—¿Tú qué tienes?— preguntó Changbin al ver a su amigo con los ojos brillando y sonriendo.
—Channie me besó.
—¿Y tú?— preguntó ahora a su otro amigo que estaba con la cabeza en la mesa con ninguna intención de comer.
—Estoy enfermo. ¿Y a ti que te pasó?
Changbin se tapó su ojo morado y decidió seguir comiendo.
—Una pelea normal. Nada interesante.
—Ninguna pelea es normal, Changbin. Ni siquiera sabes pelear.
—Ya cállate, Jeongin. Vayamos a comer algo hoy, yo los invito. Les tengo que contar algo.
—¿Te rechazaron otra vez?
La vista de Jeongin llegó a Han Jisung, se veía muy feliz hablando con... hablando con él.
Ahí estaba esa sensación otra vez. Su corazón latió más rápido, sus mejillas se volvieron rosas. El chico tenía un imán que hacía que no pudiera separar sus ojos de él.
—Te juro, Yang Jeongin, que si vuelves a abrir tu boca para hablar sobre mi vida amorosa, te voy a dejar de hablar por todo un día— amenazó Changbin, pero no le pudo importar menos.
Fue la primera vez que se dió cuenta de su expresión triste que habitaba su rostro como si no conociera otra emoción.
A pesar de todo lo que podría expresar con una sonrisa, solo lo podía expresar con sus ojos eternamente cansados que brillaban al ver a Hwang Hyunjin.
¿Siempre había sido así? ¿Cuándo fue la última vez que no tenía una expresión triste y cansada en el rostro? Ni siquiera recuerda haberse visto en un espejo para sonreír a su reflejo.
—¿Deberíamos invitar a Minho a la comida de hoy?
—Solo dejen aviso a mis hermanos que no llegaré temprano para que no se preocupen— dijo Jeongin tomando su teléfono, evitó ver su reflejo en la pantalla para no ver su expresión en el rostro.
Después de clases se reunieron en el lugar que Changbin decidió, ya que él iba a pagar la comida. Minho llegó poco después de que ellos se sentaran en una mesa.
—Hola, perdón por llegar tarde. Changbin, me enteré que te rechazaron.
—¡Eso no es cierto! Pidan y luego hablamos de lo que no fue un rechazo hacia mi.
Jeongin no pudo evitar voltear a todos lados descubriendo sonrisas en los rostros de todas las personas. ¿De verdad era tan fácil?
Se encargó de prender la parrilla ya que sabía que Seungmin se solía quemar, Changbin no lo sabía hacer y Minho no estaba muy cerca como para poder hacerlo... A Jeongin ni siquiera le gustaba prender la parrilla, también se quemaba.
—Ya. Coman.
—Gracias, Innie. Que bueno que tenemos a nuestro encendedor de parrillas siempre con nosotros.
Jeongin volteó un momento a ver a su amigo, lo analizó por algunos segundos antes de posar su vista en el su cuello. Regresó su atención a la carne.
—¿Qué tienes en el cuello? ¿A qué hora te lo hicieron?
Seungmin se abrochó todos los botones de su camisa ignorando a sus otros dos amigos que preguntaban que tenía en el cuello.
—¡Ya! Es que me encontré con Chan hace rato. Pero fuí yo quien empezó, él no tiene la culpa.
—¿Pero qué te hizo?— preguntó Minho.
