"Capítulo 25"

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Viernes por la mañana. Hace un día nublado, por lo que el clima es algo frío. Nada que un jersey no pueda solucionar.

Exactamente, son las siete con cincuenta minutos, y Matteo y yo nos estamos despidiendo —como de costumbre— en las taquillas, ya que cada uno va hacia su salón para la primera clase del día.

Hoy está... ejem... más cariñoso de lo normal.

—Joder, como adoro besarte —dice entre beso y beso.

Me tiene, literalmente, acorralada contra mi taquilla, con una mano envuelta en mi cintura y la otra apoyada en la puerta del casillero, al lado de mi cara. Su cuerpo está presionado sobre el mío, y solamente pasa el aire por el mísero centímetro de distancia que tienen nuestros rostros, cosa que aprovecha para besar cada parte de este.

—Matteo... —un beso en la mandíbula—. Ya para, la primera clase va a comenzar.

Que lleva así probablemente quince minutos, sin contar la otra media hora en el coche.

—Acabas de ver el móvil, faltan diez minutos —rebate, divertido, rozando nuestras narices.

—Diez minutos que normalmente utilizo para subir las escaleras, llegar al salón y prepararme para la clase.

—Mi enana es tan responsable y bien portada —pellizca mi mejilla, lo que me hace arrugar la nariz—. Voy a tener que mal influenciarte.

—¿Más? —arqueo una ceja.

—Sí —sonríe, burlón—. Tal vez un día acabemos... no sé... follando en el lavamanos del baño de la segunda planta.

—Sí, claro —murmuro, sarcástica—. Y en las gradas de la cancha de deportes también, si quieres.

—¿En serio? —cuestiona, con un toque de ilusión en la voz—. Una de mis fantasías es hacerlo en un lugar público a plena luz del día.

—¿De verdad? —asiente—. Oh...

—Ya, mientras te lo piensas, sigue besándome  —intenta besarme otra vez, pero pongo un dedo en sus labios y se lo impido.

—Ya basta, empalagoso —lo alejo por el pecho con la mano libre—. Me voy

—¿Es acaso un hobbie tuyo dejarme con las ganas? —se cruza de brazos, ahora a un par de pasos de mí—. No se me ha olvidado esa sesión triple de sexo que tienes pendiente conmigo.

—Perdón, amor, te prometo que el fin de semana te lo cumplo —me acerco y le doy un beso en la mejilla como despedida.

A penas me alejo dos pasos cuando siento sus manos sobre mi cintura otra vez. Me gira hacia él y pega nuestros pechos.

—Esa no es manera de despedirte de tu novio —demanda.

No me deja responder, pues sus labios ya están chocando contra los míos nuevamente, esta vez besándome con mayor fiereza y hambre. Incapaz de romper el contacto, envuelvo mis manos en su nuca y profundizo el beso, atrayéndolo más a mí.

Pasamos besándonos quién sabe cuánto tiempo, pero la campana que da comienzo a la primera clase resuena en el vacío pasillo.

Ahí sí que nos separamos; sonrientes.

—Hasta el mediodía —le doy un último beso en los labios y me voy rápidamente de allí con la esperanza de llegar temprano.

Spoiler: no llegué temprano a la clase.

{•••}

Por fin es la hora de salida y como mi última clase no era compartida con ninguno de mis conocidos, me toca salir sola.

Un Error que volvería a cometerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora