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— minah's pov:

La persona que había hablado en mi dirección, estaba justo frente a mí, no lo vi llegar, y tampoco podía ver su rostro.

— ¿Quién es usted?

— Una vez tuve un nombre...pero ahora me conocen como El Oráculo. — su voz era un susurro audible, ronco y carrasposo.

— ¿No fue usted siempre El Oráculo? — cuestionó Riki, quien estaba a mi lado.

— Todos fuimos alguien, antes de ser quienes somos hoy. — unió sus manos tras su espalda y observó fijamente a los demás, quienes estaban tras de mí, para después sentir cómo su vista caía en mí. — Ustedes lo saben muy bien, e incluso Serenya, la Reina, lo sabe. — su cabeza se movió en dirección a Niki, y dio un paso en su dirección. — Sabía que estabas vivo, muchacho, lo que no sabía es que sufrías.

— ¿De qué habla? — respondió a la defensiva. — No estoy sufriendo.

El Oráculo guardó silencio y se acercó un paso más: — Tu herida sigue abierta y sangrando, has intentado de todo, pero no sana, ¿verdad?

Fruncí mi ceño confundida, ¿A qué herida se refería?

El Oráculo pareció leer mi mente, y señaló el pecho de Nishimura, confirmándome lo que no quería escuchar. Los ojos de Riki cayeron sobre los míos, parecía odiarme por lo que le había hecho...y estaba en todo su derecho.

— ¿Por qué no sana? — cuestionó tras arrebatarme la mirada.

— Naeva lleva dentro de sí el poder de la vida y la muerte... — quise interrumpir. — Te hirió, no fue tan profundo como para matarte...sin embargo, como su intención sí era hacerlo, tu herida no cerrará a menos que ella lo revierta.

— ¿Qué está diciendo? — la voz de Jungwon se asomó tras de mí.

— Si Naeva no cura su herida, esta tarde o temprano lo matará. Para que su amigo se salve, ella tiene que desear que el viva. — sentí cómo la mirada de todos caía sobre mí. — Si lo intentas curar, pero no es tu intención mantenerlo con vida, entonces la herida empeorará y lo llevará a su muerte, en cambio, si en lo más profundo de tu pecho, anhelas verlo vivir, entonces, lo hará. Todo depende de tus deseos más escondidos, princesa.

— Entonces mejor voy dando por hecho que me voy a morir. — su voz denotaba derrota y desilusión.

— ¿Estás insinuando que quiero verte muerto? — me giré en su dirección, claramente ofendida.

— ¿Tengo que recordarte que me clavaste una daga en el corazón, Moon? — se acercó a mí, alzando un poco su voz.

— Tú pusiste una daga en mi cuello, Nishimura. — acorté la poca distancia entre nosotros.

— Estabas a punto de matar a mis hermanos. — sentí cómo su nariz casi rozaba con la mía.

— Eran ustedes o yo. — mi aliento rebotó en su mejilla.

— ¡Fui yo quien rogó por contarte la verdad! — se alejó de golpe. — Yo nunca quise matarte, Moon Minah. — su voz se volvió imperceptible. — En cambio tú sí, y veo en tu mirada que aún lo quieres.

Sentí cómo un nudo se formó en mi garganta. Él aún continuaba viéndome con resentimiento. Aparté mis ojos de los suyos, y respiré profundamente con el deseo de que esta agonía que se asentaba en mi pecho se esfumara.

— Vine aquí para saber la verdad, dígamela y acabemos con esto de una vez por todas. — hablé en dirección al Oráculo, que solo se había mantenido en silencio, observándonos.

blue blood | enhypenHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora