Unos golpes en la puerta nos sacan a los dos de nuestro estado de sedación postorgásmica y YoonGi se aparta de mí al instante. Levanta su camiseta del suelo mientras yo me quito el condón usado y también cojo mi ropa del suelo.
—¡Un momento! —grito.
YoonGi enciende una vela y comienza a ordenar los cojines decorativos del sofá.
—¿Por qué enciendes una vela? —pregunto mientras me visto y me dirijo a la puerta.
—Porque huele a sexo —susurra, a pesar de que el de mantenimiento no puede oírlo.
Se arregla a toda prisa el pelo con los dedos. Me río en respuesta y sacudo la cabeza justo antes de abrir. El hombre que espera al otro lado es alto, más alto que yo, y tiene una barba larga. Lleva el pelo castaño hasta los hombros y aparenta tener al menos cincuenta años.
—Se ha estropeado la calefacción, ¿no? —pregunta con voz áspera. Es evidente que ha fumado demasiados cigarrillos a lo largo de su vida.
—Sí, ¿por qué si no íbamos a estar a menos seis grados en este apartamento? — respondo, y veo cómo los ojos del hombre se posan en mi YoonGi.
Me vuelvo y, cómo no, compruebo que está inclinándose hacia adelante para sacar el cargador de su móvil de la cesta de debajo de la mesa. Y, cómo no, lleva puestos los putos pantalones de yoga. Y, cómo no, este tipo grasiento con una puta barba le está mirando el culo. Y, cómo no, él se incorpora de nuevo ajeno a ese intercambio.
—Oye, YoonGi, ¿por qué no esperas en el cuarto hasta que esté arreglado? —le sugiero—. Allí se está más calentito.
—No, estoy bien. Me quedo aquí contigo —repone, y se sienta en el sillón.
Debo de estar mirándolo con furia, porque me observa durante unos segundos y luego dice:
—Vale... —claramente confundido.
Recoge sus libros de texto y desaparece en la habitación.
—Arregle la puta calefacción —le espeto al viejo verde.
Él se pone a trabajar en silencio, y permanece en silencio, de modo que debe de ser más inteligente de lo que había dado por hecho.
Al cabo de unos minutos, el móvil de YoonGi empieza a vibrar en la mesita auxiliar. Me tomo la libertad de cogerlo cuando veo el nombre de Alice en la pantalla.
—¿Sí?
—¿JungKook?
La voz de Alice es tremendamente aguda, no sé cómo Christian lo soporta. Seguramente fue su aspecto lo que lo atrajo, probablemente en alguna discoteca, donde no podía oírla bien.
—Sí. Un segundo, ahora te lo paso.
Abro la puerta del dormitorio y me encuentro a YoonGi tumbado boca abajo en la cama, con un boli entre los dientes y los pies en el aire.
—Es Alice —le explico, y le tiro el teléfono a la cama a su lado. Lo coge.
—¡Hola, Ali! ¿Va todo bien? —Al cabo de unos segundos, exclama—: ¡No me digas! Eso es horrible.
Enarco una ceja, pero no repara en ello.
—Ah..., vale... Deja que se lo comente a JungKook. Sólo será un segundo, pero seguro que no tendrá inconveniente. —Se aparta el teléfono de la oreja y tapa el auricular con la mano—. Christian ha cogido una especie de virus estomacal y Ali tiene que llevarlo al hospital. No es nada grave, pero su niñera no está disponible — susurra.
—¿Y? —digo encogiéndome de hombros.
—Necesitan que alguien cuide de Smith.
—Yyyy, ¿por qué me cuentas esto?
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KOOKGI : DESTROYED
Ficção AdolescenteEs consciente de que era todo demasiado bonito para ser cierto. Ellos parecían hechos el uno para el otro, como dos almas gemelas, pero él lo ha roto todo, se ha acabado el sueño para siempre. ¿Cómo ha podido ser tan ingenuo? Si quiere recuperarlo...
