"Capítulo 1"

1.2K 54 20
                                        

Yo... Odio las despedidas. Mucho. Y más las odio cuando sé que no veré a las personas en cuestión por, aproximadamente, unos dos años. Y aún más si esas personas son mis padres y Emilia, mi hermana mayor.

Estudio la carrera de relaciones públicas en la universidad de los Ángeles, California, cerca de mi casa. Mis amigas Sophia, Grace, Lina y yo, somos muy cercanas desde el comienzo de mi primer año. Me va bien, supongo, notas no perfectas... pero bastante decentes, amigas unidas, una familia que me quiere... Pero algunas cosas cambiaron. Y para mal. Y todo por culpa suya. Aunque Dan es un tema que prefiero mantener clausurado en mis recuerdos por el resto de mi vida, simplemente tampoco puedo pretender que por su culpa no haya tenido que cambiarme de universidad y ahora, mudarme a Nueva York. Estamos en plena mitad de semestre y tuve que matricular en una nueva uni. Y lo peor, a seis horas de mi ciudad. Por ende, lejos de mi familia.

Viendo por el lado bueno, no todo es malo. La NYU, es una universidad con muy buena reputación. Había querido asistir allí desde un principio, pero no me atrevía a mudarme de ciudad. Y aunque parece ser que lo que necesitaba era que un idiota me diera el empujón necesario para atreverme a hacerlo, no me disgusta del todo la idea de alejarme y pasar un tiempo a solas en un ambiente distinto, lejos de todo.

Ahora mismo, estamos los cuatro —mis padres, Emilia y yo— en el aeropuerto, yo con mi maleta en la mano apoyada en el suelo, en absoluto silencio y esperando a que alguno se atreva a dar el paso de decir "Adiós".

Mi papá carraspea.

—Hija... Te extrañaremos mucho, ya lo sabes, así que... buen viaje.

Bueno, mi padre también es igual a mi. Mejor dicho, yo soy igual a él. Ambos odiamos las despedidas.

Me acerco a él y lo abrazo con fuerza, sintiendo como sus cálidos brazos me rodean de inmediato.

—Yo también los extrañaré mucho a ustedes —murmuro, aún abranzándolo.

Mamá se aclara la garganta con ansiedad cuando el abrazo se extiende unos segundos más de lo necesario.

—Eh. Que también estoy aquí y quiero despedirme de mi hija —se queja como niña chiquita con un berrinche.

—Que sí, mamá. Ya voy —me dirijo a ella y le doy un suave beso en la frente—. Cuando regrese de visita en verano quiero ver en la mesa todos mis platillos favoritos. Y muchas galletas de avena. ¿Sí?

—Claro, hijita —sonríe con un céntimo de tristeza.

—Oye, hermanita —me llama mi hermana con un tono juguetón que conozco perfectamente. A ver con qué comentario me sale—. No te olvides de esto —saca de detrás de su espalda una pequeña cajita.

Oh, no. No se atrevería. ¿O sí?

Sabemos que sí.

Sin ni siquiera darme tiempo a pestañear, me lanza el pequeño paquete cuadrado de condones. El cual agarro puramente por impulso.

Ojo: No es que me interesen.

Porque realmente no tendría con quién usarlos.

—Recuerda; protección ante todo, Emy —y sonríe maliciosamente.

Será perra.

Miro de reojo a mis padres y veo sus caras de risa, muy mal disimuladas. Creo que no consigo evitar que el calor se concentre en mis mejillas, porque aparte de sentirlas arder, mi hermana se ríe a carcajadas de mi reacción. Aún colorada, guardo sigilosamente la cajita dentro del bolsillo del abrigo.

—Ya, ya. No es para tanto —suelta unas risas más, las cuales se van apagando lentamente hasta quedar una expresión seria en su rostro—. Extrañaré molestarte, hermanita. Y más te vale presentarme a algún joven guaperas y galán. Manhattan está forrado de ellos.

Un Error que volvería a cometerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora