Hace veinte años dos familias juraron lealtad con un trato que ni el mismo diablo podría disolver, ahora que el patriarca de la familia Ferreti ha muerto ha llegado el momento de hacerlo cumplir.
Santo Cappelleti no tendrá más opción como líder de...
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Gemma
—Me has decepcionado por completo Gemma? —Arremete con una frialdad dibujada en sus ojos grises—. ¿Cómo has podido verme a la cara y mentirme?
Guardo silencio esperando lo que vaya a decir de seguro su madre le ha contado toda la verdad.
—Yo... —titubeo.
—He visto y leído las cartas que ocultas de mí, ¡las cartas que intercambias con Marcello! —grita enojado.
Así que ha eso se refiere.
—Santo te lo pensaba decir, pero esta ha sido la razón por la que lo oculte de ti, no sabías como podrías reaccionar respecto a esto.
—No entiendo cómo puedes escribirle a una de las personas que más daño nos ha hecho, en quien me traicionó, no puedo creer que hayas olvidado todo lo que sucedió.
—Estas equivocado, no he olvidado nada de lo que sucedió, pero no voy a estar toda la vida odiando a una persona que resulto siendo víctima de la manipulación de seres como tu madre y tu abuelo, incluso de ti mismo —mis palabras se entrecortan—. Le diste la espalda a tu hermano, lo condenaste odiándolo, no te preocupaste ni un momento en él, entiendo tu temperamento frio y distante pero te equivocaste con él, fuiste uno de los que se encargó que Marcello creciera con aquel sentimiento de odio en su vida. Porque querías ser igual a tu abuelo.
No tengo miedo esta vez de decir la verdad, no tengo incluso miedo de que después de esto Santo decida marcharse, de que incluso ahora mi corazón late a mil por el revoltijo de emociones acumuladas en mi cuerpo.
—¿Así que me estas culpando de la clase de persona que es Marcello? —responde incrédulo.
—No eres directamente culpable pero hiciste parte de que él se sintiera solo en su vida, el es tu hermano o al menos lo era para ti, ha cambiado y me alegra que este logrando sanar de su enfermedad. Pero eso es algo que tú jamás podrás entender.
—Marcello, siempre Marcello —camina de un lado a otro—. Desde un inicio Marcello, Marcello era el indicado para ti, el hombre que podía estar a tu altura, el hombre que mi abuelo escogió para ti aun en contra de lo que estipulo Leonardo. Quizás tú siempre lo quisiste en secreto y yo nunca vi aquello.
No puedo creer lo que estoy escuchando de su parte.
—¿Crees eso Santo? En verdad crees que amaba a Marcello? Lo único que siento por él es compasión. A diferencia tuya si tengo ese sentimiento, tal vez deba disculparme por ser de esa forma, pero no lo haré, no me disculparé por mis acciones.
Él aprieta sus manos en puños.
—Y si te he mentido es porque no puedo halarte de la forma en que esperaría, siempre explotas a la más mínima cosa, no quiero que Santino crezca con ese sentimiento de parte de su padre.