en su vida, fuimos muy felices estos años con lo poco que teníamos y ahora que se ha ido para siempre ha dejado roto mi corazón.
—¿Gemma? —la voz de Greta me toma por sorpresa—. Aquí estas —respira aliviada.
Me levnato del suelo.
—¿A dónde más iría? Ya no queda nada.
—Oh mi niña, no llores —me abraza con fuerza para consolarme—. Aún me tienes a mí.
—Yo no soy nada tuyo Greta, tienes tus propias obligaciones, y tu familia. Ya no estará mi abuelo para darte empleo y yo no tendré como pagarte para que te quedes a mi lado, tendré que abandonar mis estudios y vender la casa. Es lo único que me queda de él.
Greta sonríe y me limpia las lágrimas.
—No harás nada de eso, tu abuelo pensó en ti antes de irte. No te ha dejado sola cómo crees.
La miro como si lo que hubiera dicho fuese un chiste. No me queda familia en ninguna parte, y mi abuelo tampoco hablaba con muchas personas de allí. Solo teníamos unos cuantos conocidos, compradores y pescadores que trabajaban con él.
—¿De qué hablas Greta?
—El señor Rafaelle ha llamado, él y su familia se harán cargo de ti, podrás seguir con los estudios en Roma y graduarte, él se ocupará de ti, no te preocupes.
—¿Rafaelle? —enarco una ceja—. ¿Quién es él?
—Los Cappelleti, el señor Rafaelle era un buen amigo de tu abuelo, en cuanto supo de su muerte se comunicó conmigo, enviará a alguien por ti para llevarte a su casa en Roma, no tendrás que vender la casa ni nada mi niña.
Niego con la cabeza.
—¿Por qué le importaría a ese hombre? ¿Quiénes son los Cappelleti? ¿Qué relación tengo yo con todos ellos?