Contemplo la enorme casa de mi padre sin decidirme a entrar. Alice ha adornado el jardín con demasiadas luces, pequeños árboles de Navidad y lo que parece ser un reno bailarín. Un Santa Claus hinchable se retuerce con el viento, es como si se estuviera burlando de mí.
Salgo del coche y pedazos de billetes de avión rotos revolotean por el asiento hasta que cierro la puerta. Voy a tener que llamar para que me reembolsen los billetes o me los cambien por otros; de lo contrario, habré tirado dos mil pavos a la basura. Debería irme yo solo y escapar de este país de mierda una temporada pero, no sé por qué, volver a casa, a Londres, no me apetece nada sin YoonGi. Menos mal que a mi madre no le ha parecido mala idea lo de venir a verme. De hecho, me da la impresión de que le hace ilusión venir a Estados Unidos.
Toco el timbre e intento buscar una excusa que explique qué hago aquí. Pero SeokJin aparece antes de que se me ocurra nada.
— Hola —lo saludo cuando abre la puerta.
— ¿Hola? —pregunta.
Me meto las manos en los bolsillos, sin saber qué decir ni qué hacer.
— YoonGi no está aquí —dice yendo a la sala de estar, indiferente a mi presencia.
— Sí… Ya lo sé. Está en Seattle —digo pisándole los talones.
— ¿Entonces?
— Pues… He venido a… a hablar contigo… o con mi padre. Quiero decir, Ken —divago.
— ¿Hablar? ¿De qué?
Saca el punto del libro que lleva en la mano y empieza a leer. Quiero arrancárselo de las manos y tirarlo al fuego de la chimenea, pero eso no va a llevarme a ninguna parte.
— De YoonGi —respondo en voz baja. Le doy vueltas al piercing del labio con los dedos, esperando que SeokJin se eche a reír.
Él me mira y cierra el libro.
— A ver si lo entiendo… YoonGi no quiere saber nada de ti y por eso has venido… ¿a hablar conmigo? ¿O con tu padre? ¿Incluso con mi madre?
— Sí… Supongo… —Joder, qué pesado es. Como si esto no fuera ya bastante humillante.
— Vale… Y ¿qué te hace pensar que me importas un pimiento? Personalmente, creo que YoonGi no debería volver a dirigirte la palabra y, a estas alturas, creía que ya habrías pasado a la siguiente.
— No seas capullo. Ya sé que la he cagado…, pero lo quiero, SeokJin. Y sé que él me quiere a mí. Lo que ocurre es que está muy dolido.
Él respira hondo y se rasca la barbilla con los dedos.
— No sé, JungKook. Lo que le has hecho no tiene perdón. Confiaba en ti y lo humillaste delante de todo el mundo.
— Lo sé…, lo sé. Joder, ¿te crees que no lo sé?
Suspira.
— Bueno, si has venido aquí a pedir ayuda, imagino que comprendes lo mal que está la situación.
— Y ¿qué crees que debería hacer? No como su amigo, sino como mi…, ya sabes, como el hijastro de mi padre.
— ¿Quieres decir como tu hermanastro? Tu hermanastro. —SeokJin sonríe. Pongo los ojos en blanco y él se ríe—. ¿Has podido hablar con él?
— Sí… De hecho, anoche fui a Seattle y dejó que me quedara con él —le digo.
— ¿Qué? —inquiere muy sorprendido.
— Sí. Estaba borracho. Muy borracho, y prácticamente me obligó a que me lo follara. —Por su expresión, entiendo que no he elegido bien las palabras—. Perdona… Me obligó a que me acostara con él. Bueno, no tuvo que obligarme, porque yo quería hacerlo, ¿cómo iba a decirle que no?… Es… es…
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KOOKGI : DESTROYED
Novela JuvenilEs consciente de que era todo demasiado bonito para ser cierto. Ellos parecían hechos el uno para el otro, como dos almas gemelas, pero él lo ha roto todo, se ha acabado el sueño para siempre. ¿Cómo ha podido ser tan ingenuo? Si quiere recuperarlo...
