"Capítulo 16"

556 30 6
                                        

Oh my god. La suegra...

¡Cállate!

—Eh... ¿Le gustaría pasar? —pregunto.

—Si no es molestia. —me sonríe de lado.

Yo me hago a un lado y ella pasa adentro de la casa.

Suspiro y cierro la puerta detrás de mí.

—Su hijo no está. —le digo—. Está de viaje con el señor Adam.

La señora Claudia se sienta en el sofá. Yo tomo asiento en el opuesto, delante de ella.

—Oh, lo sé, lo sé. No quiero hablar con Matt, quiero hablar contigo.

—¿Eh? ¿Conmigo? ¿Por qué?

Ella se encoge de hombros.

—Quería conocer a la compañera de piso de mi hijo. Me ha contado muchas cosas sobre tí.

—Espero que buenas. —murmullo, más para mí que para ella.

—Todas buenas, te lo aseguro. —me sonríe.

De repente me pasa por la cabeza la idea de que la pobre mujer debe tener dolor de boca de tanto sonreír.

—Émery... Verás, no solamente quería conocerte. También me gustaría saber si... ¿Te... gusta mi hijo? —murmura, ¿apenada?

Casi me atraganto con mi saliva.

—Eh, yo...

—No quiero ser entrometida en la vida amorosa de mi hijo. Nunca lo he hecho, al menos no hasta ahora porque nunca había visto que estuviera tan interesado en alguien. No hablaré más allá de la cuenta porque no me incumbe, pero lo único que quisiera pedirte, es que no le rompas el corazón a mi Matt. Él ha tenido una infancia un poco dura y llena de presión, ¿sabes? No quisiera que volviera a sufrir. Solo te pido eso, por favor. Tal vez ahora no, pero cuando seas madre comprenderás que en ciertas ocasiones debemos ser unas metiches cuando se trata de la felicidad de nuestros hijos.

Y vaya que la mujer habla en serio, porque incluso sus ojos se cristalizan.

Me aclaro la garganta y dejo mis nervios a un lado momentánea para responder con la seguridad que debo.

—Señora Claudia... —me corta otra vez.

—Claudia solamente, querida.

Sonrío.

—Claudia. Le aseguro desde el fondo de mi corazón que su hijo, de mi parte no va a sufrir, al menos no intencionalmente. Todavía no hemos hablado de sentimientos románticos ni nada parecido, pero le puedo jurar que lo que siento por él es algo sincero, sin intenciones secundarias. Así que permítame decirle, que no tiene nada de qué preocuparse porque lo último que yo haría en mi vida sería romperle el corazón a Matteo, o a alguna otra persona, en realidad. No soy ese tipo de persona.

—Gracias, Émery.

—No hay de qué. ¿Le apetece tomar algo? —pregunto, cambiando de tema.

—No, gracias. De hecho, solo quería venir a hablar contigo y luego irme, ya que tengo una cita importante en el hospital con un benefactor. —se levanta del sofá y se acerca para darme un pequeño abrazo—. Nos vemos otro día.

—Adiós, Claudia. —me despido, quedándome en mi sitio viendo cómo se va de rápido como mismo vino.

Supongo que esto es el término de "visita de médico".

Suspiro, negando con la cabeza.

{•••}

—¡FELICIDADES, PERRA! —grita una voz a mi lado.

Un Error que volvería a cometerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora