Capítulo 10

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Cuando me despierto, el techo rojo de ladrillo me confunde unos instantes. Se me hace raro despertarme aquí después de haber pasado varios días en el motel. Cuando salto de la cama, el suelo está limpio; la manta y las almohadas, amontonadas junto al armario. Cojo la bolsa de aseo y me meto en el baño.

Oigo la voz de JungKook procedente del salón.

—No puede quedarse hoy también, mamá. Su madre lo está esperando.

—Y ¿no podría venir aquí? Me encantaría conocerla —contesta Irene.

«Ay, no.»

—No. A su madre… no le caigo bien —dice.

—¿Por qué no?

—Cree que no soy lo suficientemente bueno para YoonGi. Y por mi aspecto.

—¿Qué aspecto tienes, JungKook? No dejes que nadie te llene de inseguridades. Creía que te encantaba tu… estilo.

—Y me gusta. Me importa una mierda lo que piensen los demás, a excepción de YoonGi.

Abro la boca de par en par. Irene se echa a reír.

—¿Quién eres tú y dónde está mi hijo? —bromea. Entonces, con la voz cargada de felicidad, añade—: No recuerdo cuándo fue la última vez que hablamos sin que me mandaras a paseo. Años. Esto me gusta.

—Ya… Vale… —gruñe él, y me río imaginándome a Irene intentando darle un abrazo.

Me ducho y decido terminar de arreglarme antes de salir del baño. Sé que soy un cobarde, pero necesito un poco más de tiempo hasta que me plante una sonrisa falsa en la cara para la madre de JungKook. No es una sonrisa falsa, no del todo… «Y ahí está el problema», me recuerda mi subconsciente. Ayer lo pasé muy bien y he dormido mejor que en toda la semana.

Con el pelo rizado casi a la perfección, recojo mis cosas y las guardo en la bolsa de aseo. Entonces llaman a la puerta tímidamente.

—¿Yoon? —pregunta JungKook.

—Ya he terminado —contesto.

Abro y me lo encuentro vestido con unas bermudas grises de algodón y una camiseta blanca.

—No quiero meterte prisa, pero tengo que mear.

Me sonríe y asiento. Intento no fijarme en cómo los pantalones le cuelgan de las caderas, en cómo la tinta en cursiva del costado se transparenta a través de la camiseta blanca.

—Termino de vestirme y me voy —le digo.

Mira la pared.

—Está bien.

Entro en el dormitorio. Me siento muy culpable por engañar a su madre y por marcharme tan pronto. Sé que le hacía mucha ilusión conocerme y yo voy a desaparecer en su segundo día de visita.

Decido ponerme el overol blanco con medias negras porque hace demasiado frío para ir sin nada.

Guardo otra vez la ropa en la maleta y meto las perchas en el armario.

—¿Te ayudo? —pregunta Irene detrás de mí.

Pego un brinco del susto y se me cae el traje azul marino que me puse en Seattle.

Examina con la mirada el contenido del armario medio vacío.

—¿Cuánto tiempo vas a quedarte en casa de tu madre?

—Pues… —Soy un pésimo mentiroso.

—Parece que vas a estar fuera una larga temporada.

—Ya… Es que no tengo mucha ropa —digo con una vocecita aguda.

KOOKGI : DESTROYEDDonde viven las historias. Descúbrelo ahora