Capítulo 15

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Aidan estaba sentado en un sillón con el pecho subiendo y bajando lentamente mientras estaba agarrado de los brazos, casi clavando las uñas y con la cabeza baja. Se repetía a cada rato que se tranquilizara, que su familia iba a volver, que no lo habían abandonado, que Sandrine sólo estaba enojada, que se le iba a pasar, que lo iba a perdonar. De repente, vio por la ventana a los padres de su ex, aunque para él no fuera ex, llegar con bolsos y se alarmó. Los otros dos llegaron a la puerta y metieron la llave que les había dado Sandrine. Aidan se puso contra la puerta.

—¡Aidan, abre, no hagas esto más difícil! —exigió Nigel.

—¡Vienen con bolsos a terminar de sacar las cosas de mi mujer e hijos! ¡¿Se piensan que soy estúpido?!

Nigel terminó de abrir con la llave y empujó con más fuerza que Aidan, y él y su mujer lograron entrar. Pero Aidan se les paró en el medio.

—Sal —le exigió su jefe.

—¡No! ¡Por favor, escúchenme, yo no quise pegarle a Sandrine, se me salió de control! —rogó.

—¿¿Qué mierda quieres decir: que no controlas tus propias acciones?? ¿¿Es eso?? —gritó Nigel.

—¡Usted sabe que soy paciente psiquiátrico, que estoy bajo tratamiento!

—¡Tratamiento que dejaste! ¡Si de verdad te importara tu familia, no habrías hecho todo esto! ¡Le pegaste porque quisiste, porque eres una basura, y qué bueno que mi hija y mis nietos ya no van a estar contigo! —Pasó para las piezas.

Katrina también fue, pero Aidan la agarró del brazo. Su exsuegra dio media vuelta para encararlo y se soltó.

—Katrina, tú me vas a entender, ¿no? ¡Tú siempre estuviste de mi lado y fuiste muy buena conmigo desde el principio! ¡Sabes que nunca le haría daño a nadie intencionalmente! —suplicó.

—¡Fui buena contigo, sí, muchos lo fuimos, pero tú no cooperaste! Yo te quise mucho, Aidan, tanto como a mis hijos. Mi marido también te quiso, pero nos decepcionaste a todos. Mi hija, te amó, confió en ti, te dio oportunidades, y al final le pegas. Alguien como tú no merece a nadie y no tiene caso que pelees por ella. —Se fue finalmente a guardar las cosas.

Aidan fue a tratar de impedirlo. Estaba cada uno de sus suegros en una pieza distinta. Aidan entró primero a una habitación y luego a otra, pero lo sacaron y cerraron las puertas. Cada uno trabó su puerta con una silla. Aidan se impacientaba y caminaba de un lado a otro mientras se agarraba la cabeza y se pasaba las manos por la nuca. Finalmente salieron.

—No quería que esto pasara, yo la amo de verdad —expresó con la voz quebrada y los ojos llorosos.

—Ahora ni a mis nietos vas a poder ver. Ellos no merecen a un padre como tú, y esa otra hija que abandonaste tampoco. Qué bueno que no te conoce y ojalá nunca te conozca —deseó Nigel.

—¡Sandrine nunca me impediría ver a nuestros hijos!

Sus exsuegros lo ignoraron y se fueron.

Al otro día, Nigel le contó todo a su hija mayor en el restaurante. Esta protestaba con insultos y hablaba muy mal de Aidan. Luego buscaron a Randall para contarle. Él no podía creerlo, pensaba que sus jefes estaban inventando todo para seguir hablando mal de su hermano, pero ellos le decían que era la verdad y que nunca habían dicho mentiras. Nigel le decía también que Sandrine lo iba a denunciar. 

—¡No, no, por favor! Dígale que no lo denuncie. Pónganse en nuestro lugar —pidió Randall refiriéndose a él mismo y a su mamá.

—Va a ser lo mejor. A todo esto, espero que en eso tampoco te parezcas a él —deseó May.

ConsecuenciasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora