Cada día que el no estaba era como un puñal en su corazón, pero como recriminarle algo si ella lo había abandonado primero.
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Miró el contacto de Bojack en su celular, su dedo tembloroso tentando el icono de llamada, ¿Cuántas veces había intentado contactarlo en las últimas semanas? ¿100? ¿300? Quizás habían sido muchas más. Pensó en lo normal que era que él desapareciera de esa forma, se perdía por días en algún viaje de alcohol y drogas, pero desde que se conocían a ella siempre le contestaba el teléfono, ya fuera con un mensaje lleno de caracteres al azar o una llamada donde su voz se distorsionaba por la música de fondo, era su forma de hacerle saber que seguía allí, que aunque su mundo se estuviera desmoronando y sintiera que estaba perdiendo la batalla contra sus demonios, ella seguía siendo lo suficientemente importante para dedicarle unos segundos.
Sin embargo había pasado demasiado tiempo desde su último mensaje, todas las llamadas que había intentado hacerle terminaban en el buzón, se llevó los dedos a la boca y comenzó a morderse las uñas, ¿Y si le había pasado algo terrible? ¿Si estaba en algún hospital sin identificar? Su mente casi podía verlo allí rodeado de tubos y heridas, inconsciente, solo. Sacudió su cabeza para alejar la imagen, él era Bojack Horseman, alguien lo hubiera reconocido y sería noticia nacional.
Presionó la tecla de llamada y puso el altavoz, cada tono de marcado haciendo que sus nervios se agitaran, apretando el nudo en su estómago, finalmente después de unos segundos que le parecieron eternos sonó el mensaje del buzón de voz, lo había escuchado tantas veces que ya lo sabía de memoria, dejó que la voz del caballo llenara el lugar, como si ese simple mensaje pregrabado pudiera proporcionarle algún tipo de alivio, cuando la voz se detuvo soltó un suspiro liberando el aire que había estado reteniendo sin darse cuenta y colgó la llamada.
Hacía días que venía dejándole todo tipo de mensajes, desde simples preguntas hasta desesperadas súplicas, pasando por el enojo y la culpa, ¿Acaso ya la había dejado atrás? En su última conversación ella le había preguntado cuando había sido la última vez que se había sentido feliz, por dentro esperaba que la respuesta tuviera que ver con ella, pero él solo la miró por un largo rato, se dio la vuelta y salió de casa, había pasado mes y medio desde entonces.
Salió del registro de llamadas, la imagen de ella y Sr PeannutButter el día de su boda le regresó la mirada, hoy también se cumplía mes y medio desde que le había dicho a su esposo que necesitaba tiempo, la culpa recorrió su cuerpo cuando cayó en cuenta las pocas veces que le había dedicado un pensamiento, tan sumergida en la desaparición de Bojack que su relación había pasado completamente a un lugar muy abajo de sus prioridades. Las lágrimas picaron en sus ojos y comenzaron a salir en riachuelos salados.
Suspendió la pantalla de su teléfono y se recostó en las sábanas blancas que cubrían la cama de su mejor amigo, tomó una almohada y la abrazo como si su vida dependiera de eso, el aroma de Bojack envolviendola la reconfortaba a la vez la sumergía más en ese desasosiego que su mente sentía, ¿Que clase de ser humano era? Huyendo del maravilloso hombre con el que se había casado impulsada por la culpa, escondiéndose en casa del hombre que tanto amaba, pero no sabía corresponder, puesto que no se sentía lo suficientemente fuerte para lidiar con lo que implicaba estar con él.
Hundió su rostro en la almohada para sofocar los sollozos que salían de su boca, su cuerpo temblaba de impotencia y culpa, sin importar cómo lo viera era una cobarde, quizás se merecía que Bojack la abandonara por no corresponderle, quizás se merecía desaparecer de la vida del Sr. PeannutButter por engañarlo, quizás merecía el dolor que tenía firmemente instalado en el pecho, era su castigo por el dolor que les había causado a ambos.