Yo, una chica normal. Él, unos de los vampiros más temidos. No sé que hice para meterme en esta situación, pero, me encontró, y de mil millones de mujeres en el mundo, me eligió a mí. Convirtiéndome, en la... Esclava del vampiro.
Prohibida la copia...
Pensé en correr, coger un avión, hacerme una cirugía en la cara donde quede irreconocible, cambiarme de nombre y convertirme en capo, para no enfrentar esto. La vergüenza que sentía ahora no era pequeña, quise darme la vuelta, pero me imaginé a una Sky con una escopeta lista para mi de tan solo sacar un pié de esta tienda, o tan solo a una Sky con un tenedor, dispuesta a clavarmelo en la cabeza.
Cualquiera de las dos opciones, podría ser correcta, conociendo la desenfrenada Sky loca.
Suspiré, sacando todo el aire retenido y por fin abrí los ojos, abrí la boca ante lo que tenía en frente, Loren.
Llevaba un corsel, marcando sus indiscutiblemente apetitosas curvas, con un pequeño sostén, pegado a este, dejando salir casi todos sus senos, esos redondos y parados senos, jadeo, sus piernas estaban desnudas y una diminuta tanga de hilo dental, tapaba su entrepierna.
Una excitación empezó a recorrer mi cuerpo, masticaba chicle mientras me miraba con esos ojos oscuros, sus labios estaban pintados de un labial rojo pasión, mi erección empezaba a doler con la tela del boxer y el pantalón juntos.
No puedo pensar así de Loren.
No. Pero es que siento unas ganas inmensas de... follarla duro.
-no Loren...-me interrumpió parándose de la cama inflable de quien estaba acostada.
-shhh -me mandó a callar y se acercó a mi lentamente, cuando llego, acarició mi pecho, mi piel quemaba bajo su tacto, quería más.
¿Qué me pasa?, no puedo pensar así de quien fue mi mejor amiga desde que nací.
-siempre estuve enamorada de ti, Peter y aunque mañana no nos volvamos a hablar por esta estupidez, no me arrepentiré.
Su voz. Tan solo de oírla me causo un orgasmo, bajó suave por mi vientre, hasta mis pantalones, yo no la detuve, eso sería descortes, y... pendejo. Acarició mi dura erección, gemí ahogadamente, quería mas, y más, y más de ella. Jesucito, ¿qué me esta pasando?.
Se dejó caer de rodillas, estaba mas que excitado con esa posición, verla a los ojos asi, tan... sexo oral, bajó mi cierre, ¿esto es real?, que alguien me golpeé, o me pellizque, había imaginado esto miles de veces y sé que es raro ya que era mi amiga, pero era imposible que no se presentara en mis sueños mojados, haciéndome la mejor mamada del mundo, o en mis imaginaciones, que me culee tan rico. Dios.
Mi miembro estaba listo para ella. No puedo creerlo, pero gracias Sky.
Lo sacó y pasó su lengua por la gran longitud, volviendome loco, ¿hacía calor?, ¿o era yo?. Una clase de picante se hizo presente en mi parte, no uno desagradable, más bien era rico, era placentero, me prendía más y más, metió la cabeza en su boca y comenzo a chupar, haciendo un vaivén muy erotico con su cabeza, gruñí, ella volvió sus ojos amarillos. Dando a entender que la bestia estaba ahí, haciendome esa mamada tan rica y claro que mi bestia no se hizo esperar, agarró mi miembro y lo metió hasta el fondo de su garganta, sin despegar su vista amarilla de la mía, mi cuerpo respondía salvajemente, mi miembro comenzó a picarme de una manera muy excitante, agarré su cabello en una coleta y empecé a follar su boca, mi boca se formo en una "O", el placer que sentía no era de este mundo, un gruñido gutural de lobo salió de mi, por Dios, que boca tan sabrosa, casi me iba a correr, eché mi cabeza hacia atrás, sentí que iba a desfallecer, era la mamada más rica que me habían hecho en la vida. Joder.
Paró mirándome divertida, bufé, quería más, quería mi liberación, la agarré de los brazos con una fuerza increíble, la acosté en la cama inflable con delicadeza, y me saqué los pantalones y la camisa, de un tirón.
-no hay condones- murmuré.
-no hay problema, me la das en la boca- el nivel de zorra me excitaba tanto, que sentía que en cualquier momento me iba a correr.
Estas ganas de comerme ese cuerpazo tan lindo me está carcomiendo por dentro. Quería follarla de mil maneras, en mil lugares, de todas las formas que sea posible, mi pene ardía tan deliciosamente bien, que quería entrar mi pene con ungencia a un lugar y adivinen cual es.
Su entrepierna.
Entré de un tirón. Los gemidos eran pendejadas, los gruñidos de lobos sastifaciendose bajo una misma luna era lo que importaba aquí, nuestros cuerpos calientes y sedientos, buscando más, sanceando las ganas.
Nuestros ojos amarillos se encendían como sol de amanecer, mis estocadas eran fuertes, llegando a lo mas recondito del paraíso entre esas piernas, la besé, por primera vez, recorrí su boca, sus besos eran deliciosamente viciosos, te hacían querer más y más, su boca era manjar para los ángeles, el cual yo tenía la dicha de saborear, el placer que sentía era indescriprible, sentí como se tensaba, gruñó echando su cabeza hacia atrás, levantó su pelvis haciendo que la penetración sea mas exquisita, haciéndome ver las estrellas y un poco más.
Nos corrimos al mismo tiempo, aullidos de lobos, callado con nuestros labios, fue lo que anunció su llegada.
-lo siento, te la eché adentro- murmuré con pesar, me sonrió y yo pide apreciar a la persona mas hermosa del mundo, me acarició la mejilla y su rostro se tornó triste, bajó la mirada y luego de unos segundos, la subió, dejándome ver esos ojos marrones tan hermosos.
-ya te puedes ir corriendo- susurró, su voz era quebrada, oh no, no quiero que se ponga así.
Un día me pregunte que que se sentía al follar a Loren Moon, ahora ya lo sé, es el paraíso en la tierra, es la cosa que pocas personas en el mundo se han dado a conocer.
Con mis dedos levanté su menton.
-al único lugar que iré corriendo, es a tus brazos cuando esté lejos de ti.- me miró sorprendida, sonrió, ahora solo viviré para hacerla feliz, siento que es lo que debo de hacer. -¿quieres ser mi compañera Loren Moon?- abrió los ojos anonadada, pedir que sea mi compañera es algo muy importante, no es andar de novios ni esas cosas, es algo asi como un compromiso, para casarme, ahora todo esta más claro, amo a Loren.
El gusto que sentía hacia Sky, era solo una estúpida excusa para no admitirlo. Que estúpido fui.
-¡sí!- gritó, sonrei y la besé con ternura, como siempre lo hare, hasta el fin de las eternidades.
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