— Caaaallaaa –gruño cuando un molesto ruido me despierta de la mona.
Tardo unos segundos en darme cuenta de que no son los gritos de mi madre, sino que están llamando a la puerta a golpes.
— ¡Ya va, ya va! –grito, y trastabillo mientras voy a abrir.
Entonces me paro y miro el reloj: son casi las cuatro de la madrugada.
«¿Quién diablos será?»
Incluso borracho, empieza a entrarme miedo. ¿Y si es JungKook? Han pasado más de tres horas desde que lo llamé con un pedo tremendo. Es imposible que me haya localizado. Y ¿qué le digo? No estoy preparado para esto. Cuando vuelven a aporrear la puerta, aparto mis pensamientos y la abro, listo para lo peor. Pero sólo es Max. Es una decepción tan grande que hasta me duele el pecho. Me froto los ojos. Estoy tan borracho como antes de acostarme.
— Perdona que te haya despertado, pero ¿no tendrás tú mi móvil por casualidad? –pregunta.
— ¿Eh? —digo, y doy un par de pasos atrás para que pueda entrar.
Cierra la puerta y nos rodea la oscuridad salvo por las luces de la ciudad que entran por la ventana. Estoy demasiado borracho para ponerme a buscar el interruptor.
— Creo que hemos intercambiado los móviles. Yo tengo el tuyo, y creo que tú has cogido el mío por error. –Abre la mano y me enseña mi teléfono–. Iba a esperar a que se hiciera de día, pero tu móvil no ha parado de sonar.
— Ah –me limito a decir.
Encuentro mi bolso y lo abro. Lo primero que aparece es el móvil de Max.
— Perdona… Debo de haberlo cogido sin querer cuando íbamos en el coche –me disculpo y se lo devuelvo.
— No pasa nada. Perdona que te haya despertado. Eres el único chico que conozco que está igual de guapo al despertar que…
Un golpe tremendo en la puerta le impide acabar la frase, y el estruendo me pone de muy mal humor.
— Pero ¡¿qué pasa? ¿Hay una fiesta en mi habitación o qué?! –grito empezando a andar hacia la puerta, listo para echarle la bronca de su vida al empleado del hotel que seguramente ha venido a pedirnos a Max y a mí que no hagamos tanto ruido y que, irónicamente, ha hecho mucho más ruido que nosotros.
Alargo la mano para abrir cuando los porrazos se intensifican y me quedo petrificado del susto. A continuación, se oye:
— ¡YoonGi! ¡Abre la maldita puerta!
La voz de JungKook retumba en el aire como si nada se interpusiera entre nosotros. Se enciende la luz detrás de mí. Max está lívido de terror. Si JungKook lo encuentra en mi habitación, esto va a acabar en llanto y crujir de dientes, aunque no haya pasado nada.
— Escóndete en el baño –le digo, y él abre unos ojos como platos.
— ¿Qué? ¡No puedo esconderme en el baño! –exclama.
Tiene razón, es una idea absurda.
— ¡Abre la puta puerta! –vuelve a gritar JungKook. Entonces empieza a darle patadas. Sin parar.
Miro a Max una última vez para intentar memorizar sus hermosos rasgos antes de que JungKook le haga una cara nueva.
— ¡Ya va! —grito, y abro la puerta hasta la mitad.
JungKook está que echa humo y va todo de negro. Lo recorro de arriba abajo con ojos de borracho. No lleva las botas de siempre, sino unas Converse negras. Nunca lo había visto sin sus botas. Me gustan esos zapatos… Pero me estoy dispersando.
ESTÁS LEYENDO
KOOKGI : DESTROYED
Teen FictionEs consciente de que era todo demasiado bonito para ser cierto. Ellos parecían hechos el uno para el otro, como dos almas gemelas, pero él lo ha roto todo, se ha acabado el sueño para siempre. ¿Cómo ha podido ser tan ingenuo? Si quiere recuperarlo...
