Alboroto

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Daniela.



Mantengo los ojos cerrados mientras escucho los sonidos que se generan a mi alrededor, el suave meneo que el viento hace sobre las hojas de los árboles y el canturreo de los pájaros. Respiro profundamente absorbiendo la paz que me genera este lugar apaciguando el caos de sentimientos en mi interior.

Nervios... Ansiedad... Emoción... Alegría...

Todos y cada uno intentando tomar el control, así que tengo que concentrarme para que la calma sea la que prevalezca.

Un par de respiraciones más y entonces abro los ojos mirando el paisaje de los terrenos del Centro que se extienden a la distancia.

—Empiezo a creer que este lugar no es tan secreto como yo pensaba —digo en voz alta escuchando la suave risa a mis espaldas, volteo un poco encontrándome con una muy sonriente Isabel quien se acerca parándose a mi lado. Ambas miramos hacia el horizonte.

—Daniela, he vivido en este Centro toda mi vida —comenta ella divertida —¿de verdad piensas que hay algún sitio que no conozca?

Sonrío ante la obviedad de su comentario.

—¿Y por qué no habías venido antes? —cuestiono mirando su perfil.

Isabel es, junto con Juliana mi hermana, de las pocas personas que conozco capaces de emanar tanta tranquilidad y pureza de su alma. Ha sido en muchas ocasiones un polo a tierra en momentos tormentosos.

—Cuando mamá recién se fue —Isabel se sienta sobre la hierba mientras comienza a hablar, yo me siento a su lado escuchándola —mi abuelo me traía aquí y me contaba historias de él, de cómo conoció a mi abuela y su amor a primera vista —Isa habla con mucha calma —También me contaba historias de papá. Él hacía todo lo posible por distraerme. Y cuando comencé la universidad y tú llegaste al Centro, él me contó que tú habías encontrado este sitio —me mira sonriendo —Mi abuelo siempre ha dicho que este sitio guarda cierta magia y que si pones atención te ayuda a encontrar aquellas respuestas que estás buscando.

—¿Y tú crees eso? —cuestiono a Isabel quien vuelve a mirar al frente.

—Si lo creo, porque lo he comprobado —responde segura —este lugar es muy especial, al menos para mi familia. ¿Sabes Dani? —vuelve a mirarme —Cuando te conocí, supe que había un completo caos en tu interior, aunque no lo decías, todo en ti gritaba por ayuda, así que sabía que el que tú encontraras este sitio iba a significar algo muy especial para ti. Así que era momento de dejar que tu descubrieras esa magia por ti misma. Por eso mi abuelo y yo decidimos dejártelo. ¿Ves que buenos somos? —agrega riendo.

—Boba —digo riendo también mientras le doy un empujón cariñoso con el hombro.

Por algunos minutos ni Isabel ni yo decimos nada, solo nos dedicamos a contemplar el paisaje. Vuelvo a mirar a mi amiga quien ahora hace figuras sobre la hierba con una rama y una duda que he tenido siempre vuelve a agitarse en mi mente.

—¿No la extrañas, Isa?

Isabel voltea a verme y noto su aire pensativo.

—¿A mamá? —pregunta como si quisiera asegurarse de que eso es a lo que me refiero. Asiento, ella suelta un suspiro antes de responder —No lo sé —dice finalmente —No estoy segura, digo... ¿cómo se supone que extrañas algo que nunca has tenido? — me mira con media sonrisa —A veces siento curiosidad sobre como habría sido mi vida si ella no se hubiera ido —ella continúa hablando —sobre todo cuando te veo con Mafe —Isabel vuelve a su labor de hacer figuras con la rama en su mano —No te voy a mentir, cuando era más chica y veía a mis compañeras y amigas con sus mamás en los festivales de la escuela o en los cumpleaños, si me sentía triste e incluso enojada. Pero conforme crecí me di cuenta de que fue lo mejor.

Un salto al corazónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora