Capítulo veintisiete

150 20 11
                                        

-ˋˏ ༻  27 ༺ ˎˊ-

-ˋˏ ༻  27 ༺ ˎˊ-

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


Jane canturreó mi nombre en voz baja para despertarme. Pude sentir su sonrisa incluso antes de abrir los ojos.

—Feliz cumpleaños, Jamie.

Se me escapó una risita mientras abría un ojo y enterraba la otra mitad de mi cara en la almohada. Jane estaba ahí, arrodillada junto a mi cama mientras pasaba una mano por mi cabello. Lo extraño es que todavía parecía ser de noche.

—Sigues con la temperatura alta —dijo y yo me estremecí por un súbito escalofrío que corrió por mi cuerpo.

Llevaba días con una temperatura elevada; al principió mamá creyó que se debía a una inesperada gripe, pero papá no. Él supo lo que eso era desde el momento en el que el primer síntoma se manifestó; aún recordaba la forma en que sus ojos, similares a los míos, se iluminaron con emoción.

Iba a tener mi primera transformación. Ese parecía un hecho irrefutable entonces. Se emocionó tanto que me levantó por los aires y me hizo girar hasta marearme. Mamá —entre risitas— le dio una palmada en el brazo para que se detuviera y luego ella me acunó como si fuera algo frágil.

Papá prácticamente vibraba cuando levantó un brazo al aire y dijo:

—¡Acamparemos!

Mamá no era un metamorfo, pero aún así entendía por qué era necesario llevarme a acampar: de esa forma, mi primera transformación no alertaría a nadie. Nuestros vecinos tenían perros y ellos serían los primeros en alterarse si sentían a un metamorfo cerca. Ir al bosque era lo más seguro.

Ese mismo día mamá me ayudó a preparar una mochila con mis cosas y papá sacó la tienda del garaje. Nos subimos al automóvil y emprendimos viaje. Acampamos por tres días y tres noches, pero mi transformación nunca llegó. Por lo que ya llevaba una semana con una fiebre que iba y venía junto a una molesta sensación de escozor debajo de mi piel que nada parecía capaz de atenuar.

Jane me tomó de la mano y me obligó a sentarme. Me di cuenta de que estaba vestida con unos pantalones de montar y las botas altas que siempre se ponía cuando ella misma iba a acampar con papá, en conjunto con una camisa blanca con bolados en el cuello.

—¿Te vas? —le pregunté, extrañado.

—Nos vamos —me corrigió con complicidad y un destello juguetón en la mirada.

Me espabilé en seguida, entusiasmado por la idea de una aventura nocturna.

—¿A dónde?

Ella estiró los labios y resopló con fuerza.

—Bueno, papá no tiene la gentileza o paciencia para guiarte en el proceso —me explicó con más calma—, así que lo haré yo. Vístete. Iremos a acampar.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: 9 hours ago ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Corona de OroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora