Ya habían pasado varios días desde que ambos habían hablado, los suficientes como para haberlo olvidado. Pero ahí seguía, teniendo la cabeza en las nubes, disociando sobre su realidad y en la interacción que había tenido con cierta compañera de trabajo.
No había dejado su deber como profesor de religión, y desde la mañana no dejó ni un minuto de enseñar sobre la Fe y la misión de Dios, algo en lo que firmemente creía. Era probablemente uno de los grandes amores de su vida, junto con sus "mascotas" y la jardinería. Luther era de aquellos hombres que buscaban demostrar su fe con sus acciones. Ir a misa todos los días, o al menos, el domingo. Siempre daba de su sueldo para ayudar a la iglesia. Su tiempo en el jardín lo dedicaba y ofrecía a Dios. Incluso había salvado a dos drogadictos de seguir en el lado del diablo a cambio de que lo ayudaran, sus adorados gatos, como a él le gustaba llamarlos.
Su deber como profesor de religión era sagrado, pues les enseñaba a los niños los valores y enseñanzas que debían de regir sus vidas. Sin embargo, mientras daba su explicación a sus alumnos, una memoria le llegó de golpe a la mente:
Se encontraba en los pasillos de aquella escuela, cuidando que todos los alumnos estuvieran en el patio durante el receso y que nadie estuviera en los salones haciendo algo sospechoso, normas del instituto. Cuando la presencia de alguien lo alertó, giró su cuerpo de manera errática. Era Aponia, quien pasaba por ahí, haciendo el mismo trabajo que Luther; ella lo saludó con una sonrisa, dándole una pequeña reverencia con la cabeza, como si de mostrarle respeto se tratara.
Obviamente, que el castaño jamás contestó el saludo, fue tan repentino que su cabeza se quedó en blanco durante muchos segundos, evitando que dijera algo coherente. Simplemente, se le quedó viendo, con cierta molestia y confusión.
La clase continuaba, pero Luther se había quedado estancado recordando aquel momento con la profesora, y aquello logró que el pensamiento oculto sobre conocerla se colocara en primer plano en su mente. Quería sentirla cerca, poder notar cómo hablaba, sus defectos físicos, poseerla y saber por qué diablos era así; le molestaba lo buena chica que era, obediente, con esa sonrisa tonta con la que lo saludaba, y esa voz tan calmante, ¿y qué decir de sus ojos? Unos zafiros únicos.
A veces creía que Aponia era una ilusión de su mente, algún producto de su imaginación, que llegaba a ser lo suficientemente vivido para poder ser real, pero rápidamente descartaba esas ideas. No podía estar mal de la cabeza, estaba perfecto, no podía haber nada malo en él.
— Profesor Luther, ¿se encuentra bien? Se quedó callado de repente — una vocecita lo sacó de su trance.
Se distrajo tanto que olvidó que estaba en periodo de clases, sacudió su cabeza en un intento de regresar minutos antes, recuperando su compostura.
— Me distraje un momento, una disculpa a toda la clase, continúen — explicó con su voz suave. Su inocencia fue creída por sus alumnos, quienes siguieron trabajando. — Santo cielo —
Después de todo, siguió con su clase, intentando eliminar los pensamientos que pudieran regresar, rezando por qué no lo hicieran.
Error, sí regresaron. Durante todo el día, Luther hizo lo posible para no pensar en Aponia, en lo que había sucedido o todo lo que sentía hacia ella. Pero no paraba, era como si su mente se estuviera volviendo loca o le hubieran lanzado brujería. Incluso si nadie la mencionaba o sin que ella se apareciera, era el pensamiento constante de Luther: Aponia, Aponia. Aponia.
[★]
Ya era de noche, se encontraba en su casa desde hacía horas, y todavía los pensamientos seguían acechándolo con fuerza; no podía olvidar sobre la irritante Aponia, que en su mente ella era tan tentadora con sus expresiones, representaba todo lo que para la iglesia y sus militantes estaba prohibido. Le molestaba el hecho de que él estuviera tan apegado a la rubia. ¿Por qué ahora? Cuando su vida estaba tranquila, no había de que preocuparse y estaba en el mejor punto de su carrera, ¿por qué tenía que darle importancia a una compañera a la que, antes, apenas ignoraba?
Muchos envidiarían a Aponia por lo hermosa que era, tal como un ángel, aunque si no era así, la verían como un demonio lujurioso, un súcubo, una mujer que despegaría todas las miradas de los hombres para que sus más profundos deseos crecieran, volviéndolos unos salvajes.
Pensaba sobre su rostro y lo dulce, que era, también pensaba en cómo se vería sin su maquillaje habitual y sin su uniforme. Se veía bastante joven como para estar usando maquillaje; seguramente lo estuviera utilizando para llamar la atención de los hombres. O quizás buscaba llamar la atención de alguien, ¿tenía pareja? Nunca había escuchado algo por el estilo, y no creía que estuviera en los expedientes. Quizás se había conseguido a alguien, llevaba un tiempo trabajando en la escuela, tal vez en ese transcurso habría conocido a alguien. ¿Sería su novio o un esposo? Seguramente era una ama de casa deficiente, tan joven y liberal, y no debía de saber nada de una casa tradicional. Incluso él podía enseñarle cómo se debía de ser una buena ama de casa, no dejaría de presionarla para que fuera perfecta como aquellas esposas religiosas. Luther la haría una buena esposa. Ya podía imaginarse cómo sería su vida si fuera.
Pero, no podía estar con ella. Un hombre y maestro tan respetados como lo era Luther no debía estar tan cerca de una profesora como Aponia, quien estaba ahí por recomendaciones y prácticas que por sus creencias. Luther se decía a sí mismo que no pensara en la chica de esa manera, ignorando el hecho de que, para él, la chica era muy atractiva, Aponia seguía siendo un fruto prohibido; un amor imposible, pues ella no estaba comprometida religiosamente como él lo estaba y su estilo de vida era algo totalmente inaceptable para el hombre, o al menos eso quería creer, pues no sabía nada de ella, pero con únicamente pensar en la bestia inmunda que copiaba la apariencia de un ángel, se lo creía.
Los pensamientos nocturnos ponían su mente en problemas, se convertía en un caos la necesidad extrema de conocerla y tenerla cerca, todo eso penetraba la religiosidad de Luther. Aponia era muy inocente y atractiva para ser una chica normal; ninguna mujer en su vida había despertado tanto interés en él antes, haciendo que se preguntara si era su culpa o no.
Quizás él sí era inocente en esos pensamientos, quizás Luther era un hombre puro y de renombre, y Aponia solo buscaba provocarlo de esas maneras tan sucias para que rompiera su pacto religioso. Quizás Aponia era un demonio enviado por Satanás para probar la fe de Luther.
¿Cuántas noches necesitaba quedarse despierto para que su cabeza tuviera suficiente? No dejaba de dar vueltas en la cama, había volteado la almohada, se acostó del revés, prendió la radio, rezó, limpió, etc. Todo, TODO, y nada fue suficiente para él, solamente pensó en aquella chica. La tentación era muy fuerte para poder controlarla, el deseo lo mantenía despierto. Imaginar la presencia de Aponia ya era una realidad para Luther. Al principio eran simples preguntas que le invadían sobre ella, quizás algunos escenarios hipotéticos que suceden de forma natural. Eso lo incitó a observarla con mucho más cuidado, revisar curiosamente su expediente o algo que estuviera relacionado con ella cuando hacía documentos, quizás ponerse en las mismas zonas que Aponia para poder aprender de su comportamiento. Eso solo hizo peor el asunto. Eso llevó al hombre a comenzar a imaginarla acostada en su gran cama, desnuda, abrazando su pecho después de haber hecho el amor, idolatrándolo y diciéndole la gran persona que era; lo que hacía que el corazón de Luther se calentara. Pero no terminaron ahí sus fantasías, se imaginaba haciéndole el amor cada noche, una y otra vez estando debajo de él, imaginándola como su futura esposa, embarazada con cada uno de sus hijos, Aponia siendo una devota esposa fiel a él mientras se ocupa de ser el hombre de la casa que provee a su familia y la cuidaba.
¿Quién sabe cuánto tiempo se la pasó fantaseando aquellas imágenes tan fuertes y pervertidas? Todo eso llenaba su mente constantemente, alimentando el deseo que había sido despertado después de meses de trabajar con ella. Cuando intentaba detener los pensamientos, solo regresaban más fuerte, eran como un monstruo que se alimentaba dentro de él, tomando ventaja de su debilidad que él poseía. Estaba atrapado, era parecido a cuando te llegaba la imagen de algo que no quieres saber, pero entre más lo negabas, esa imagen se hacía más fuerte hasta qué punto que, en lugar de molestarte, te daba curiosidad saber más de eso.
Luther se encontraba atrapado, no podía salir de aquel estado, añadía detalles a todas sus fantasías, emocionándose cada vez más, revolcándose en su cama, restregando su cuerpo, buscando sensaciones lo más cercanas a lo real. Sin duda, su mente le hizo creer cada vez más la excusa de que Aponia no era humana, que era un súcubo, la más pervertida de todas.
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𝐌𝐲 𝐋𝐮𝐜𝐢𝐝 𝐕𝐢𝐫𝐠𝐢𝐧 | 𝘓𝘶𝘵𝘩𝘦𝘳'𝘴 𝘧𝘢𝘯𝘧𝘪𝘤
أدب الهواة(En edición) Podía ser el hombre más recto, más devoto o incluso el más entregado a su Dios, llamado incluso un ángel del señor. ¿Pero que sería de él cuando se entere que el demonio no es nadie más que su propia piel? • Luther × Fem!Oc • Personaje...
